Deuda externa
Una de las cuestiones fundamentales que se presentaron a los países del Tercer Mundo (denominación genética que puede traducirse como países dominados, semicoloniales, dependientes, periféricos, del sur, subdesarrollados o «en vías de desarrollo» fue el de su inserción en la economía mundial. Al final de los años 80, aparece una visión optimista enmarcada en los contornos de una «nueva división internacional del trabajo».
Se trataba de conseguir una deslocalización masiva de segmentos de la industria hacia los países del Tercer Mundo que podrían hacer valer su principal ventaja comparativa que reside en el bajo nivel de sus salarios. Sin embargo, una mirada sobre los años 80 que en América Latina fueron llamados de la «década perdida» muestra que esa hipótesis abría más la brecha. El fenómeno mayor que apareció no fue una redistribución de las oportunidades en el ámbito mundial, sino que un fenómeno imprevisto y nuevo por su amplitud: el endeudamiento de los países candidatos al desarrollo.
La década de los 80 es, en efecto, para el Tercer Mundo la del endeudamiento.
Tradicionalmente, los países pobres en capital toman prestados recursos para financiar sus inversiones o reciben inversiones directas de los países ricos. La contrapartida se da a través de los intereses sobre los préstamos contratados y en los dividendos repatriados.
Los principios regulares de la gestión económica del financiamiento internacional enseñan que normalmente, las transferencias netas de capitales deben producirse de los países ricos hacia los países pobres. La deuda, por el contrario, constituye un proceso inverso, tanto, que la deuda crece más velozmente que las capacidades de exportación de los países endeudados.
Después de 1984, la transferencia neta (nuevos préstamos +-intereses y embolsamiento) se ha invertido a favor de los países desarrollados. Hoy son los países pobres del Tercer Mundo los que ayudan a los países ricos en capital. Esta monstruosa paradoja podría resumirse en una afirmación de François Mitterrand pronunciada en la reunión del Grupo de los 7 de julio de 1994 en Nápoles.
A despecho de las sumas considerables afectadas a las ayudas bilaterales y multilaterales, los flujos de capital que vienen de Africa hacia los países industrializados, son más importantes que los flujos que van hacia los industrializados. El endeudamiento entonces, no es un pecado original del Tercer Mundo, ni un proceso neutro (o ineluctable como afirman muchos).
De manera general, el endeudamiento es un medio de realizar una transferencia de ahorro hacia utilizaciones supuestamente productivas. Y existen reglas precisas que permiten definir en cuáles condiciones el endeudamiento es un medio de realizar una transferencia de ahorro hacia utilizaciones supuestamente productivas. Y existen reglas precisas que permiten definir en cuáles condiciones el endeudamiento es un medio de realizar una transferencia de ahorro.
Para atender más completamente el boom de la deuda del Tercer Mundo hay que remontarse a la época del reciclaje de los petrodólares.
Después de los shocks petroleros de 1973 y 1980, la economía mundial entraña una situación de sobreliquidez, los bancos occidentales buscaron activamente colocar los importantes depósitos provenientes de los países exportadores de petróleo.
Acordaron numerosos préstamos, especialmente a países de América Latina y Asia, que pasaban a ofrecer interesantes perspectivas de desarrollo. Esta carrera prestamista se hizo en un contexto absolutamente incontrolado, en el que se vieron comprometidos grandes y pequeños bancos y hasta cajas de ahorro (con el visto bueno de organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional).
Basta recordar que los acreedores de México eran 500 bancos, los de Brasil 800 y los de Polonia otros tantos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad