No tiene la culpa aquel demonio, sino este

Confieso que cuando me enteré del proyecto de «reparación»(?), que plantea, como es de su costumbre, en forma totalitariamente inconsulta, este gobierno, travestido de progresista desde la época electoral y con antecedentes de la fuerza política que lo impulsó, para serlo realmente, sentí una mezcla de malestar, alteración anímica, indignación y un dejo de asco indisimulable, ya que no sorpresa, cosa que no me había ocurrido aún con los sucesivos desaciertos que le he venido señalando, aun desde antes de su asunción constitucional. Y ese asco parece devenir directamente del segundo acto de travestismo, originado, nada menos que en la situación de la apropiación insensible de vestiduras ensangrentadas por los mentores y ejecutores de actos aberrantes de terrorismo de «estado».

Y confieso , también, que mi preocupación ha ido en aumento, luego de oír una serie de opiniones de longevos opinantes, que a través de las ondas de radio, se han esmerado en remarcar unilateralmente, el desleído origen «garciapintesco», del proyecto, sin animarse a decir una sola palabra sobre la responsabilidad que le cabe a éste gobierno curatoriado por Tabaré Vázquez, en la mayoría de los casos, por omisión a manifestarse en contra de ciertas perturbantes y perturbadas decisiones, que a falta de mayor información, parecerían surgir en exclusividad del magín del susodicho.

Y esta patología, no es la primera vez que aparece en la opinión pública. Ya en el caso de la reciente venida del genocida, hasta se organizó y realizó una manifestación convocada por apreciados y connotados interlocutores (léase PCU, PIT-CNT, FEUU y Fucvam, entre otros), en la que , seguramente, para evitar la abstención de importantes núcleos de «público» políticamente descerebrado, y para «no mezclar en esto» al gobierno, se omitió deliberadamente toda mención a la responsabilidad ineludible e inocultable que tuvo éste, en el infausto apadrinamiento del desembarco efectuado aquí, como parte del «yiro» imperial, por los pocos focos que le quedan aun abiertos (de piernas), en momentos en que éste sufre su mayor boicot , de parte de todos los pueblos dignos del mundo.

También confieso de que, a pesar de que este gobierno ha dejado de ser ya, ideológicamente, «el mío», aún mantenía una esperanza de que la fuerza política que le ha dado origen luego de esforzado parto (nunca mejor argumento para apoyar el aborto por razones de salud vital de la «madre»), tuviera un mínimo de dignidad y asumiera que hay momentos en que se debe llamar a entrar en razón, a sus mandatarios (que eso son, ¿o no?) del gobierno, cuando se visualiza que han tornado en mandaderos de otros espurios intereses.. Sobre todo cuando, a través de un montón de exabruptos sin solución de continuidad, se ha declarado en desafiante subversivo de los órdenes internos que lo relacionan con su prestigioso origen. (léase violación deliberada y contumaz de principios irrenunciables que hacen a la esencia del origen de la fuerza política que le diera origen y potestades de mandatario.).

Estoy a la espera de lo que ocurra «a la interna» del FA, pero desde ya anticipo que no podría seguir perteneciendo a una fuerza política que por acción u omisión, esté dispuesta a continuar con el triste papel de «furgón de cola», que parece habérsele asignado, desde el subvertido iluminismo personal que se ha autoasignado en el organigrama jerárquico, el gobierno.

Y también, conste que ya no me voy a conformar, como ocurrió en la caso de Tratado de Protección de Inversiones Yankis, en el cual, a la «original» propuesta de J Batlle, se le cambiaron dos puntos y tres comas, logrando un real efecto de empeoramiento del texto, que se vio, era posible, para impresionar a los legisladores y lograr su connivente aquiescencia.

Porque, seguramente, detrás de las «pilchas» con que se trate de vestir el engendro, se traslucirán los ensangrentados uniformes » de tareas» con que se camufló el terrorismo de estado . Que finalmente logra, a través de un demencial dislate gubernativo, la legalización, nada menos que, de la teoría de los dos demonios, no aceptada a través de mas de treinta años de rebeldía y resistencia popular. Hoy parece ser cierto que hay dos demonios. Pero que quede claro que, no tiene la culpa aquel demonio, que en aras de sus insanos pensamientos, la diseñó, sino éste, que le rasca el lomo, y le pide prestadas sus «pilchas».

Por eso, a la fuerza política no lo queda otra salida digna que:

1-Solicitar imperativamente al Poder Ejecutivo que retire de circulación el engendro, so pena, en caso contrario, de pasar los antecedentes de la inconducta al TCP, y por las dudas,

2-Mandatar a los legisladores para inviabilizar cualquier intento parlamentario de materializar el mismo.

En ese único camino digno, nos seguiremos encontrando.

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