La vuelta de Wilson

Escrito por: LEOPOLDO AMONDARAIN - Convencional del Partido Nacional

Sábado 16 de junio de 2007 | 5:15
  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

En la noche del quiebre institucional, en su último discurso parlamentario de los muchos memorables realizados, Wilson después de condenar a Bordaberry como principal responsable de la violación constitucional, culminó el mismo con grito estentóreo y exultante de su alma blanca: ¡Viva el Partido Nacional!

Marcar el hecho es importante, porque además de su realidad de oriental, afloraba naturalmente como mandato histórico el ser blanco e hijo ideológico del Libertador Oribe. Y en los hechos posteriores quedaron de manifiesto no sólo en la defensa de la Carta Magna, sino cuando vuelve, a riesgo de por lo menos ir preso, el de pacificar la patria reivindicando el Estado de Derecho. El Libertador Oribe se exilió amenazado por la “canalla” colorada y vuelve a riesgo de su propia vida ofreciéndole a Venancio Flores (Pacto de los Caudillos donde se apoyó a Gabriel Pereira a presidencia) la pacificación nacional, rechazando incluso volver a la presidencia. Wilson, en el mismo trillo, se desprende de su legítimo derecho a la candidatura presidencial por su partido como seguro triunfador, en aras de la concordia legal de la familia oriental. ¡Grandeza sólo dada en los blancos! Su exilio obligado y perseguido fue todo un largo trayecto de luchas desiguales signadas por el permanente sacrificio y peligro mismo de su existencia. El desgajamiento de su familia, privándolo de ver crecer a sus nietos, y lejos e hijos, hermanos, demás parientes y amigos en general. En otras tierras de costumbres diferentes y soledad de afectos inmediatos. No es lo mismo saberse muy querido allá en el lejano pago, que la falta de calor inmediato y diario de abrazos fraternos o apretón de manos cordial de su propia gente e igual sangre. Es cierto que los blancos, justo es señalarlo, particularmente los que podían viajar a encontrarlo, siempre en los posible lo rodearon.

El ejemplo más concreto fue en la Argentina cuando la Federal lo va a buscar, ya raptados el Toba y Zelmar, a la localidad de Azul donde residía en la ocasión, sólo con su esposa y un hijo (Juan), los blancos que también a riesgo personal fueron a advertirle del riesgo y vuelven a Buenos Aires en su compañía, lo rodearon. Mas nadie ajeno a su colectividad política prestó apoyo a su odisea. Posteriormente, cuando detenido en la cárcel de Trinidad también contó sólo con el apoyo de sus blancos, mientras los demás de otros partidos aprovechaban a reunirse y pactar sacando ventajas espurias con su prisión, repartiéndose el poder ante la acefalía o ausencia obligada de los nacionalistas.

Fue un 16 de junio muy lejano hoy, pero actualizado al paso de cada año que transcurre. Porque por añadidura, la grandeza final la concreta y pone en evidencia en la oración en la Explanada Municipal. Allí, da el apoyo por la paz y garantías constitucionales a los que justamente se habían aprovechado de su prisión obligada. Nuevamente a lo largo de 170 años de historia el Partido Blanco como lo mandató Oribe, era garantía de institucionalidad. Y dentro de él, Wilson ocupó y ocupa un lugar de privilegio. Sería ocioso repetir relato y elogios sobre su brillante parlamentarismo y gestión de gobierno en aquel inolvidable Ministerio de Ganadería, desde donde se creó la estanzuela emblemática, y planteó su proyecto de Reforma Agraria.

El único racional y científicamente planteado a partir del primigenio artiguista y concretado por Oribe en nuestro país. Sin perjuicio del talento ideológico revelado en nuestro compromiso con usted un verdadero proyecto moderno que dejó obsoleto todo el ideario de la izquierda tradicional que repetía viejos esquemas ajenos a la realidad nacional. Obviamente en ese proyecto de cambios profundos le valió las diatribas fáciles tanto de la derecha batllista y colorada que lo tildaban de comunista, como de esa izquierda dominada por una visualización extranjerizante que, relegada ideológicamente por Wilson, vomitaba insultos canallescos como que lo “financiaba la ESSO” y achacándole faltas éticas disparatadas. Hoy está muerto. Pero ingresa a esa pléyade de grandes figuras en una galería histórica que hizo la patria y que nos llena el pecho de legítimo orgullo al ser identificado con intrínsecamente blanco.

Wilson podrá ser y es de todos los orientales que sientan la patria, pero nadie puede quitarle el título de nacionalista de cuna.

Continuador ideológico del Libertador Manuel Oribe, Leandro Gómez, Saravia, Herrera y de tantos que jamás se entregaron a la filosofía y asociaciones violatorias de nuestras soberanías orientales o americanistas, ni con dictaduras exteriores foráneas admirando figuras allende oceánicas, rindiéndoles pleitesías a barbas extranjeras.

Sabemos tener nuestras propias barbas sagradas históricas, que abundaban en la heroica Paysandú, en la Revolución de las Lanzas de Timoteo o las de Aparicio Saravia a título de mayor abundancia. Y en materia de ideas y revoluciones sociales en el Uruguay, que sólo las hicieron los blancos, nos regodeamos con las imágenes de Herrera y Wilson que inmortalizan la colectividad blanca con el cincel de la gloria.

Wilson hoy es un histórico actualizado permanentemente que siempre estará presente en una visualización moderna del ideario político nacionalista. ¡Viva Wilson! *

  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

OTRAS NOTICIAS EN LARED21

    Comentarios


    Sabado 11 de Febrero, 2012
    Montevideo, UY
    Parcialmente nublado, 24 °C