Los reclamos para la enseñanza

¿V ale la pena continuar en un tira y afloje sobre si el presidente, Tabaré Vázquez, dijo tal o cual cosa, coincidente con el pensamiento del ministro de Economía, Danilo Astori, sobre la posibilidad de que se aumenten o no las partidas para la enseñanza en la Rendición de Cuentas, en 30 millones de dólares?

Creemos que el tema así planteado es inconducente, no lleva a ningún lado, porque ya es conocida la posición del primer mandatario sobre los niveles del gasto público, evidentemente incrementados en este ejercicio, cuyo límite fijado por Economía respondería ­según afirmaciones no desmentidas­ a mantener el flagelo inflacionario a raya, evitando que el país se desbarranque comenzando a transitar por el peor y más oneroso de los caminos: el del impuesto inflacionario.

Tenemos bien en claro que los entes de la Enseñanza han sido, históricamente, junto con la seguridad y la salud, los grandes postergados en éste país. Pero puntualicemos más este concepto: los olvidados por los distintos gobiernos que han deteriorado a esos sectores de funcionarios estatales que en algunos casos han sido lanzado a niveles de la pobreza extrema. Todos los días tenemos testimonios provenientes del Ministerio del Interior de efectivos policiales que habitan en asentamientos, en las peores condiciones. ¿Cómo es posible que luego se les exija una labor eficiente para combatir el delito?

En la enseñanza ha ocurrido un proceso de empobrecimiento generalizado, lamentable, que fue en detrimento de la labor específica de ese sector a la que se le asigna una función fundamental en el desarrollo del país, en la socialización de la población y en crear las bases culturales que hacen posible el desarrollo integral de las personas.

Por supuesto, ello no es posible para un maestro que en la fase inicial de su carreta supera apenas los 200 dólares de sueldo promedio. Y si saltamos de rama de la enseñanza Primaria y Secundaria, yendo a la universitaria, nos preguntamos: ¿cómo es posible que se admita que los investigadores y científicos que tiene el país, los llamados a crear conocimiento, tengan remuneraciones infinitamente menores a las de un funcionario de servicio de otra repartición oficial? ¿Quién es el responsable de que se haya llegado a ese nivel de distorsión salarial que todavía se mantiene inalterable? Si no preguntémosle a cualquier profesor Grado 5 de la Universidad de la República cuando gana y comparemos la cifra con la del portero de un banco oficial, recordando siempre que para tener esa calificación académica se necesita una trayectoria en la docencia y la investigación, a lo que se suman estudios de posgrado en el exterior del país y trabajos de investigación avalados en publicaciones científicas de jerarquía internacional.

El gobierno del Frente Amplio entendió perfectamente estas disparidades absurdas que conspiran contra elementos básicos del funcionamiento del país y resolvió mejorar las partidas para la enseñanza en un esfuerzo descomunal, pero sin poder llegar al 4,5% del PIB que había prometido en un principio. Es que el país ha crecido, el PIB se ha ido agrandando y no es posible continuar su ritmo en un solo sector, al que se le ha entregado el mayor aumento de rubros de toda su historia, porque además el gasto público tiene equilibrios macroeconómicos. No es posible seguir aumentando el gasto, porque el peligro de un desenlace inflacionario es posible ante cualquier transgresión.

Por todo esto decimos que no es necesario seguir desentrañando si el Presidente dijo o no dijo tal cosa, si el Parlamento, que tiene su propia autonomía, tiene derecho o no, a resolver un aumento del gasto, si el traslado que hizo el diputado Asti de la palabras de Vázquez fue exagerado.

Nada de eso importa, porque el tema de fondo es el más trascendente y tiene que ver con los equilibrios macroeconómicos del país, que pese a la coyuntura exterior favorable, tiene que encaminarse por un difícil filo de navaja, del que no debe desequilibrarse.

No negamos la justicia de los reclamos de los gremios de la Enseñanza, pero, ¿estos han sopesado en profundidad toda la situación del país? Si lo hubieran hecho, quizás, se encontrarían en una posición más comprensiva, sin presionar a legisladores permeables a sus planteos, sabedores además de que la posición más difícil, cuando se trata de política, es la decir que no. *

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