"En el país de Varela, yo sí puedo"
Unas semanas atrás, me referí en un artículo que escribí a cómo atender las cosas inmediatas muchas veces nos distraen de temas más de fondo. Con las noticias suele pasar lo mismo: por atender lo urgente e inmediato, muchas veces pasan desapercibidos otros hechos seguramente menos impactantes, pero tal vez más relevantes en el largo plazo.
Es el viejo asunto de que un avión que cae a tierra genera una noticia, mientras que no lo son los miles que diariamente cumplen con total seguridad su trayecto. Es que, sociológicamente, las noticias no dejan de ser hechos construidos como tales en base a ciertos criterios objetivos (veracidad, objetividad, generalidad, novedad, interés humano, etc); pero que –en última instancia– responden a una cierta forma de pararse frente al mundo, de percibir e interpretar la realidad.
¿A qué viene esta introducción?: a que en las últimas semanas, la agenda pública y los medios de prensa se han concentrado en ciertos temas, relevantes e inmediatos sin lugar a dudas; pero asimismo, han debido dejar de lado otros hechos que perfectamente podían ser considerados tan » noticiosos» como los seleccionados.
Por ejemplo: mientras comenzaba a tomar revuelo mediático el asunto del acto del día 19 de Junio; pasó casi desapercibido el dato brindado por el INE referido a que por 2º año consecutivo, la pobreza descendió en el país.
Pero específicamente, el hecho que más me llamó la atención en este aspecto fue la escasa repercusión mediática que tuvo el hecho de que en Artigas, 33 personas beneficiarias del Panes aprendieron a leer y escribir.
La noticia fue difundida hace tres semanas en el noticiero central de un canal de aire de la capital, pero luego no la vi ni la leí en ningún otro medio de prensa; al menos no en los de difusión nacional que tuve ocasión de ver.
Y sin embargo, fue una de esas noticias que cuando uno ve, lo impactan fuertemente, lo sacuden, en el sentido positivo del término. Personalmente, me conmovió ver la emoción reflejada en los rostros de esas personas y escuchar sus palabras llenas de esperanza.
Para quien no vio dicha nota, les cuento que se trata de 33 personas de entre 21 y 68 años, hombres y mujeres, que se desempeñan como cañeros, amas de casa o empleadas domésticas. Algunos de ellos nunca habían tenido la posibilidad de cursar estudios, y otros se habían convertido en lo que se denomina analfabetos por «desuso», o sea, al no requerir para sus actividades cotidianas leer y escribir, y al haber cursado pocos años en el sistema educativo (en la mayoría de los casos no más de 3 o 4 años) habían perdido la habilidad y el conocimiento aprendido.
Este es el primer logro de un plan piloto de alfabetización para mayores de edad aplicado por el Mides en algunos departamentos del país, que incluye a 280 personas, y se denomina » En el país de Varela, yo sí puedo«. Si resulta exitoso, se planea extenderlo al resto del país, e incluirá a unos 4.000 beneficiarios del Panes que declararon ser analfabetos. En este caso, la alfabetización, aparte de ser un derecho humano básico, es también una contraprestación obligatoria del Plan de Emergencia, al igual que los trabajos y tareas comunitarias.
El analfabetismo es uno de los indicadores clásicos del grado de desarrollo cultural de un país, región o localidad. Su medición es bastante simple: consiste en medir la cantidad de personas adultas que no han logrado alcanzar los niveles mínimos de alfabetización. Según la Unesco, a comienzos del siglo XXI había unos 100 millones de personas analfabetas en el mundo, la enorme mayoría de ellas en los países sub-desarrollados, y dentro de ellos, los pobres y las mujeres representaban a la mayoría del total de personas que no saben ni leer ni escribir.
En nuestro país, según datos proporcionados por el INE, tenemos una tasa de alfabetismo del 97,7%. Generalmente, leemos este dato como una muestra de nuestro alto desarrollo cultural, de la eficacia de nuestro sistema educativo, y de la alta integración social de nuestra sociedad. Pero también nos dice otra cosa: que en el país aun hay unas 70.000 personas analfabetas (74.500 de ser exactas las cifras). Son 70.000 compatriotas, que pese a tener tanto derecho como todos nosotros a poder leer y escribir, a tener acceso a la educación; por alguna razón no pudieron hacerlo. Piense el lector que 70.000 personas equivalen a toda la población de los departamentos de Rocha y Florida; y representan más que la población de departamentos como Flores, Durazno, Río Negro, Treinta y Tres o Lavalleja.
En una sociedad donde la capacidad de leer, de comprender un texto escrito es fundamental, están hoy en día en un plano de violenta desigualdad, dependen del arbitrio y generosidad de otros para poder firmar un contrato, para leer o escribir una carta, y tantas otras cosas que nosotros hacemos cotidianamente gracias a esta habilidad. Sin ir más lejos, ellos no pueden leer esta edición de hoy, ni siquiera pararse a leer los titulares en un kiosco.
Por eso me pareció tan importante la noticia de que esos 33 compatriotas habían aprendido a leer y escribir. Porque aunque la cifra pueda parecer poca, aun para el total de la población de Artigas; son 33 uruguayos que ahora pueden considerarse más incluidos, más libres, más independientes y autónomos de la voluntad de otros.
Muchas veces se ha criticado al Panes por ser pretendidamente » asistencialista» y sólo repartir dinero. Para quienes eso sostienen, tal vez sea un dato irrelevante que 33 personas ahora pueden leer y escribir, seguramente porque ellos sí tuvieron la chance de estudiar y recibir una educación formal.
Pero si gracias al » asitencialismo» del Panes, estas 33 personas han logrado mejorar su calidad de vida y su dignidad personal, y 4.000 más lo harán en un futuro cercano, si les parece » asistencialista» que se les enseñe a los analfabetos a leer y a escribir para que no dependan del arbitrio de terceros; entonces, por mi parte, bienvenido sea ese asistencialismo.
Esto forma parte de una enorme tarea que está cumpliendo nuestro gobierno mediante el Mides, cuyos logros y avances pocas veces son relevados y comunicados por los grandes medios de prensa.
La tarea es ciertamente ardua, difícil, y silenciosa; pero con estos logros –entre otros– no tengo dudas de que frente a la indiferencia de algunos medios de prensa, está el reconocimiento de la gente. Y eso es lo que definitivamente nos importa y nos motiva: el trabajo por, para y con la gente. *
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