Hacia la recomposición del diálogo interpartidario

Desde que en octubre de 2004 el electorado dio la mayoría absoluta a las fuerzas progresistas, hemos insistido más de una vez en la necesidad de acuerdos interpartidarios. Consideramos que esa mayoría obtenida por el Frente Amplio –si bien incuestionable– era un tanto ajustada como para prescindir de las fuerzas de la oposición. En principio, porque la Constitución exige mayorías especiales para unos cuantos asuntos de importancia, pero fundamentalmente, porque las minorías deben ser contempladas para un correcto funcionamiento del sistema democrático.

La experiencia ha demostrado lo pernicioso que resultó el desacuerdo para designar al fiscal de Corte, así como el impasse que se verifica desde hace siete años para integrar los organismos de contralor de acuerdo con el actual mapa electoral.

Hemos sostenido que no fue acertada la postura de los partidos del llano, las viejas colectividades históricas, renuentes a llegar a acuerdos en ese sentido, poniendo condiciones inaceptables o exhibiendo un orgullo pueril a la hora de concretar pactos con el oficialismo. Aunque no sea obligatorio, siempre es preferible que la oposición esté representada en los directorios de los entes autónomos pues es la manera más directa y simple de ejercer el contralor natural que deben ejercer las minorías sobre el Ejecutivo; si en los directorios de las empresas públicas se hubieran integrado hombres de los partidos del llano, se habrían ahorrado innumerables pedidos de informes, llamados a sala o interpelaciones que desgastan la labor parlamentaria sin aportar nada positivo. Con esto –huelga aclararlo– no pretendemos que el Parlamento resigne su inalienable derecho de ejercer los controles, su sagrada misión de desconfiar; pero sí entendemos (y lo reiteramos) que no se puede desperdiciar la oportunidad de ejercer esa primera instancia de contralor que significa la presencia de uno o dos miembros de la oposición en la cocina de las empresas públicas y entes autónomos.

Pero en fin, lo que nos proponemos resaltar es el anuncio reciente de que oficialismo y oposición han manifestado su interés en recomponer el diálogo a los efectos de llegar a acuerdos que hagan más fluida la relación entre ambos y que permitan, por lo menos, que los organismos de contralor ­Corte Electoral y Tribunal de Cuentas– reflejen de una vez el mapa electoral; piénsese que ambos organismos están integrados según el resultado de las elecciones de 1994 (¡!).

Seguramente, esta disposición a retomar el diálogo interpartidario, esta voluntad de llegar a acuerdos mínimos, debe de ser resultado de un hecho político de enorme trascendencia: el anuncio formulado el pasado lunes 4 por el Presidente de la República. En efecto, la doble decisión presidencial (referida al contenido y características del famoso «Nunca Más» y su desistimiento en cuanto a una eventual postulación a ser reelecto) tuvo un efecto positivo inmediato. Resulta inocultable que tanto el Nunca Más como la no reelección acarrean consecuencias quizás indeseables a la interna de la fuerza política gobernante. A nadie escapa que no hay consenso entre los diversos grupos, sectores y partidos que conforman el Frente Amplio en cuanto a la pertinencia del Nunca Más, y que el anuncio de que el presidente no piensa postularse a la reelección puede generar desavenencias e incluso luchas internas por candidaturas. Pero para el sistema político los dos anuncios resultaron positivos y permiten avizorar un saludable entendimiento entre el oficialismo y la oposición.

La doble decisión presidencial tuvo, pues, un efecto de distensión, limó asperezas y abrió el camino para retomar el diálogo. Enhorabuena puesto que, como decimos al comienzo, un entendimiento entre gobierno y oposición que permita acuerdos mínimos respecto de asuntos importantes se convierte en una señal más que auspiciosa hacia la comunidad. El ciudadano medio ve con buenos ojos la disposición al diálogo de los gobernantes, percibe con beneplácito la imagen de madurez que dan los políticos cuando se deciden a dejar de lado pequeños intereses en aras de los supremos intereses del país.

Debemos saludar, pues, esta voluntad de acercamiento de parte del Presidente y del líder de la oposición. Es el sistema político el que sale fortalecido y es la democracia la que se afianza. *

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