Ataques a la Iglesia
Llama la atención el permanente ataque a la Iglesia católica y a todo lo que de allí provenga. Las otras noches vi con satisfacción a mi amigo periodista e historiador Lincoln Maiztegui hacer una «parada de carro» con solvencia y energía en un programa televisivo a un conjunto de ignorantes del tema, que denostaban alegremente a la religión mayoritaria absoluta de nuestro país y una de las más numerosas del orbe. Agréguese las interpretaciones «libres» periodísticas ya de hombre como mujeres se les ocurre sobre su milenaria historia, su cultura, costumbres, dogmas ej. celibatos, antiabortos en defensa de la vida, sustento de la unión matrimonial, etc., de una religión como es la católica, interpretada a «gusto de cada uno».
Por supuesto la libertad de opinión, incluyendo el macaneo, es libre. Pero debe respetarse el tono interpretativo de cada filosofía como las religiosas que conllevan creencias por cierto delicadas a sus feligresías que ven en cada una, nada menos que la posibilidad de la salvación eterna con una sana fe en Dios y el Más Allá. Pero estas agresiones actuales al cristianismo no tienen nada de «sanas». Hay quien no cree en Dios y hasta el propio «Altísimo» si la creencia es honrada y leal, no la condena y persona, en su infinita bondad y comprensión.
Lo que carece de perdón es el insulto o generalización mal intencionada de faltas o graves pecados que en forma individual, un representante aislado o unos pocos en el mundo cometen, propio de la condición y debilidad humana común a cualquiera otra creencia filosófica de las muchas que existen. Ya sean pedofilia, homosexualidad, renunciar a sus fines espirituales, etc. Todas las religiones, sin perjuicio de las creencias originales Divinas tienen para sus respectivas feligresías, están administradas por hombres con virtudes y defectos propios de los humanos.
O sea, no se busca la comparación con otras religiones, sino la crítica lisa y llana con el inoculto fin de hacer daño. Los dichos del Papa sobre la Evangelización americana son motivo de escarnio y denostaciones. Se le dice que la religión católica fue impuesta a filo y punta de espada en la conquista. Nadie impedía, y fue notorio que otras religiones, que las habían por cierto, hubiesen llegado al mismo tiempo que los jesuitas en la época. Pero es canallesco asegurar que los jesuitas o religiosos (Dominicos, Salecianos, etc.) hubiesen impuesto la Cruz a sangre y fuego.
Las barbaridades, abusos y depredaciones que por supuesto las habían y muchas, las hizo el conquistador imperial español. ¡No la Iglesia! A título de ejemplo, remitirse a las misiones jesuíticas y sus ruinas en el Paraguay y Bolivia donde aun se ven la cultura, adelantos en artes y oficios desde música, pinturas, escrituras, etc. por lo que fueron expulsados de América y son prueba fehaciente de la Iglesia con los indios. Y por supuesto, se encontraron y tuvieron que superar creencias nativas basadas en temores místicos muchos a los elementos naturales, el sol, el agua, el viento y cambios climáticos del que dependían sus existencias, animales, etc.
O sea, cuando el Papa dice que el indio esperaba la llegada de Cristo con su verdad, será una explicación teológica propia de la fe, pero con un fundamento filosófico que las demás carecían. ¡Que se enoje quien quiera, pero eso no es faltar el respeto ni se impuso la verdad de Cristo por la espada, sino por la razón, que así lo entendieron los indios! Pero, terminando esta interpretación «made in propia» paso a otro aspecto.
Los denostadores, ya que tanto encono profesan, ¿por qué no mencionan y reconocen lo que la Iglesia hace aún hoy, por el mundo en general y por América y nuestro Uruguay en particular? Comparen y mencionen incluso en cantidades, las Universidades, Colegios, Escuelas y Guarderías, Cotolengos para ancianos y discapacitados (el de Don Orione en Av. De las Instrucciones esq. Bvar. Batlle y Ordóñez por ejemplo…), Leprosarios, Hospitales mantenidos por la Iglesia.
Las obras salesianas con niños carenciados en cantegriles educándolos y alimentando al igual que el vilipendiado Opus Dei que está en el mismo trillo, las mencionadas obras jesuíticas misioneras en los territorios más hostiles y agresivos donde miles de curas han perdido y aún pierden la vida por la evangelización de Cristo.
Dice un viejo refrán que obras son amores. Que digan todos estos intérpretes, que en buena medida están llevados muchos por intereses personales justificatorios de sus vidas, que obviamente son condenadas por la Iglesia, y se les resume el odio en sus dichos, si alguna vez fueron a cuidar enfermos en un leprosario como lo hacen las monjitas de la Congregación de la Madre Teresa de Calcuta o de otras similares que en el mundo existen. Cuando se refieren a las riquezas de la Iglesia, buena cosa es preguntarles cómo se pueden, a niveles mundiales, mantener estos logros y obras sin medios económicos.
Claro, es más fácil tildar de facista al Santo Padre porque en la Guerra, de jovencito, como alemán integró el ejército contrario obligado. Ni que mencionar a monseñor Cotugno nuestro arzobispo, al que no pierden oportunidad también de castigarlo con la más pesada artillería de ser posible, cada vez que se manifiesta incluso dogmáticamente sobre elementales principios eclesiásticos como el aborto, la homosexualidad, el divorcio, etc.
Una cosa es manifestar las creencias filosóficas de cada uno, respetables por supuesto, y otras muy distinto agraviar o condenar porque en EEUU (que es particularmente de donde provienen los cargos denigratorios…) un cura cometió un hecho reñido con la moral cristiana y humana. Olvidándose, claro está, de lo que el mundo le debe espiritual, material y humanamente a la Iglesia. Amén. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad