Cuando temas culturales están en juego
El escándalo mediático producido por una exhibición de supuesto mal gusto en un programa de entretenimiento argentino, que se emite en las noches en la televisión abierta, ha provocado una conflagración de opiniones digna de mejores causas y de objetivos más trascendentes.
Un «escandalete» lleno de moralina, que como siempre ocurre cuando se presentan temas que hieren hondamente a nuestra pacatería en que ponemos siempre como tabú los temas sexuales. En este caso el programa tuvo un aparente contenido erótico que movilizó a autoridades del INAU, que movilizarían a los «observadores» que tiene ese organismo para analizar los contenidos de lo que se emite en la televisión.
Paralelamente, en un tono mucho más bajo casi inexistente, se estaba dando en el país un proceso que afecta directamente el corazón del desenvolvimiento de nuestro proceso cultural, que se verifica en razón de la angustia económica de la Cinemateca Uruguaya que, en una situación límite y para no tener que suspender en corto tiempo sus actividades, debió cerrar dos salas: la Linterna Mágica, de la calle Soriano, y la que tiene en el barrio Pocitos, además de negociar un mecanismo de pasaje rotativo al seguro de desempleo de sus trabajadores.
No es necesario que historiemos el trabajo que desde hace décadas viene cumpliendo Cinemateca Uruguaya a favor de la cultura uruguaya, tratando de contribuir a la formación de una identidad nacional, de incorporar a las nuevas generaciones a la maravillosa expresión de comunicación universal que es el cine.
Sin embargo, en una demostración de lo que significan los valores que se manejan en la sociedad, lo que importó, lo que hizo colmar las líneas de teléfonos de las emisoras de radios, lo que ocupó espacios y reportajes interminables a opinologos y autoridades que, al fin de la tarde de ayer, ante el dislate, trataron de ir desactivando el nivel de estupidez que se estaba planteando con el también estúpido baile de una vedette en el programa de Marcelo Tinelli, en el que mostró sus senos, y parodió tener relaciones sexuales.
Si algo buscaron los productores del programa de Tinelli fue una reacción de este tipo, en que aparecieron señores y señoras rasgándose las vestiduras, reclamando medidas de «censura» para evitar que los niños tengan contacto con ese tipo de imágenes, que quizás le puedan «despertar instintos torcidos». Mientras tanto en Buenos Aires el programa logró un rating inigualable, llegando anteanoche a una audiencia calculada en cuatro millones de personas.
Un escándalo que ocurre siempre que está presente el tema del sexo.
No ocurre lo mismo si Cinemateca Uruguaya está en una situación desesperante que puede hacer peligrar su enorme acervo filmográfico, uno de los más completos del mundo, cuando debe cerrar dos de sus cinco salas. Lamentablemente tampoco ocurre cuando parte de nuestra juventud se está destrozando por el consumo de la maldita pasta base, reclamándose de los organismos especializados las respuestas adecuadas para un problema que no se va a resolver solo, sin las clínicas adecuadas para tratar a los enfermos y con una severa acción policial y judicial, para extirpar el tráfico criminal de quienes están envenenando a los más indefensos.
Son distintas caras de una sociedad llena de claros y oscuros, de fuerzas que se contraponen y que, en ocasiones, muestra desorientación y falta de liderazgos. Es evidente que no basta con describir lo que nos está ocurriendo como uruguayos, es necesario ir más hondo, dar un paso más adelante, buscar salidas para que muchas conductas inmaduras se superen y, entre todos, encontremos los caminos adecuados.
Pero, no es equivocado cuando ocurren hechos de esta notoriedad, tratar de plantear una reflexión que sirva como un revulsivo colectivo. *
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