Sobre energía, desarrollo y reforma del Estado
El tema planteado es complejo y va a una de las problemáticas más severas que tiene para resolver el gobierno en esta etapa con la llamada reforma del Estado. Porque aparece como evidente que, más allá de las desinteligencias y los errores propios de los hombres, en el país no pueden producirse crisis de desabastecimiento tan agudas como la del supergás que, más allá de una suma de circunstancias adversas, tuvo obviamente una enorme dosis de imprevisión e inoperancia de parte de quienes debían decidir la provisión del combustible.
No obstante, advertimos, la escasez no fue sólo de supergás, sino también de gas oil y fuel oil, combustible que mueve las máquinas, entre otros sectores, de los barcos, muchos de los cuales con sus últimas reservas debieron trasladarse a puertos brasileños y argentinos para poder seguir viaje o completar tareas de pesca.
La imprevisión fue enorme, porque –como hemos dicho en alguna otra oportunidad– vivimos en un país que está inmerso en un proceso de crecimiento que ya tiene cinco años de vigencia, con lo que ello significa como movilizador en distintos rubros.
Si los técnicos de Ancap hubieran recorrido algunos comercios que comercializan estufas se habrían enterado, por ejemplo, de que en los últimos meses la venta de estos elementos de calefacción fue récord. Por ello, basarse en el consumo de supergás del año pasado parece, ante esta realidad, además de una simpleza un verdadero despropósito. ¿Es que quienes deciden las políticas de Ancap de provisión de combustibles no tienen en cuenta esos parámetros, ni tampoco se enteraron del crecimiento acelerado que está viviendo el país que determina, también, un incremento del consumo de combustible?
Bueno, pero esos son los errores de cálculo atribuibles a una burocracia que mira al país desde una óptica muy particular, sin advertir que las empresas públicas son entes que deben prestar servicios a la población, que esa es su primera responsabilidad y de ninguna manera es aceptable que se sostengan argumentos tan flojos e inconducentes, como el de que hay personas que acapara gas. ¿Quién tiene garrafas en su casa para atesorar gas fuera del ritmo habitual de su consumo?
Que no se quiera tapar el sol con un dedo y se quiera oscurecer lo que es otra flagrante situación provocada por una imprevisión inaceptable. Está bien que la refinería se deba reciclar, pero ¿por qué la demora y el atraso en la recepción de los repuestos necesarios? Cuando se inició la tarea ¿no se previó el tiempo de las obras y se verificó que quienes debían entregar implementos lo hicieran en tiempo y forma?
Toda este problemática, hoy le ha estallado en la cara al gobierno que, en base a una decisión adecuada del Presidente de la República aconsejó una medida ejemplarizante, está el tema de la provisión de energía como un ingrediente fundamental para apuntalar al desarrollo. Sabemos bien que estos años de crecimiento han determinado modificaciones en nuestro aparato productivo, reduciendo a niveles casi de inexistencia la capacidad ociosa de la industria manufacturera. Por lo demás, la gente consume más, tiene estufas, tiene más aparatos de iluminación, escucha música en modernos equipos y, además, los que pueden compran vehículos, etc. En ese panorama aparece como evidente que los técnicos de las empresas públicas tomen las previsiones adecuadas para que la provisión de energía crezca en forma paralela con las necesidades del país y de la gente.
Para aventar esta mentalidad perniciosa, producto de una larga historia de ineficiencia que es necesario revertir dentro del actual panorama de cambios, la llamada reforma del Estado es el camino más idóneo. Reforma que estudia la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y que debería contener mecanismos ágiles de gestión que, obviamente, no dejen en manos de una, dos o tres personas decisiones trascendentales, sino que el gobierno de las empresas públicas sea el resultado de análisis técnicos, en que se estudien en profundidad todas las problemáticas para que los uruguayos de a pie no sigamos siendo las víctimas de las imprevisiones de una burocracia que a esta altura del país no tiene por qué existir. *
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