Gas y circo

Al contrario de lo que yo pensaba, el columnista de Plan B Antonio Ladra resultó ser un eximio investigador. Descubrió que soy asesor de la Presidencia de Ancap, que fui secretario político de la Departamental de Montevideo del Partido Socialista, y que estuve en Comisión en el Parlamento asesorando por supuesto a los legisladores de mi partido, al cual con mucho honor perteneceré hasta el día que la parca me venga a buscar. Además descubrió que soy burócrata.

Seguramente posee más información que por razones de oportunidad o espacio no ha querido hacer pública. Debe saber que el 18 de enero próximo cumplo 25 años de trabajador de Ancap, fui militante y dirigente sindical de la Federación desde el 83 al 94 (sigo afiliado) precisamente épocas en que él era cronista y opinaba desde la sección sindical, en una publicación que desde el acierto o el error defendía los intereses de la clase trabajadora. Algo distinta para la que trabaja actualmente.

También debe obrar en su conocimiento que durante quince años integré el Comité Central del Partido Socialista y su Ejecutivo, la Mesa Política del Frente Amplio y durante algunos años tuve el honor de haber coordinado la Comisión de Industria de esta fuerza política junto al querido compañero comunista Eduardo Viera hasta el año 1998.

Tampoco creo que desconozca que desde 1985 despunto el vicio de escribir poniendo negro sobre blanco mis ideas, donde me lo permiten o me dan oportunidad. Y no sólo sobre energía, materia en la que no soy «experto» como bien supone Antonio Ladra, aunque mis breves conocimientos de mis dos décadas y media de trabajador de Ancap, sumados al sentido común que a veces suelo tener, me alcanzan para refutar los cinco disparates que algunos periodistas escriben en no más de cuatro palabras. Tengo el honor desde hace algunos años de ser articulista de este medio, además de haber garabateado algunas líneas en Bitácora, El Correo y en la ya desaparecida Alternativa. Sin cobrar un solo peso a cambio y sin preguntar a la patronal sobre lo que tengo que opinar.

Sin duda, el investigador debe saber esto y mucho más de mi vida laboral y militante. Nada hay en mi pasado que no me permita conciliar el sueño. Por más que al caer los muros, algún cascote me pasó cerca, mi utopía no pereció bajo los escombros del derrumbe. Yo sigo viendo el mundo desde el mismo lugar de siempre. Tal vez sólo esté un poco mas viejo.

El redactor del matutino desde su intolerancia –pues no admite ser criticado–, y dejando entrever un tono muy ofuscado, desmiente que yo sea un «ciudadano», por mi presente de «asesor» y todo el pasado reciente que él descarga sobre mis hombros y al que yo, lejos de avergonzarme, le agrego otros datos algunas líneas más arriba.

Debe haber tomado nota en su investigación sobre mi persona, que desde que dejé de pertenecer a los organismos de dirección del PS, no sólo le agrego a mi firma el concepto «ciudadano», sino que hasta hace algún tiempo aclaraba en cada nota que se trataba de una opinión personal y que no pretendía ser vocero de organismos que no representaba ni de persona alguna. Por considerarlo reiterativo, los encargados de la página editorial se encargaron de retirarlo de cada nota.

Además se molesta el redactor porque este «señor» (o sea yo) responda su exhaustivo y riguroso análisis sobre los problemas de abastecimiento de supergás de los últimos días.

Quiero aclarar: yo no le respondo, sino que opino sobre lo que escribió, de una pobreza franciscana, y estilo periodístico pálido, amarillento, vacío, carente de rigor, y que perseguía como único objetivo sumarse a un operativo político que en su apogeo apuntaba sus baterías a denostar al Directorio de Ancap, a la propia empresa y al ministro Lepra.

Ni siquiera fue el único ni el primero. Ni siquiera original, pues usó argumentos que ya venían arrugados de tanto uso y que otros habían respondido categóricamente. Se subió al trapecio un par de semanas después que el Gran Circo Imperial de la Garrafa estaba montado.

No fue el único que llegó tarde, sobre esto opinaron hasta aquellos que estaban en el exterior.

Otros, en otras columnas, me han calificado de «fiel escudero» por salir a decir lo que pienso de este gran operativo. No me disgusta. Es más, me seducen las aventuras en las que hay que luchar contra gigantes y defender menesterosos. A mí –como al Ingenioso Hidalgo– me siguen gustando estos desafíos.

Hay muchos gigantes interesados en que a este gobierno y a esta administración de Ancap les vaya mal. Ha tocado intereses y hay periodistas y opositores que lo saben. Recauda 1.700 millones de dólares al año, cifra apetecible para muchas gentes de aquellas que desvelaba y combatía con toda su locura el hombre de La Mancha.

¡ Y pensar que los cuerdos que vosotros defendéis tenían previsto venderla en 48 millones de dólares!

Lo mismo que hoy me sucede con este redactor-periodista-investigador me había pasado hace poco, cuando eran notorias las ausencias para defender al canciller y su política de integración regional y a mí se me ocurrió hacerlo. Silencios atronadores, como nunca los hubo. El momento era inoportuno. Le habían puesto día y hora a su sepelio como ministro y habían anunciado su relevo por el embajador uruguayo en Estados Unidos. Nunca escuché el desmentido aunque han pasado varios meses.

Periodismo «objetivo», «serio» , «responsable» que le dicen algunos. A mí permítanme llamarlos operativos políticos.

Parece que es pecado capital, ante tantos silencios, asumir la defensa de algo o de alguien que uno cree que hace lo correcto.

La nueva cultura periodística parece ser la de sumarse al ruido, hacer cuatro piruetas y enrolarse en cualquier circo en el que rujan no muy afinados cuatro o cinco leones de utilería. Será por eso que a esos espectáculos concurre cada vez menos gente.

Si es verdad o mentira es lo de menos, lo importante es estar en el ruido, en breve la televisión espera este tipo de periodistas. No deje de verlos.

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