Los vascos: rompimiento de tregua

Las aguas bajan calmas. Hace unas semanas se rompió la tregua en el contencioso vasco-español. Volvieron los atentados, las prisiones y persecuciones que, bueno es señalarlo, no habían cesado por parte del gobierno español, no obstante la tregua..

Incluso se ha detenido a Otegui, jefe político del Batasuna, por «apología» al terrorisno. No conozco pacificaciones bajo la ley del garrote. Por la fuerza nadie se entiende: a la corta o larga siembra odios irreversibles. Tanto el PP comoel PSOE, derechas o izquierdas españolas con muy relativas variantes en el tema, creen después de cada tregua que las hubo varias, se puede seguir metiendo presos y persiguiendo en mayor o menor medida a los independentistas. Y esas actitudes y medidas no logra otra cosa que alimentar la «fragua». Conozco al pueblo de mis ancestros. Son guapos, principistas y tercos como sólo un vasco sabe serlo. Piensen cómo es posible que una Nación o país pequeño que si pudiéramos traspolarlo puede caber en nuestro Tacuarembó perfectamente, con apenas tres millones de habitantes en Euskadi, hace 50 años que potencias como España y Francia mancomunadas, con todos los adelantos técnicos y armamentos bélicos científicos modernos no pueden acabar con la ETA. Por supuesto que la infraestructura y apoyos que deben tener serán mayores, pero los combatientes o guerrilleros propiamente dichos no pueden pasar de 300, hasta por el escaso territorio en que se manejan. O sea, es obvio que la guerrilla tiene el apoyo o por lo menos la aquiescencia del pueblo vasco. La ETA, como lo explicó inteligentemente en su momento el lenfakari Ardanza en Montevideo hace unos años, es un fenómeno que sólo los vascos lo interpretan.

En un pueblo milenario que por chico que pueda ser geográficamente, tiene derecho a su identidad y libertad. No es posible que con argumentos de realidades presuntas globalizantes (cada vez más criticadas y negadas) se quiera obviar intelectualizadamente, el legítimo derecho de un pueblo a ser libres e independientes. Según esas tesis, la economía mundial, política o social no pueden admitir la existencia de un país pequeño como Euskadi. Todos argumentos que se repiten por seudosintelectualoides con ínfulas de «inteligentes», sin darse cuenta que por realidades similares, a la de los vascos, redunda en perjuicio de nuestro Uruguay, también por ser chicos y enclavados geopolíticamente entre dos potencias. Con una diferencia sustancial a favor moralmente de los Eskaldunes, mientras nosotros apenas tenemos 177 años de existencia los vascos tienen 30.000 años según datos connotados. Y hace 400 más o menos que les obligan a «soportar» la bota extranjera encima. ¡No es justo! ¡Nada tienen que ver con España o Francia! ¡Ni son galos, ni son íberos! ¡Vascos a secas! Hace 400 años que luchan, ¡y no se rinden! Se debiera suponer, que en ese tiempo que no es poco por cierto, el «amado» nostálgico imperio español y también el francés, debieron concientizar afectos, adhesiones y cariños por sus banderas, sus gentes, sus costumbres, sus idiomas y sentimientos.

Y por el contrario, cada año que transcurre, los vascos más se enfrentan. Las libertades o independencias de los pueblos jamás se lograron que los imperios se las otorgaran o cedieran de buena o pacífica gana. Y la historia del mundo enseña, se lo dijo Talleyrant nada menos que a Napoleón, que los dominios imperiales y totalitarios, no pueden sentarse sobre las bayonetas mucho tiempo. Por supuesto que los vascos han cometido excesos y barbaridades. Nadie con sentido humano puede aceptar el «bombazo» indiscriminado que mata a víctimas inocentes. Pero tampoco se puede admitir y se admite y hasta se busca explicaciones que los yankis, judíos, ingleses, españoles en su momento y demás «demócratas» masacren alevosamente a Palestina e Irak y amenacen a Irán para quedarse con el petróleo árabe y de paso ponerles gobiernos títere que ninguno de esos pueblos aceptan. Y a los vascos les pasa igual.

Es la Nación en la península ibérica que tiene más ingresos «per cápita» incluyendo Europa. O sea, queda claro que no luchan por logros económicos que les sobran. Socialmente, a fuerza de ingenio y sudor de sus frentes, tiene un sistema de vida envidiable incluso a nivel europeo. Entonces: ¿a nadie se le ocurre preguntar por qué se lucha y sigue permanente y vigente una guerrilla que es obvio tiene apoyo popular, que no sólo no los denuncia, sino que se debe concluir obligado por los hechos, los protegen? Desgraciadamente, desde el punto de vista humano, esa situación etarra que lleva 50 años de antigüedad, sólo se acabará el día que los vascos sean soberanos e independientes, como lo fueron durante 29.600 años. Como quien dice ¡casi desde el Cromagnon! Siguen con su complicado pero hermoso idioma propio, el euskera, sus costumbres, sus artes y sus dulces y tiernos orfeones, zorzicos y corales de fama mundial llenas de sentida espiritualidad. Sus comidas y tradiciones autóctonas. Y agréguese también, ¡con sus profundos sentimientos libertarios nacionales! ¡Quieren la independencia! GORA EUSKADI ASKATSUNA! *

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