Escrito por: JORGE ROSAS - Ex dirigente sindical, integrante de la red de economistas de izquierda (Rediu)
Sentimos una imperiosa necesidad de tocar el tema con mucha más profundidad de la que habitualmente vemos, o leemos por ahí.
Partimos de la base de que existe un sentimiento de inconformismo, algunos hablan de desencanto, de desilusión. Los frenteamplistas no le queremos dar palos al gobierno, los números aparentemente dan bien, pero, ¿adónde nos dirigimos? ¿Qué es lo que se puede hacer y no se hace? ¿Qué diablos es eso del país productivo? ¿Es verdad que el cumplimiento de los pagos de la onerosa deuda externa condiciona todo el resto de la política económica? Y de ser así; ¿cómo fue que caímos en eso?
A esta altura del debate, nos parece que no hay sino posiciones individuales al respecto, a lo sumo algún sector tendrá sus libretos más avanzados que otro sector, pero no hay una alternativa seria que sea avalada por la izquierda de cómo caminar al respecto.
En primer lugar, no la hay porque en el seno del FA no se llegó a niveles de acuerdos necesarios para que esto sucediese, limitándose entonces el logro de avances en este sentido durante el trabajo de elaboración programática en los años previos a las elecciones de 2004.
El trabajo de la comisión, en este sentido culmina en el congreso “Héctor Rodríguez”, en diciembre de 2003, y no se pudo avanzar más allá de titulares, grandes líneas, y poca cosa más. No hubo acuerdo político para profundizar, entonces se dio una especie de “libre interpretación” de los titulares, por parte de quienes tomaron en sí la responsabilidad de la conducción económica del gobierno, luego del triunfo electoral de 2004. En fin, el equipo económico interpreta el programa según le parece, programa que tiene bastante de cheque en blanco, por lo que dice y por lo que no dice. De aquí surge la importancia que tendrá el segundo Congreso del Pueblo sobre la base del impulso que le darán el conjunto de organizaciones sociales.
En nuestra Latinoamérica hoy día, el camino que transitan aquellos pueblos que se empeñan en construir su propio destino, marcar su impronta y su huella en la historia, marchando por un sendero distinto al de la globalización neoliberal, va encontrando soportes, generando teoría, afirmando verdades que imponen al menos la exigencia de su consideración y debate al seno de la izquierda uruguaya.
País empobrecido, que no es país pobre. Como lo son la gran mayoría de los países del tercer mundo. Generan excedentes económicos más o menos importantes pero no se reinvierten en el país.
Terminan en la banca transnacional, en las respectivas casas matrices de las multinacionales que expolian al país en cuestión, y parte es consumida por una oligarquía nacional que tiene estándares de consumo del primer mundo.
Las grandes mayorías no logran levantar cabeza, la economía no invierte lo suficiente para generar mayor empleo, para aumentar salarios. Todo eso lo sabemos. Eso, ¿cómo se rompe? ¿Con una reforma tributaria? entonces; esta mayor recaudación ¿se destinará a inversión productiva? Y de ser así, ¿esto alcanzaría para emprender un camino alternativo?
Entendemos que el paso fundamental para empezar a romper la dependencia, romper el círculo vicioso de la reproducción del subdesarrollo, es que un país y pensamos en nuestro Uruguay – comience por recuperar la soberanía sobre sus recursos naturales, cualesquiera que estos fueren. Recursos naturales siempre finitos, acotados, la mayoría de las veces no renovables. Esto es el corazón económico de una sociedad. Es la base sobre la cual se edifica, en un proceso de generaciones, todo el tejido económico y social de un país. Y si eso no se tiene, no se tiene nada.
Este es el camino que propone transitar el ALBA. Soberanía sobre los recursos naturales, apropiación de parte del excedente social allí generado. Luego más y mejor planificación acerca de la reinversión del excedente, para posibilitar su reproducción ampliada, para mejorar salarios y estándares de consumo dentro de las capas más humildes, para generar más y mejor salud, educación, trabajo.
Somos de los que pensamos que la soberanía reside en la Nación, y que esta se expresa y se materializa a través del Estado.
Adelantándonos, dando un salto en cuanto al final de nuestra exposición, queremos decir desde ya que nuestra visión de futuro no es una campiña uruguaya poblada de koljoses y soljoses (granjas estatales y granjas cooperativas en la ex. URSS).
Esto claro está, aunque la tierra sea nuestro principal recurso natural. 350 kgs./hás año de producción de pasto en las 7.000.000 de hás. del Río Negro al norte, y el doble, 700 kgs./hás en las 9.000.000 del Río Negro al sur, posibilitan, factor de conversión mediante, la producción promedio de 40 kg de carne hectárea año. O producción equivalente.
Resumiendo, la producción del agro y sus cadenas industriales asociadas; industria frigorífica, láctea, pulpa, papel y madera, hilados y tops, curtiembres, harinas, etc., etc., etc, son por lejos la principal fuente de riquezas de nuestro país. Hay que agregar las riquezas del subsuelo- oro, caliza, ¿gas?, – otros recursos naturales nada desdeñables lo son sin duda nuestra posición estratégica en lo geográfico, las bondades de nuestros puertos y vías navegables, las bellezas naturales, nuestras costas, base de un turismo que genera trabajo y riqueza.
Por supuesto que no pretendemos agotar el listado de nuestros recursos, es sólo un pantallazo.
Ahora, ¿cómo proponemos que la sociedad pase a ser dueña de su destino, que pueda apropiarse de los frutos de aquello que legítimamente le corresponde, según nuestro leal saber y entender? Desarrollaremos este aspecto en una próxima nota. *
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