Elecciones juveniles
Los tiempos cambian. No es una frase hecha sino una realidad. Hay momentos que se marcan en los pueblos y sus políticas, ciencia por cierto muy dinámica, costumbres diferentes, situaciones distintas y hasta modalidades contrarias. Hay pueblos, el inglés es uno, muy apegado hasta con exceso, a mi gusto, a los más añosos estilos que aunque puedan caer simpáticos para los ajenos, en los hechos pueden perder practicidad. Claro, se puede alegar y es cierto que son idiosincrasias diferentes. Macanudo.
Pero a países jóvenes como los americanos, con necesidades inmediatas, si bien hay principios y banderas inamovibles en todo partido político, las formas, metodologías y particularmente las caras visibles de sus jerarquías es indispensable recortarlas y mostrar otras imágenes que difieran de la gerontocracia de siempre. El Partido Nacional lo entendió. Y seguido a eventos tradicionales de fechas gloriosas y tocantes sentimentalmente, por primera vez como colectividad política, organiza electoralmente con empuje y gran éxito aparente realiza una elección de juventudes desde donde democráticamente saldrá una mesa y convención paralelas a niveles de generaciones nuevas y renovadas. O sea, una usina de nuevos dirigentes. Con viejas banderas y principios, pero con ideas y metodologías que el tiempo juzgará el acierto de las mismas. Es importante, en un momento de quietud proselitista y manteniéndose en la población un descreimiento en la función política y su clase tradicional dirigencial, la efervescencia y entusiasmo que a nivel de los 19 departamentos se constata a simple vista. Lucha de listas en posiciones variadas con sentimientos muy limpios y sanos de muchachada que está luchando, no por posiciones remuneradas económicas o políticas u otro interés material, sino por la vigencia y cariño por su Partido Blanco. De todo esto, bueno es sacar conclusiones que, aunque simplistas, no dejan de ser crudas realidades. Se ha dicho, a mi criterio con razón, que somos un país con tendencia política bipartidista. Si bien hubo dos o tres elecciones la lucha fue entre tres colectividades, no es menos cierto que el Frente resumió en un solo lema diversas doctrinas y tendencias distintas para competir en su oportunidad. Por separado como en otras épocas, carecía de posibilidades. Lo lograron y en su momento con una dinámica diferente, lograron el triunfo. Sin perjuicio de otras inquietudes que los ayudaron. Los partidos tradicionales en cambio mantenían esquemas por cierto anquilosados en sus apariencias. Particularmente en sus figuras muchas veces gastadas, apoltronadas y con bulones de acero en los sillones, aristocratizando situaciones y muchos vicios, sin querer darse cuenta del cansancio y aburrimiento de la ciudadanía que pedía cambios. Es notorio que los blancos nos dimos cuenta. Y en una colectividad de actitudes muy sentimentales, donde los íconos partidarios, las grandes gestas que las tenemos, tradiciones en que se incluyen cancioneros, himnos, poesías y anécdotas muchas de ellas hasta familiares que nos enorgullecen, pesar un quintal, se tiene el mérito de promocionar nuevas imágenes o caras. Se remozan los futuros cuadros partidarios fomentando y creando un entusiasmo y fanatismo muy útil en cualquier colectividad del mundo político. También es cierto que hemos tenido la facilidad del perfil emocional de los blancos y su historia con raíces de patria misma.
Otras colectividades, tal vez más positivistas y materialistas anquilosadas en el poder, carecen de la misma catapulta. La conjunción de ambos aspectos, el tradicional y la renovación de valores, se ha hecho notar en la propia calle. Por lo dicho, la importancia de esta elección interna del sábado 12 de mayo crea una expectativa nacionalista de prometedores augurios.
No faltará algún cantautor medio poeta que tenemos y muy buenos. Imagine, aparecer entre ponchos de nubes a don Manuel, Aparicio y Leandro Gómez con una tropa de gurises de refresco, acariciando viejas banderas. *
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