¿Habrá tierras para los pobres? Ley 18.116

No hay como pensar con convicción para expresar elocuentemente y demostrar que lo que está definido en el juicio, será bien puesto en los labios, y más que decir lo que se está pensando, decir lo que se ha pensado. Pues bien, ¿brotan acaso en la rama las frutas maduras?

No, al árbol se lo conoce por sus frutos y esta ley bastó para nacer ante la histeria de dos diputados puntesteños para que la «Gran Mayoría» se la sirviera en bandeja y así tranquilizar y regocijar a los latifundistas urbanos.
¿Cómo parlamentar con elocuencia y firmeza cuando no se consulta a los involucrados, llámense Ministerios, Organizaciones Sociales, Facultades, etc.?

Pues bien, el Parlamento aprobó esta ley que criminaliza las ocupaciones de tierra y endurece lo que fue una estrategia de supervivencia desde hace décadas por parte de los trabajadores, que ante la desindustrialización gradual y las crisis cíclicas reincidentes, debieron optar entre pagar un alquiler y comer. Este trabajador elige comer y resuelve parcialmente cobijarse de la intemperie en forma precaria, con el sueño de que sea temporal, así como que su falta de empleo sea también parcial o temporal.

¿No se debería analizar profundamente las causas y no los efectos? ¿Será lo mismo la composición actual de los asentamientos desde la implementación de políticas de alquileres en la lógica del libre mercado y sus consecuencias? Los «viejos cantegriles» cuya composición era la emigración del interior de los años 60, producto de la expulsión del campo a la ciudad de mano de obra excluida, son comparables a los «modernos asentamientos» que incluyen a los inmigrantes del interior a la ciudad en busca de trabajo. Aquellos que al desembarcar en «la capital» el pacto del trabajo los vuelve a transformar en emigrantes de la «ciudad» a la periferia, o sea al asentamiento, porque vuelven a poner en la balanza pagar el techo o comer.

La desesperación o falta de opción no se debe criminalizar o penar, la falta de inversión en tierras y viviendas sí se debe condenar, pues no son los efectos que hay que combatir sino las causas, que entienden a la vivienda como una mercancía y no como un derecho.

Este bien inelástico que es la tierra debemos bregar y luchar por su uso social y el criterio de tenencia, pues al decir de un hermano exiliado «mientras la gente no supere la Ley de Gravedad y aprenda a caminar en el aire, necesitará tierra para afincarse y transformarla colectivamente».
Aprobar una nueva ley reviendo la actual es pensar con convicción y actuar en consecuencia.

Eso sí, consultando y generando participación contra el pensamiento único que sigue analizando a la vivienda con la lógica de los centros financieros internacionales y actuando como autistas, sólo viviendo su mundo sin ver y entender la realidad que le transcurre ante sus ojos.

La Reforma Urbana no es una consigna, es una forma de ver el uso democrático a la ciudad y el acceso a ésta con igualdad de oportunidades, si no veremos ­al decir de Galeano- que cuando se cayeron todos los muros se sigue levantando uno invisible y es el que divide Avda. Italia con barrios privados de un lado, y del otro ver privado de barrios por falta de tierras a los que menos tienen.

La movilización de Fucvam para el día 2 de junio nos hará reflexionar desde La Teja (con Cartera de Tierras en la asunción de Tabaré como intendente), a esta situación actual como Presidente, porque la tierra es para el que la trabaja y esta no le pertenece al hombre, el hombre pertenece a ella. *

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