Importancia del Parlamento del Mercosur
D ecir que el Mercosur se democratiza con la puesta en funcionamiento de su Parlamento es, quizás, un exceso vinculado a valorar como esenciales para el sistema estos mecanismos de debate en que se profundizan, como en este caso, temas comunes del acuerdo regional pero, en que además, no sólo estarán representados legisladores de todos los países miembro, sino hombres y mujeres vinculados horizontalmente con otros representantes, de países hermanos, con las mismas afinidades ideológicas, afines a las líneas de los gobiernos o a las de la oposición a los mismos.
Por supuesto que sabemos que recién se puso en práctica un paso previo al funcionamiento de dicho organismo, pues los representantes de los países presentes en los actos de inauguración que se realizaron en una sede transitoria, el Palacio Legislativo, fueron designados no por los pueblos sino por los Parlamentos integrantes del acuerdo regional.
Falta la instrumentación de los mecanismos de elección de los representantes en cada uno de los países que, de acuerdo con lo que se resolverá en los mismos, irán completando una integración que se realizará por tramos, de acuerdo con la fecha de las elecciones de cada uno de los países integrantes del acuerdo regional. Este año Argentina tendrá su elección y podrá integrar a sus mercolegisladores definitivos y así sucesivamente, de acuerdo con los tiempos electorales de los distintos países.
Será un organismo en el cual se producirán alineaciones supranacionales, acuerdos o desacuerdos políticos profundos que entrelazarán las posiciones de los representantes de los distintos países que, además, portarán distintos bagajes políticos y culturales. Una experiencia evidentemente trascendente que tiene como antecedente la espléndida vigencia del Parlamento Europeo, que es otro acuerdo regional que luego de muchos forcejeos y desencuentros ha producido una igualación para arriba de la que han salido favorecidos, como es ostensible, los países, que al comienzo de la experiencia de la Comunidad Europea eran los menos desarrollados. Los ejemplos de España y Portugal son espectaculares y ninguno de estos dos países ha sufrido el «ninguneo» redivivo que se multiplicaría en la vigencia de esta experiencia mercosuriana, como sostienen algunos dirigentes políticos y destacados intelectuales que se han manifestado contrarios a la puesta en funcionamiento del mismo.
No cabe duda de que el Parlamento del Mercosur es un avance muy importante para la consolidación del proceso de integración regional, lo que puede determinar también una mayor efectividad en la implementación de los acuerdos y las resoluciones que se adoptan en el marco de las instituciones del organismo regional.
Pero además, es importante señalar que en el mismo no estarán representados los gobiernos, sino legisladores electos por la gente, quizás de las más opuestas corrientes políticas, que podrán llevar al seno de cónclave regional una voz de tinte distinto, en la que el juego democrático se haga más ostensible. Sostener que los representantes de los países mayores – como han hecho algunos personajes que intentan impugnar la iniciativa ante la Suprema Corte de Justicia – reafirmarán sus travesuras violatorias de la unión aduanera, como ha sido una práctica habitual y deleznable de Argentina y Brasil, reafirmará esa práctica viciosa, es tener una visión muy corta del significado que tiene el acuerdo regional, su futuro y la necesidad que tienen los países de la región de consolidarlo dentro de un marco de igualdad para que el crecimiento sea homogéneo y que permita el desarrollo y el progreso de todos los pueblos de la región en su conjunto.
¿Alguien puede sostener como posible el desarrollo de Brasil y Argentina a costa de impedir el ingreso de algunos productos de Uruguay? ¿Esa puede ser una política permanente? Más bien parecen alternativas coyunturales producto de rémoras proteccionistas todavía no superadas y no de líneas de conducta permanentes.
Creemos que esas alternativas negativas deben determinar respuestas concretas y puntuales para desenmascarar los intereses que tienden a expresarse de diversas maneras y que requieren, por supuesto, una clara respuesta de Uruguay, que no puede siempre «lamentarse» por lo ocurrido, sino que es necesario que actúe.
Y, por supuesto, el Parlamento del Mercosur no será un elemento para reafirmar la injusticia de esos manejos, sino por el contrario, un ámbito de denuncia que servirá para poner en evidencia todas las prácticas desleales e incluso buscar alianzas para eliminar las trabas que todavía persisten en este acuerdo regional que necesita, eso sí, un largo camino de maduración. *
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