Perfidia de las denominaciones
Las clases reaccionarias y sus representantes en los diversos ámbitos suelen utilizar un lenguaje semicríptico para decir lo que piensan y proponen, de modo tal que tales conceptos no expresen verdaderamente su real contenido y pasen entonces inadvertidos o bien disimulados en la medida de cuanto tienen de negativos. Se trata de una técnica difundida internacionalmente.
En ocasión del reciente acto en 18 y Ejido, Tabaré Vázquez señalaba que la derecha llamaba desregulación a lo que eran realmente privatizaciones. Aquí tenemos a la vista amenaza y ejemplo.
En el año 80, cuando las trasnacionales de los países ricos se trasladaban masivamente a los países tecermundistas de bajos salarios para obtener así mayores ganancias manteniendo sus precios, me tocó toparme en la Onudi donde trabajaba, con la expresión redespliegue industrial que enmascaraba lo antedicho con tal expresión equívoca, vaga y acaramelada.
Carlos Santiago –en nota de esta página el día 30 de setiembre– se ocupaba de la globalización a la cual mostraba como expresión elusiva de la nueva fase del imperialismo. Y tenía razón porque la llamada mundialización o globalización no es sino un fórmula concebida en el imperio, para aplicar internacionalmente las formas sociales, económicas y culturales que expresan y favorecen al imperio del capital, capitaneado hoy con métodos bélicos por los EEUU como antes lo fuera por el imperio inglés en auge, con la diferencia de que entonces había variados poderes en juego, mientras que hoy los gringos dominan la escena.
Pero este imperio actual que se apoya en su fuerza, maneja paralelamente otros métodos, entre ellos las técnicas monopólicas de penetración ideológica, ofrecidos por los media y en especial por una televisión sobornada en casi todos los países del mundo, Uruguay incluido, para difundir y defender una cosmovisión o sistema de valores que pasa por alto toda herencia cultural local específica y diferente, histórica o patriótica, o bien se afana por rebajarla, a la vez que liquida todo espíritu crítico.
Como es obvio reitero lo que a la TV uruguaya se refiere específicamente porque deslumbra de claro.
La globalización camina con dos piernas, como hubiera dicho Mao, el líder liberador de China. Una pierna es la explotación de los pueblos en que se incluye la destrucción de sus estructuras económicas y culturales, y la otra pierna, el trabajo de convencimiento al pueblo candoroso, liso y llano, de las virtudes, exquisiteces y ventajas del sistema opresor que los destruye.
Allí reside la amenaza neoliberal más grave que, mediante la universalización de sus valores y su idioma –el inglés, casi una actual lingua franca— liquida todo espíritu crítico, cultural, histórico y artístico. Todo queda sometido a un sistema de fórmulas y valores imbécil, inculto, inmediatista y disneyniano que resulta realmente asfixiante e insoportable para toda persona pensante o sensible.
Una tarea de la izquierda en los tiempos que corren es combatir y denunciar la imbecilización cultural estadounidense introducida por los medios de comunicación –prensa, TV, cine– en la vida de los países, entre ellos el nuestro. Tal sería la manifestación de su espíritu crítico sin el cual no existiría como valor humano digno de respeto.
Con el mismo pérfido método, hasta los bombardeos e intervenciones en otros países que se resisten al yugo –Irak o Yugoslavia– se ofrecen con la denominación de defensa de la democracia, para lo cual no faltan corifeos a escala internacional y nacional. De los tonyblaires a los javiersolanos y demás, toda ella gente sumisa al poder imperial de los EEUU.
Si no tuviéramos la esperanza de que en un largo proceso los hombres irán revirtiendo poco a poco este estado de cosas con luchas, guerras y revoluciones, al costo de su sangre, no valdría la pena confiar en la izquierda y su gente, que es el motor de un futuro país humanizado.
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