La inversión extranjera en América Latina
L a inversión extranjera en América Latina y el Caribe llegó a 72.400 millones de dólares en el año que pasó (2006), habiendo crecido el 1.5% con relación al año anterior, pero la participación de la región, según los datos manejados por la Comisión Económica para América Latina (Cepal), volvió a caer en relación con el resto del mundo.
Ello parece un contrasentido ante el proceso que vive la región que sigue creciendo a un ritmo mucho mayor que en el pasado y sigue siendo atractiva para la inversión extranjera directa. Sin embargo, para las autoridades de la Cepal, este contrasentido tiene una explicación vinculada a la necesidad que tiene el continente de mejorar el ambiente de negocios, el entorno macroeconómico y las capacidades locales, como el capital humano, «la base de proveedores y la infraestructura científica y tecnológica», según indicó el reciente informe.
Este concepto se entronca, por supuesto, con la necesidad que ha manifestado el rector de la Universidad de la República, ingeniero Rodrigo Arocena, de que se aumente en forma sustancial la inversión que el país debe hacer en investigación científica y tecnológica. Como es de conocimiento público, Uruguay es uno de los países del continente que menos invierte en investigación, tan solo medio punto del PBI, suma irrisoria, si la comparamos con la de los países desarrollados e, incluso, de algunos de América Latina que están forzando el esfuerzo en estos rubros para aggiornar las economías de países. Sin embargo, de los cómputos de Cepal extraemos otro dato interesante: nuestro país es el que ha tenido la mayor inversión directa per cápita, que por supuesto tiene relación con la población del país y la importantísima contribución directa realizada para la construcción de la planta de la empresa Botnia.
Pero, desde otro punto de vista, quizás en Uruguay todavía no se haya comprendido la necesidad de crear las bases para un desarrollo adecuado y permanente a las necesidades del país y de la región, no basado solo en la mejoría circunstancial de las coyunturas internacionales que, desde comienzos del siglo pasado, ha sido el único mecanismo que ha impulsado por etapas al país con la venta al exterior de materias primas sin elaborar, los llamados commodities.
El gran desafío está en desarrollar capacidades que permitan atraer tipos de inversión que contribuyan al crecimiento y al desarrollo de los respectivos países sobre la base del aumento del empleo. El ejemplo de Botnia es importante, porque significa una expresión de inversión directa de capital, destinada a industrializar un sector, el maderero, que había tenido un crecimiento exponencial pero sin estar vinculado verticalmente a una industria transformadora que determinara la utilización de mano de obra intensiva.
Es sorprendente y aleccionador otro de los datos que da Cepal en su informe: en el año 2004, el total de las inversiones externas provenía de los países desarrollados, en 2006 esa cifra cayó al 40%, mientras creció el aporte de compañías trasandinas y de las naciones en desarrollo. Esto permite concluir según el trabajo que la región se está adaptando al proceso de globalización.
Veremos cuál es la evolución de Uruguay, cuáles son los caminos que comienza a recorrer para insertarse de manera activa en este mundo competitivo. Los caminos, claro está, quizás parezcan novedosos para los que vivimos en esta tierra purpúrea, pero por supuesto son simplemente de adaptación a una situación de la que no podemos estar ajenos.
El futuro será nuestro si trabajamos con inteligencia para alcanzarlo. De otra manera nos quedaremos, como tantas veces, en el camino mirando lo que ocurre en el resto del mundo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad