La competitividad y las inversiones en energía

Sábado 23 de junio de 2007 | 3:53
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A lgunos empresarios que han invertido en mejorar la capacidad de producción de sus emprendimientos expresan su preocupación por algunas trabas evidentes que conspiran en contra de la competitividad, pese a que reconocen que Uruguay se encuentra, por sus precios relativos, en una situación favorable que determina que buena parte del crecimiento que ha tenido Brasil se derrame sobre nuestro país.

Una de las principales limitantes que ven los hombres de negocios es el alto precio de algunos insumos que proveen las empresas públicas, como los combustibles, y la falta de inversiones en infraestructura en sectores como el energético, que ponen en riesgo el éxito de un proceso vital para el crecimiento.

Sabemos que se han hecho algunos esfuerzos por parte del Ministerio de Industria y Energía, con el fin de definir aspectos de la política energética, pero los mismos, cuando se produce una crisis de la hondura de la ocurrida por estas semanas en torno al supergás, muestra que el país no está preparado para crecer en los factores necesarios que aventen definitivamente el déficit energético.

Es verdad, desde hace muchos años que en el país no invierte lo necesario en producción de energía, jugándose el país a interconexiones con Argentina y Brasil, que pueden funcionar en ocasiones con buenos resultados, pero que no son siempre mecanismos seguros. Existen factores de producción, geopolíticos, comerciales, etc., que determinan que la energía comprada en el exterior, que hace a nuestro país dependiente de decisiones que se toman fuera de fronteras, sean nada más que soluciones transitorias. La solución de fondo es poseer fuentes de producción energética propias, modernas y adecuadas a nuestras necesidades, tanto residenciales como industriales.

Sin embargo, cuando se ha planteado el tema, se producen digresiones antojadizas, en una polémica sobre la que parece no se quiere laudar, planteándose desde las altas esferas directrices de UTE la idea de levantar una gran empresa termoeléctrica que funcionaría a carbón, justamente un combustible que se debe importar y que además se está dejando de utilizar a nivel mundial en razón de ser contaminante. Las inversiones para construir ese emprendimiento deberían ser cuantiosas, porque hasta sería necesario construir un puerto especial para la llegada del carbón.

Los técnicos involucrados en esta idea, por supuesto, sostenían que el país necesita mecanismos de producción seguros, por eso despreciaban abiertamente los molinos eólicos que, como también ocurre con las represas hidroeléctricas, tienen una eficiencia que está vinculada con las condiciones atmosféricas.

Sabemos que en un reciente llamado a licitación UTE autorizó la creación de algunos parques eólicos en el país. Licitación que tiene relación con el mecanismo de distribución monopólico que mantiene el ente energético, porque sólo comprará energía a las empresas que la produzcan con autorización previa.

La situación de Ancap es también compleja. El combustible que vende el ente energético es el que tiene el precio más caro del continente y que, dado el precio internacional del petróleo, volverá a subir. A la vez, por razones de ecuación económica, no se autorizan para el transporte otros combustibles más baratos (los que se utilizan en la Argentina), como el gas licuado para los vehículos de distinto porte.

Los números de esta empresa pública determina que los usuarios uruguayos paguemos los precios de la nafta más altos de la región sin que se busquen alternativas adecuadas para tratar de reducir esa pesada carga que, obviamente, no sólo afecta a los automovilistas, sino que lo hace con la economía en su conjunto. ¿Es acaso posible que una empresa uruguaya se desarrolle con éxito, ganando en competitividad, cuando paga esos precios?

El tema es complejo, porque no se trata sólo de velar por la economía de las empresas públicas, que por otra parte al trabajar en un régimen de monopolio tienen una posición de privilegio. Se trata de velar por los equilibrios macroeconómicos del país en su conjunto, para que podamos ampliar nuestros rubros exportables y así incorporar mano de obra nacional transformando productos que hoy se exportan prácticamente en bruto.

Todo ello exige de un análisis a fondo, para que entre todos encontremos un mecanismo en que el país sea el favorecido. *

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