Poder de convocatoria
A medida que pasan los días y se aproxima la fecha del 19 de junio, la propuesta definitiva lanzada por el Presidente de la República el lunes 4 va concitando cada vez más adhesiones, al tiempo que se verifica el aislamiento cada vez mayor de quienes han anunciado que no concurrirán al acto.
Las características de la ceremonia, en la que resaltarán la sobriedad y la austeridad, otorgaron a la celebración del Nunca Más la dosis necesaria de sensatez, tolerancia y pluralismo como para que la invitación del presidente Vázquez a todo aquel que desee acompañarlo tuviera una tan favorable acogida. Poco a poco, los sectores frentistas que en un principio se habían mostrado renuentes a la convocatoria fueron plegándose a la mayoría, con la excepción –totalmente previsible– de algún grupo situado en el extremo del espectro. Pero no sólo en tiendas de la izquierda política se verificó la voluntad de concurrir al acto. También desde organizaciones sociales y la central sindical hubo pronunciamientos favorables a la iniciativa presidencial luego de que el doctor Vázquez aclarara el alcance del Nunca Más y precisara sus límites y características. Y lo más destacable ha sido la pública adhesión de altos dirigentes nacionalistas que expresaron su voluntad de asistir al acto programado.
Sintomáticamente, quienes se oponen a la celebración y manifestaron de manera explícita su voluntad de no concurrir al acto del 19 de junio han sido –además de los pequeños grupos de la ultraizquierda– el Partido Colorado y los clubes que nuclean a militares retirados. Al respecto, vale la pena repasar los argumentos expuestos por el Centro Militar para exhortar a sus asociados a no concurrir al acto. De acuerdo con el punto de vista de esa entidad social, fiel reflejo de la mentalidad que todavía prevalece en algunos centuriones nostálgicos, la convocatoria es «ambigua» y el Nunca Más, «hemipléjico»; la iniciativa «conducirá necesariamente a prolongar las divisiones que separan a la familia militar de sectores para los que ninguna medida que se tome contra los uniformados será suficiente».
Sin embargo, contrariando ese espíritu corporativo que los hace cerrar filas en la defensa de los terroristas de Estado procesados, el buen tino ha primado en los actuales comandantes en jefe de las tres armas, quienes han hecho pública su decisión de participar en el acto del 19 de junio.
Paralelamente, se informó el martes que un grupo de jóvenes militantes colorados –pertenecientes a diversos sectores del partido– disienten con la decisión orgánica adoptada por el Ejecutivo partidario, y anuncian su concurrencia a «todo acto que defienda la libertad y contribuya con la democracia, sin importar quién lo realice».
Así las cosas, ha quedado de manifiesto, por un lado, el extraordinario poder de convocatoria del Presidente, cuyo prestigio crece entre los diversos sectores de la sociedad, y al mismo tiempo, el más absoluto aislamiento de esos pequeños bolsones de nostálgicos atados al pasado. Con esa actitud cerril opuesta a la convivencia civilizada, los terroristas de Estado y sus defensores exhiben, una vez más, su verdadera esencia antidemocrática y su más profunda cobardía. Ninguno de ellos ha sido capaz, hasta ahora, de un gesto de dignidad, de un reconocimiento público de las aberraciones cometidas, de una confesión y de un arrepentimiento.
De este modo, lo repetimos, han quedado aislados. La sociedad uruguaya puede soñar con una reconciliación y puede apostar a ese Nunca Más que impulsa el doctor Vázquez. Pero los terroristas de Estado, los esbirros que torturaron, violaron, asesinaron e hicieron desaparecer a opositores se han autoexcluido de la reconciliación. No serán perdonados. *
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