Sobre el Nunca Más y la reconciliación

D esde que el país se reencauzó por la senda democrática, hace de esto 22 años, ha sido preocupación constante de todos los dirigentes políticos de todos los partidos encontrar la mejor forma de sellar la paz y promover una reconciliación entre los uruguayos.

Tanto el doctor Sanguinetti en sus dos periodos presidenciales como los doctores Lacalle y Batlle y el actual presidente, doctor Vázquez, cada uno a su manera, han exhibido el propósito común de resolver esa asignatura pendiente. Los dos primeros pretendieron «dar vuelta la página» mediante la exhortación a «no tener ojos en la nuca», aduciendo que el tema había sido laudado con la ratificación plebiscitaria de la Ley de Caducidad; el doctor Batlle, por su parte, si bien afiliado a la misma teoría, entendió oportuno dar un paso en otra dirección promoviendo la investigación que llevó a cabo la Comisión para la Paz. Fue un cambio cualitativo cuya importancia no se puede soslayar pues dio por tierra con la repugnante omertà, con el silencio cómplice y el ninguneo.

Con la asunción del doctor Tabaré Vázquez, se produjo el vuelco definitivo. Hubo un marcado interés en profundizar las investigaciones sobre detenidos desaparecidos (con resultados magros pero alentadores) y se produjeron los primeros procesamientos de terroristas de Estado vinculados a casos que el Presidente excluyó del amparo de la impunidad, aplicando la potestad (de dudosa constitucionalidad) que le otorgó el artículo tercero de la Ley de Caducidad. Quiere decir que desde el tímido intento del doctor Batlle hasta hoy, se ha avanzado bastante en el conocimiento de los hechos y se comenzó a hacer justicia.

En reportaje publicado el domingo 10 en LA REPUBLICA, el doctor Mirabal, que tuvo a su cargo algunos casos relacionados con el terrorismo de Estado, realiza algunas afirmaciones terminantes: que la Ley 15.848 fue pensada para obstaculizar la acción de la Justicia, que la discrecionalidad del Ejecutivo para determinar qué casos deben estar comprendidos en la impunidad y cuáles no obedece a criterios políticos y no jurídicos. Se trata de verdades que todos sabemos pero que no está mal que un magistrado judicial reconozca de manera expresa.

El 19 de junio el Presidente ha convocado a una ceremonia austera al pie del monumento al prócer como primer acto público a favor del Nunca Más y en procura de una reconciliación entre los uruguayos. Cierto es, todos los uruguayos deseamos que las heridas del pasado cicatricen. Pero mientras algunos han pretendido que la cicatrización se produzca por sí sola, con el mero transcurrir del tiempo, otros pensamos que hay un paso fundamental previo que estamos esperando desde hace 22 años: el público reconocimiento por parte de las Fuerzas Armadas de su papel como agentes del terrorismo de Estado, así como un público acto de contrición, un pedido de perdón y un compromiso institucional de nunca más proceder de la forma en que lo hicieron.

El ejemplo del general argentino Martín Balza no ha tenido émulos en nuestro país. La cobardía ha sido más fuerte, y el afán de ocultamiento ha prevalecido en la mentalidad media castrense. No es ésa la mejor actitud para llegar al arrepentimiento imprescindible que allane el camino hacia la reconciliación.

Deben reconocer y admitir su participación en los crímenes de lesa humanidad; deben revelar con precisión los datos que permitan hallar a las víctimas; y deben pedir perdón. Tal vez esos crímenes sean imperdonables y los terroristas de Estado no recibirán jamás el perdón de la sociedad uruguaya, pero sería una buena señal que lo pidieran. *

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