Se están olvidando de mi prima

En pleno 2007 y con varios meses manejando el timón, me preocupa la manera en que el gobierno quiere resolver los problemas de la gente. Apoyamos el cambio en su momento, porque queremos vivir diferente a lo que tanto colorados como blancos fueron acomodando, pero resulta que pasa el tiempo y los jubilados seguimos recibiendo las mismas promesas y limosnas de siempre.

Hubo un Parlamento uruguayo que hace 40 años votó una ley general que se fue cumpliendo hasta que los dictadores de turno quisieron pasarle por arriba, inventando varios decretos infamantes. Al volver la democracia, nadie hasta ahora levantó la mano para anular esos frenos impuestos a la Seguridad Social. Y así estamos más de 100.000 ancianos que, al llegar a los 70 años, no nos pagan lo que marca dicha ley.

Estamos hartos de reclamar y ahora quisieron hacer algo y plantearon pagar cuando lleguemos a los 80 años, cosa que fue criticada y finalmente resolvieron beneficiar sólo a quienes cuentan con varias condicionantes. Provocando de esa manera una discriminación entre quienes hemos aportado más o menos a la cantidad determinada por los economistas gubernamentales.

Así no podemos entender la democracia, ya que la intención inicial fue otorgar el beneficio solidariamente a quienes llegasen a vivir más de siete décadas y recibieran ese premio para los últimos años de existencia. Además, quienes pregonan el progresismo ya tenían que haber anulado el atropello cometido canallescamente.

Un presupuesto frenteamplista no puede olvidarse de cada uno de los beneficios sociales que alcanzó el Uruguay, ya lo mencionó el Presidente de la República en varias oportunidades. Se lo dijo a los delegados de los pasivos que recibió hace pocos días y es entonces el Parlamento que debe aprobar las medidas que rectifiquen esta injusticia.

Hablar en esta época de ajustes salariales es afectar la sensibilidad de los responsables del gobierno, ya sean el ministro de Economía, como el resto del equipo económico, aunque aquí no se trata de reclamar que se aumenten las jubilaciones y pensiones del BPS, sino que se está pidiendo el cumplimiento correcto de una ley aprobada por unanimidad por la Asamblea General y que quiso ser desconocida por los dictadores.

Si será importante el tema, ya que cuando nos consideramos como defensores de los derechos de cada ciudadano fuimos buscando diferentes trabas que ayuden a disminuir un gasto considerado innecesario. Que el anciano tiene que ganar menos de determinada cantidad de pesos y luego que si integra un grupo familiar que exceda de otra cifra impuesta por los perentorios administradores, entonces pierde los derechos según ese criterio. De esa manera ignoran lo que legislativamente está rigiendo y consiguen resultados favorables a sus balances.

Hay que vivir hoy en día, salir a la calle y comprobar que nos aumentaron la leche hace pocos días, también el pan, las verduras, las mutualistas, los remedios, el boleto, el supergás y nos avisan que hay que esperar hasta enero del año que viene para el próximo ajuste.

De esta manera a Mi Prima no la veo más, porque me doy cuenta de que trabajé para morirme cuanto antes mejor, así no molesto a quienes me tienen que pagar.

Si hay conciencias en el progresismo, en estos días deberán aparecer soluciones para quienes empujamos muchos años, creyendo en el futuro de nuestro país. *

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