TVES

La República Bolivariana de Venezuela vive en estos días el fulgor de lanzar al aire la primera televisión de servicio de público y todo lo que está ocurriendo, como consecuencia, estaba fríamente calculado. Quienes siempre han formado parte de poder mediático en nuestro país iban a reaccionar como lo viene haciendo; en el campo nacional intentando provocar acciones para desestabilizar y en el terreno internacional concitando apoyos de sus socios y utilizando la mentira como arma para engañar a mucha gente.

Pero lo que no se dice es una verdad incuestionable: en nuestro país la televisión entró desde hace años en crisis por la baja calidad de sus contenidos y la cada vez más creciente negación del espacio radioeléctrico a la pluralidad.

Durante años hemos visto que la programación de la mayoría de los canales de televisión, particularmente los privados, se ha desprendido del rol que, según su definición, deben cumplir. La televisión, que es un medio sumamente poderoso para reproducir e implantar modelos de conducta en la sociedad, se sustenta en un esquema de enfoque meramente comercial, gracias al cual no importa el mensaje que se emite; lo importante es el resultado para las empresas que pretenden vender sus productos, incluida la producción propia de cada planta de televisión.

Lejos han ido quedando los intereses colectivos y los valores que deberían promover las condiciones de una vida en sociedad sana. El servicio público en televisión se ve reducido a publicitar solicitudes de donativos para causas diversas.

Está bien que eso se haga, lo que está mal es restringirlo a esas escasas actividades. Concebir hoy una televisión de servicio público se enfrenta a grandes desafíos. El poder de los grandes grupos económicos que están detrás de los medios de comunicación vela por sus intereses de empresa y no por los intereses del colectivo al cual se dirigen.

El concepto de una nueva televisión debe, entonces, replantearse los esquemas que hasta ahora han regido la concepción de las empresas de televisión. La nueva televisión de servicio público que se pone en marcha hoy en Venezuela a través de la creación de la Televisora Venezolana Social (TVES), busca una sincera y efectiva democratización del espectro radioeléctrico.

Con TVES se podrá dar rostro a los que no lo tienen, pues la dictadura mediática que rige a las sociedades de opinión anula las voces locales, las tradiciones y condiciona la cultura a un efecto de comercialización. Desde sus inicios, la televisión se erigió como un arma para modelar la conducta de la sociedad. Quienes la controlan alegan que sólo son reflejo de la misma, pero lejos de eso, inducen modelos de vida que nada o poco tienen que ver con la realidad de las personas. Se incita a que la gente siente suplantada su identidad por una que repite los esquemas de realidades sociales de sectores muy reducidos, además lejanos, a los que las grandes mayorías no pueden aspirar.

Otros escenarios trasladan la realidad a mundos virtuales. Por ejemplo, una propaganda de HSBC transmitida por CNN presenta a un señor entretenido con un videojuego donde impera la violencia. A su lado, un niño lo observa algo aburrido. Repentinamente, el menor sale de la casa, enciende el auto y la realidad se fusiona con la ficción del juego. El auto que conduce el niño, pero que a la vez conduce quien se presume ser el padre en el comercial, va por las carreteras en las más inverosímiles acrobacias. Hasta aquí podríamos decir que su contenido no es mayor problema; no obstante, en un momento de la persecución, vemos al niño sacando una bomba tipo granada y la arroja a sus perseguidores haciéndolos volar en pedazos. Escenas como esa la vemos a diario en la televisión a nivel mundial, incluso en la televisión venezolana, aún cuando sean violatorias de las leyes y del sentido común de sus ciudadanos.

 

Llegó la hora del pueblo

La voz del pueblo, del ciudadano de a pie, es censurada reiteradamente en los grandes medios de comunicación. La creación de un concepto de televisión de servicio público viene a romper una línea hegemónica, que borra la identidad de los pueblos y niega la diversidad cultural que enriquece a cada pueblo. Con TVES se sienta un precedente sobre la posibilidad de construir espacios para que sean los propios actores de los procesos, los talentos locales y regionales y las expresiones más genuinas de nuestra cultura, los que tendrán la responsabilidad de dar rostro al espectro radioeléctrico secuestrado por las grandes corporaciones económicas en detrimento de la mayoría, las que siempre andan en la tentativa de secuestrar cerebros, ideas y hasta los sueños de quienes vivimos por estas tierras.

Una de las cosas que más le preocupa a los grandes monopolios mediáticos es la aparición de un canal de televisión donde el protagonista sea la gente. Pero no la gente para soñar en convertirse algún día en un American Idol, sino quienes día a día llevan sobre sus hombros la responsabilidad de construir el país que definimos en nuestra constitución y todas las leyes referidas a esta materia.

Se trata de construir un espacio que contribuya a la formación y al sano entretenimiento de la población. Un espacio regido por la libertad, la diversidad, la construcción del saber popular y la puesta en diálogo de esos saberes con los de otros escenarios y realidades.

No se trata, finalmente, de concebir una televisión de Estado, bajo el esquema de servicio público, que fue en lo que de alguna manera devino la BBC de Londres, conocida por conformarse en sus inicios como una televisión de servicio público, pero que fue pensada desde la óptica de quien domina, se construyó para unir la voz en el mundo de las naciones que estaban bajo el dominio británico de entonces.

Lo interesante de la propuesta venezolana es que sean los ciudadanos los que la sostengan financieramente, lo que les puede permitir y exigir de ella que no se desvíe hacia las tendencias que hoy muestran los grandes medios de otros países.

Nace la Televisora Venezolana Social para renovar y revolucionar la televisión en Venezuela y marcar una nueva era en el uso del espectro radioeléctrico por la gente y no por empresas de ningún tipo, es decir, nace un canal con un rostro de pueblo, un canal para vernos y escucharnos, para reencontrarnos, y luchar por una televisión que deje de ser ese medio sordo que le habla a millones de mudos en el mundo.

Con TVES los niños, las mujeres, los académicos, los intelectuales podrán tener sus programas, pero también la música, la idiosincrasia, las costumbres, tradiciones y la gastronomía venezolana serán difundidas cono nunca antes. *

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