Sexualidad y muerte, temas tabúes para la sociedad
Desde hace 20 años cada 28 de mayo se conmemora el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.
La Red Mundial por los Derechos Reproductivos no sólo reconoció la necesidad de reflexionar y discutir sobre las políticas y programas en torno a la salud de las mujeres, sino que resaltó la importancia de proponer acciones a favor de la salud de la población femenina mundial. Por ese motivo no podemos dejar pasar esta fecha sin referirnos a la necesidad que nuestro Parlamento aporte a la realización de acciones efectivas por la salud de las mujeres en el Uruguay.
En nuestro país a través de diferentes programas y tareas se han vuelto políticamente visibles los invisibles, cada vez más se incluyen quienes estaban marginados de nuestra sociedad en diferentes formas. También las políticas de género han ganando espacios por el esfuerzo y lucha cotidiana de las mujeres y los hombres que no cejan en reivindicar no sólo los derechos de las mujeres, sino también en desplegar sus potencialidades y capacidades. Sin embargo, en pleno siglo XXI hay voces que ponen en cuestión el derecho de las mujeres a defender y exigir que no se les impongan maneras de vivir la sexualidad, como por ejemplo, su salud reproductiva.
Que se cercenen las libertades de la mujer en cuanto a su vida sexual y reproductiva implica claramente que otros están decidiendo por ellas. Aunque esos otros aparezcan desdibujados en su capacidad de decidir por ella. ¡No escondamos esas responsabilidades tras el nombre de la naturaleza o la ciencia!
Se reconocerá en esta expresión el sentir de las mujeres y de muchos hombres que asumen la necesidad y responsabilidad de exigir y proponer la defensa de la salud sexual y reproductiva, el Parlamento de nuestro país no debe ni puede ser ajeno en la búsqueda de las mejores maneras de implementación de esos derechos. Por motivos anatómicos y fisiológicos las consecuencias de las acciones en el ámbito reproductivo recaen mayoritariamente en los cuerpos de las mujeres. Mientras que por motivos culturales las decisiones sobre esas consecuencias no las puedan tomar las mismas mujeres que lo sufren en su cuerpo, extraña paradoja que no podemos dejar de denunciar en este día.
Hablar de fundamentos basados en la naturaleza o científicos en contra de que la mujer decidida sobre su propio cuerpo escamotearía la exigencia de que un tema tan complejo alcance todas las dimensiones que abarca, entre ellas la política y la ética.
Un científico que marcó el rumbo de la ciencia en el siglo XX, Albert Einstein, señaló con total justeza que «es mucho más sencillo disolver un átomo que un prejuicio». Defender la Salud Sexual y Reproductiva de las mujeres es poner en la agenda de discusión del Parlamento todos los prejuicios y tabúes adheridos a la sexualidad. Por esos motivos las mujeres hemos sido acusadas de brujas, a la vez que se nos pone en el lugar de diosas cuando se trata de la maternidad. ¿Cómo salir de esa falsa dicotomía que nos ha marcado a través de los siglos?
Sabemos de la complejidad y sensibilidad del tema que ha despertado y despierta en todo el mundo profundas controversias y movilizaciones. El respeto y visibilidad de las diferentes posiciones será fundamental para producir un debate que nos enriquezca y muestre lo mejor de nuestras tradiciones laicas, democráticas y de defensa de los derechos de las mujeres a nivel de Estado.
Ya muchos estigmas hemos cargado las mujeres sobre nuestras espaldas y en nuestros vientres como para facilitar desviar el debate hacia esos campos. Entre otros, la estigmatización del embarazo de la madre soltera, del que se produce sin pareja estable, de la madre adolescente, de la que decide interrumpir el embarazo.
Hoy queremos resaltar sólo algunos de los ejes sobre los que buscaremos dar el debate -una vez más- en torno a la Salud Sexual y Reproductiva, ya que hemos comenzado a tratar el proyecto de ley en la Comisión de Salud Pública. Pero, esta no es la única problemática que nos preocupa de la salud de las mujeres en nuestro país.
Cuando se trata de definir el tema para las acciones de las que nos ocuparemos en el año 2007, en el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres no podemos dejar de resaltar la problemática del suicidio en nuestro país. Si bien las tasas alcanzadas en 2002 han descendido, aún no se ha llegado a los niveles previos a los años 90, que ya eran elevados.
Desde una perspectiva estadística el suicidio de mujeres en nuestro país alcanza a un 0,5% de la población femenina. La frialdad de las cifras no permite ver el sufrimiento de las mujeres que ya no soportan su vida, ni tampoco el de los lazos afectivos que cada una de esas mujeres tenía. Una vez más, hemos escuchado la estigmatización de quienes culpabilizan a la que se quitó la vida o a la familia que no la contuvo.
La sordera que muchas veces invade a la sociedad frente a ese sufrimiento y pretende dejar en el ámbito estrictamente privado una problemática que lo desborda. Baste como triste y lamentable ejemplo el brutal aumento de las estadísticas de suicidio en el año 2002 en nuestro país, que pasó de 10 personas cada 100.000 a 20 cada 100.000, la ruptura de las redes sociales de contención producto de la terrible crisis financiera que vivió nuestro país se vio claramente reflejada en la duplicación del número de suicidios.
El suicidio implica múltiples y complejos factores que han de ser analizados en su pluralidad. Factores tanto individuales como sociales, pero al igual que la problemática de salud sexual y reproductiva anteriormente señalada estamos ante un problema que enfrenta a la sociedad y cada uno con sus tabúes más arraigados: la muerte.
Sexualidad y muerte han sido los grandes temas tabúes de la humanidad. Quizás por eso, también, se nieguen con tanta obstinación las condiciones de riesgo a las que se somete a las mujeres que han de abortar en la clandestinidad. La muerte de muchas de esas mujeres pareciera, por momentos, no existir o no alcanzar el nivel necesario de preocupación de parte de quienes podrían aportar para evitarlas.
Para terminar, resaltaremos que ambas problemáticas Salud Sexual y Reproductiva en las mujeres y Suicidio contienen una gran complejidad imposible de resumir en esta exposición.
Reafirmamos nuestro compromiso de continuar aportando acciones efectivas para la prevención del suicidio. Un paso fue la aprobación de la Ley 18.097 de Prevención del Suicidio y el seguimiento de su implementación para tender las redes de prevención y su utilización. En la misma línea buscamos desarrollar acciones que apunten a la prevención y promoción de la salud sexual y reproductiva de las mujeres y a minimizar los riesgos de muerte innecesarios por estos motivos con el del Proyecto de Ley de Defensa del Derecho a la Salud sexual y Reproductiva. *
(*) Intervención en hora previa del Senado, el día 5 de junio de 2007
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