El FMI sigue pontificando sobre el proceso económico

Miércoles 30 de mayo de 2007 | 3:11
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L a visita a Montevideo del vicepresidente del Fondo Monetario Internacional (FMI), organización de triste recuerdo para los pueblos latinoamericanos que, pese a que Uruguay ha pagado todas sus obligaciones, sigue monitoreando nuestra economía como si sus credenciales fueran mínimamente adecuadas para hacerlo.

Sin embargo debemos reconocerlo, la radiografía dada sobre nuestro desenvolvimiento económico, es obviamente atendible, porque es coincidente ­esta vez­ con algunos indicadores que muestran los avances positivos que se están verificando en la reducción del desempleo y la pobreza, pese a que las escenas de las últimas horas, sobre los indigentes buscando refugio de las inclemencias del tiempo en portales y resguardos de cualquier tipo, muestran el dramatismo todavía presente de la marginación.

Murillo Portugal, el funcionario visitante, añadió que la tasa de crecimiento de la economía uruguaya en los últimos tres años fue del 7 por ciento, lo que significa ­en su opinión­ un síntoma claro de la seriedad y la expansión que el país muestra al mundo.

En un análisis parcial, insólitamente sesgado, el funcionario señaló que el escenario favorable de la economía uruguaya se debe a las políticas fiscales y monetarias implementadas por el gobierno, así como por el conjunto de reformas estructurales que están en curso.

Portugal dijo también que la tasa de crecimiento que ostenta el país es sustentable por la expansión de la inversión y no sólo por efecto del consumo. No sabemos de dónde tomó las cifras de la inversión, porque en Uruguay, si no fuera por los mil millones de dólares colocados por la empresa finlandesa Botnia en su planta de Fray Bentos, no existen significativas inversiones extranjeras destacables que puedan ser mostradas como a contramano de la tendencia histórica.

Más adelante se acordó en señalar el factor externo y afirmó que el crecimiento de Uruguay acompaña al de la economía mundial, aconsejando dar un manejo prudente a la política fiscal que lleva adelante la administración del presidente Tabaré Vázquez. ¡Menos mal! En torno a la llamada “reforma del Estado”, el funcionario visitante que había sido puesto a tanto de los estudios que están en curso, señaló que el Estado dedica un 30 o un 40 por ciento del PBI a los servicios públicos por lo cual es necesario que los mismos estén ubicados en un marco creciente de eficiencia y calidad.

En cuanto a las lecciones que la crisis le dejó al mundo, el vicepresidente del FMI dijo que lo padecido por Uruguay en 2002 demostró, en primer lugar, que en los períodos de bonanza es necesario vigilar atentamente los riesgos y la vulnerabilidad de la economía.

Por supuesto que Portugal manteniendo la clásica posición de “pitonisa” para los países en vías de desarrollo afiliados al FMI, nada dijo de la crisis que vive EEUU, que de producirse una conflagración con caída del precio del dólar ­debilidad que ya está comenzando a mostrarse­, es muy posible que la bonanza internacional se modifique, caigan algunos indicadores y los grandes emergentes del mundo (por China e India), dejen el papel de ser las aspiradoras de materias primas.

Por supuesto que “nada” de políticas anticíclicas, de ahorrar para sobrellevar las contingencias del futuro, sólo la cantinela de las “reformas estructurales”, muchas de las cuales ­como la aplicada en el sistema provisional por indicación del FMI y del Banco Mundial­ han mostrado su total ineficacia, luego de la creación de las sanguijuelas del Estado, que resultaron las AFAP, sin que los pueblos se beneficiarán (y hay más ejemplos en los países vecinos), por ninguna de ellas.

Veremos que le ocurre al país con la reforma impositiva que está aprobada pero recién se aplicará a partir del próximo 1º de julio, otro de los caballitos de batalla de estas instituciones internacionales de crédito que, como en el caso concreto del FMI, cuando el país necesitó ayuda, como ocurrió durante la crisis del 2002, le dio la espalda.

Sólo fue por la “buena voluntad”, que hay que reconocer, del gobierno norteamericano de entregar un “crédito puente”, que se movilizó después a esa organización crediticia que miraba desde el balcón cómo Uruguay se destruía.

Y ahora, estos señores, vienen a pontificar. Ya los conocemos.

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