Un reiterado doble discurso argentino

H oy en la ciudad de Nueva York se realizará la segunda de las reuniones concretada luego de la mediación facilitadora del Rey Juan Carlos de Borbón. Esta vez entre delegaciones «técnicas» de Argentina y Uruguay, con el fin de buscar un camino de entendimiento para terminar con el enojoso conflicto fronterizo planteado por la construcción en Fray Bentos de la planta de procesamiento de madera para la elaboración de celulosa, realizada por la empresa finlandesa Botnia.

Un conflicto fronterizo realmente insólito por los hechos absolutamente inéditos que se han vivido en torno al mismo, diferendo que ha determinado, entre otras cosas, el cierre de una cantidad de empresas dedicadas al transporte y comercio bilateral, trastornos para el intercambio regional y la comprobación insoslayable de que los gobiernos, cuando sus intereses políticos están en juego, dejan de lado las leyes, los derechos, los tratados internacionales, que se convierten en nada más que papel escrito.

Sin tomar en cuenta, siquiera, que el perjuicio más grande es el que viven los habitantes de la zona, las familias de uruguayos ­ argentinos, que durante años de residencia en la zona tienen familiares de uno y otro lado del río.

En materia turística Uruguay también ha sido perjudicado, porque –de acuerdo con lo establecido por análisis fehacientes– no llegaron al país desde que están vigente los cortes de ruta en la provincia de Entre Ríos alrededor de un millón de viajeros argentinos.

Por eso, la reunión técnica que se realiza hoy en Nueva York es mirada con atención, pese a que desde la Argentina se trató de «torpedearla» antes de su nacimiento, haciendo trascender versiones de que la delegación argentina llevaría a la misma la posición inicial de que la planta de Botnia debía ser relocalizada. En primera instancia, esta posición absurda, que incluso fue avalada por el canciller Jorge Taiana, tiene una clara connotación electoral, pues parecería que el kirchnerismo no quiere perder ninguna posición, ni siquiera entre los piqueteros radicalizados de Entre Ríos, antes de que se realicen las elecciones presidenciales de octubre.

El planteo de Argentina no es considerable, y si el mismo es sostenido más allá de la lógica dialéctica de una reunión de estas características, es evidente que la reunión convocada por el «facilitador» fracasará, quedando para el futuro o para alternativas de otro tipo una solución al ya demasiado largo conflicto.

Uruguay, de acuerdo con lo que sabemos, va con la agenda abierta y con la disposición de discutir todas las soluciones que se planteen dentro de la lógica, como un posible desagüe que lleve las aguas procesadas por la planta lejos de la zona. Incluso a muchos kilómetros de distancia. También se analizarían caminos para crear en los alrededores de la planta una «zona verde», que mejorará la visual desde los balnearios argentinos de la zona que, recordemos, el más cercano se encuentra a siete kilómetros de distancia.

¿Qué más se puede ofrecer? La participación en la comisión conjunta de control ambiental, para medir día a día, hora a hora, emanación a emanación, que la planta no contamine. Este planteo es una reivindicación elemental y Argentina, de una manera u otra, debería integrarse a una comisión de ese tipo que, para defender la salubridad de la zona y los intereses comunes. La misma debe ser binacional para dejar tranquilos a todos los que se encuentran sinceramente preocupados.

Pero aquí surge también otra de las evidencias del doble discurso del gobierno argentino. Mientras la Secretaría de Medio Ambiente, que dirige la ex piquetera Romina Picolotti, propuso como norma básica elemental para aplicar en todas las plantas de celulosa que trabajan en la Argentina que las mismas produzcan sobre la base de una técnica similar a la que lo hará la planta de Botnia en Fray Bentos, el gobierno argentino sigue admitiendo, cuando se trata de Uruguay, que se plantee el traslado de la planta y se sigan cortando los puentes, violentando los derechos de los ciudadanos argentinos que quieren viajar a nuestro país.

Un aquilatado doble discurso ¿verdad? *

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