Auge, ostracismo y regreso victorioso de Emilio Frugoni

Cuando en 1905 Emilio Frugoni fundó al Partido Socialista, lo hizo con el objetivo irrenunciable de luchar por el logro de una sociedad más justa, de una sociedad socialista. Sabía que en el Uruguay de ese entonces no había nada de lo que era necesario para una victoria fácil. No había desarrollo económico, no había proletariado, no había campesinado; era la nuestra una sociedad dependiente, precapitalista. Pero la claridad en sus objetivos no le hicieron vacilar en construir el instrumento capaz de proteger a los desposeídos. Por eso, la adversidad no lo doblegó jamás. y fue intransigentemente socialista de la cabeza a los pies. Deberá nadar en un desigual océano, sobreviviendo a tormentas y tempestades, pero él jamás desviará su rumbo aunque debiera sortear escollos que para otros hubieran sido insalvables.

Jamás renunció a sus convicciones ni a los principios que rigieron su ideal. Habrá de continuar con su verdad a cuestas, y su carga de fatalidad hasta la muerte, cosechando derrota tras derrota, en pos de una victoria que no habría de ver, pero con la certeza de que se estaba sembrando para que generaciones futuras recogieran la cosecha. En su larga y titánica tarea, el propio Frugoni recordó más de una vez a sus antiguos compañeros de lucha y de desvelo de la primera hora: » (…) el desinterés abnegado de aquellos compañeros que se gloriaban de sacrificarse por la causa sin retirar por ello ninguna retribución personal, aunque robasen horas de sueño, tras una intensa jornada de trabajo (…) y contribuían con el sacrificio de su pobreza a los gastos de la Organización». Así, con humildad, edificaron el Partido. Lo dotaron de imprenta propia. Editaron «El Socialista».

Lo hicieron digno y así trascendió. Frugoni se transformó en el fiscal de la oposición e hizo de la honestidad un culto, fue la dignificación de la función pública y ejerció el más minucioso cuidado de los dineros del Estado. Su figura fue creciendo y adquiriendo dimensión nacional. Se ganó adversarios por la vehemencia en la defensa de sus principios. pero esos mismos adversarios supieron reconocer la grandeza y ética del gran socialista. Es elocuente el doctor Carlos Ma. Prando, su severo contraventor de tantas jornadas parlamentarias: «(…) cuando en el andar del tiempo haya que señalar el momento inicial de la reforma social, las ideas y la obra de Frugoni quedarán como una columna de fuego y la figura de este luchador se presentará en todo su relieve y al pie de su pedestal podremos poner, como usaban los antiguos, un calificativo para definir los valores radicales de su moral y de su inteligencia, como en el caso de Arístides a quien los griegos llamaban «el justo», Emilio Frugoni, el incorruptible». Y Gustavo Gallinal, encarnizado opositor a Frugoni, expresó: «Estaba yo a los dos día del golpe de marzo, preso en un cuartel de caballería (…) En uno de esos momentos vi pasar por los corredores del mismo cuartel al doctor Emilio Frugoni, que también había sido llevado allí a aquella prisión militar. Del doctor Frugoni me separaban además de divergencias ideológicas, divergencias o rozamientos de carácter personal. Habíamos tenido pocos meses antes algunas vivas discusiones en la Cámara.

Sin embargo, cuando yo vi entrar al doctor Emilio Frugoni, intelectual preclaro, Decano de la Facultad de Derecho, arrancado violentamente por la dictadura de su puesto de Maestro de la Juventud, para ser arrojado a las cuadras de un cuartel, declaro que se sublevó en mi corazón todo lo que había de dignidad ciudadana y que me sentí desde ese momento vinculado estrechamente a él (…)». Y andado el tiempo, aquel pequeño partido iría desarrollando un permanente y sostenido crecimiento. En 1958, ya con problemas internos, contaba con su más numerosa y calificada bancada de su historia. Pero sobrevinieron los dirigentes «renovadores». Es el instante de la crítica de todo el pasado partidario, y la instalación de una nueva propuesta aventurera. El largo y sinuoso proceso incubado por la novel dirigencia se sintetiza en sus Tesis de 1970: «Ya hemos dado suficientes elementos sobre la importancia fundamental que según la teoría científica del marxismo leninismo tiene la forja del partido revolucionario (…) nuestra organización, social demócrata durante muchos años bajo la conducción de Frugoni, perfila desde la década de los 50, una concepción marxista leninista». He aquí la confesión del contrabando ideológico que se propuso el desplazamiento de los antiguos dirigentes y la destrucción del socialismo democrático. Carlos Machado colaboró con sus «aportes»: «La social democracia abjuró del marxismo, afanada en probar que la vía reformista se podía transitar (…).

Frugoni definió al socialismo como «un partido de orden». Rechazó la violencia, «salvo que se cerraran todos los caminos». La interpretación del marxismo desde la nueva óptica leninista consideraba abjurar de él si se afiliaba a la postura de la «evolución revolucionaria». Se entendía como una renuncia al socialismo si se lo definía como «un partido del orden». Quien no se explicitara por la violencia como método no era socialista.

En su apasionado nuevo leninismo llegarían a justificar a Stalin: «Por otra parte, no se puede ser marxista en nuestra época y ser al mismo tiempo antisoviético. La URSS (…) es un factor decisivo en la revolución proletaria a escala mundial. (…) Según nuestro juicio los rasgos del stalinismo (…) fueron verdaderas necesidades en el momento que se plantearon en el curso de la revolución bolchevique». («Izquierda, 30.8.68). Y antes, habían adherido a las posturas mayoritarias aprobadas en la OLAS, en favor de la lucha armada, con la presencia de José Díaz y Reinaldo Gargano. Y con relación a Frugoni habían expresado: «La alternativa es romper definitivamente con el P.S. reformista y frugoniano, y hacer de este PS (…) el partido revolucionario nacional, vanguardia de la clase obrera uruguaya» («Marcha» 5.4.63).

Las experiencias traumáticas de nuestra izquierda, la implosión de la URSS inciden para un leve giro en el P.S. Pero en el «unicato», prevalente hasta ahora, su máximo dirigente, Reinaldo Gargano, declaró en 1990: «(…) tenemos que decir si estuvimos bien o mal en combatir el social democratismo pro imperialista de Frugoni (…) porque manejaba las informaciones del imperio para combatirnos a nosotros» («Alternativa», suplem. especial, 25.10.90), poco después de enviar un telegrama de salutación a Ceaucescu, el criminal rumano, mientras la Europa comunista estallaba en mil pedazos. En tanto Frugoni, mira con sus convicciones de siempre, el triunfo de la «evolución revolucionaria» y a una izquierda que ha dejado de lado el burocratismo y en lugar de hablar, lucha por la construcción de una sociedad más justa. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje