Una reivindicación esencial:terminar el drama carcelario

D e alguna manera tenemos que denominar lo que está ocurriendo en torno al tema de las cárceles y lo hacemos con la expresión, saludable reacción ante una situación evidentemente inaceptable.

En pocas horas se comenzaron a barajar ideas y posibilidades, planificándose medidas inmediatas y mediatas, tendientes a desactivar la bomba de tiempo que se armó en los establecimientos de detención, la que tiene como causa principal la desidia de años, de distintos gobiernos y administraciones, que nunca planificaron la locación de los presos de acuerdo con las perspectivas que se estaban dando en materia de persecución del delito y los respectivos procesamientos y del crecimiento de la eficacia policial y judicial para perseguir el delito.

Las cárceles eran, en el concepto de muchos, lugares de depósito de seres humanos, sin importar en qué condiciones pasarán allí su estadía, que podría ser corta, mediana o larga, dependiendo siempre de la calificación del delito cometido y de la suerte de su trámite de pena que, como todos sabemos, recorre un tortuoso camino dentro del Poder Judicial. Hombres y mujeres a los que la justicia uruguaya penaba con el peso de la Ley, pero que, violándose expresas normas constitucionales, se mortificaba de mil maneras, en lugares inhóspitos, con mala atención médica, sin comida adecuada y sin técnicas carcelarias ajustadas, modernas, tendientes a reeducar al recluso.

Los testimonios que todos conocemos son de una enorme gravedad. Presos que conviven apiñados, prácticamente uno sobre otro, en celdas ideadas para dos personas, en donde habitan diez, que además están ociosos, porque ni siquiera se han arbitrado medidas adecuadas para que los internos se reeduquen para su reinserción en la sociedad sobre la base del trabajo. Presos primarios que son colocados en celdas junto a reincidentes, ladrones junto a veteranos rapiñeros o asesinos y mil desquiciantes absurdos más, negativos todos ellos de la función que debe cumplir un establecimiento de detención, que debe reeducar a quienes delinquen, repetimos, para su reinserción en sociedad.

Es lamentable comprobar que lo único que se cumple en las cárceles uruguayas es con el tiempo de reclusión, durante el cual los seres metidos en ese infierno sufren mil vejaciones, agredidos en un medio inhospito, inadecuado, que lo vuelve al término del tiempo, en mucho más violento, más alejado de los valores disciplinarios necesarios para una adecuada inserción en la sociedad, valores que además la guardia, generalmente, le quiere imponer a golpes de bastón, prepotencia, gritos y en celdas de castigo.

Importa más la prepotencia física que la persuasión por el camino de la reeducación, en lo que es el reflejo de lo que piensa buena parte de la sociedad que estima que a los que delinquieron no hay que prestarles atención, hacerlos sufrir, en una especie de justicia a través de la venganza, tan fuera de lugar, como antidemocrática.

Esperemos que las medidas que se plantean por estos días prosperen. Al parecer, el Ministerio de Defensa Nacional, mientras no se puedan construir cárceles adecuadas, le cedería a la Dirección de Cárceles algunos edificios que no utiliza, que se adecuarían para la contención de los presos de carácter primario.

Por supuesto que la tarea de control de los establecimientos estaría a cargo de guardias civiles y no de militares. Paralelamente, se están estableciendo lugares en donde se construirían nuevos edificios con el fin de agrupar a los presos de acuerdo con su «peligrosidad», esto es, para lograr un mayor control y, decimos nosotros, para intentar un correcto encauzamiento de la necesaria educación que se debe concretar tras los muros, porque los que están allí son seres humanos que tienen sus derechos y no pueden seguir siendo víctimas de las circunstancias en las que se violan de manera flagrante los derechos humanos. *

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