Un decálogo para una nueva integración
En los espejos mencionados en la anterior columna debe observarse el presente y sobre todo el futuro de la integración de América Latina, que tiene que ser definitivamente nueva y distinta. Tanto la experiencia de la Unión Europea como la hasta ahora ensayada en sus propios predios, deben servir de modelos para saber lo que debe hacerse pero sobre todo lo que no debe hacerse, partiendo del hecho de que los problemas fundamentales de todos los países de América Latina y el Caribe lo constituyen la pobreza, el analfabetismo, el deterioro de la calidad de vida, el desempleo, la brecha tecnológica, pero también, por supuesto, la insuficiencia del crecimiento económico, la deuda externa, los problemas en el ahorro interno, en la distribución y redistribución del ingreso, el deterioro en los términos del intercambio comercial con sus más importantes socios y otros.
Dicho esto, pasemos a identificar el decálogo para una nueva integración latinoamericana.
1. Requerimos un modelo de integración que no coloque los temas laborales y los derechos humanos como asuntos secundarios, sino que formen parte medular e integral del mismo. Ni el crecimiento económico, ni la integración son fines en sí mismos, son fines cuya justificación está en la medida en que mejoren las condiciones de vida de la mayoría de la población.
2. Es un hecho real y tangible, la existencia de inmensas disparidades en los tamaños de las economías y en los niveles de desarrollo existentes entre nuestros países, de allí que las negociaciones comerciales entre estos se dan en la actualidad en condiciones de profundas debilidades, tanto en las economías como en las condiciones mismas de la negociación. Para una nueva integración es necesario incorporar de forma expresa mecanismos e instrumentos precisos orientados a disminuir estas disparidades. En este sentido, es imprescindible la participación de los Estados en el impulso de políticas de desarrollo (políticas de desarrollo regional, industrialización, impulso de cadenas productivas, fomento tecnológico, generación de empleo, infraestructura).
3. La prioridad debe ser la integración del continente latinoamericano como vía para mejorar las condiciones económicas y sociales de las mayorías pobres del continente, pero a su vez, para fortalecer la capacidad negociadora, como bloque, frente a terceros. Por esta razón, son importantes los compromisos de avanzar en forma acelerada hacia la creación de un área de libre comercio entre los países, bajo los principios fundantes de Aladi, esto es, «la promoción y regulación del comercio recíproco, la complementación económica y el desarrollo de las acciones de cooperación económica que coadyuven a la ampliación de los mercados», como se sostiene en el Tratado de Montevideo, Capítulo 1, artículo 2.
4. La nueva integración debe responder siempre a la necesidad de fortalecer la capacidad negociadora de América Latina y el Caribe, pero con características y orientaciones diferentes a la prioridad absoluta de las relaciones de libre mercado que han caracterizado hasta el momento las negociaciones y los acuerdos de libre comercio entre los países de América Latina y países del mundo desarrollado.
5. Los procesos de integración de América Latina y el Caribe tienen que darle la debida prioridad al desarrollo de los mercados internos, los cuales se encuentran limitados en los países más grandes –y mucho más en el resto del continente–, entre otras razones por las profundas desigualdades sociales existentes en todo el continente, donde apenas una pequeña minoría de la población, que no supera el 20% tiene acceso a niveles de consumo.
6. Se necesita un proceso de integración que, además de debatir sobre áreas de libre comercio, también comience a debatir sobre la creación de áreas libres de analfabetismo, áreas libres de desnutrición infantil, áreas libres de gente sin vivienda, áreas libres de destrucción ecológica, áreas libres de desempleo y áreas libres de deuda externa. Esta integración, más que una integración para beneficiar sólo al capital, debe ser una integración de pueblos, esto es, una integración para beneficiar al ser humano. Como lo dijo el Presidente Hugo Chávez en la Cumbre Social de Cochabamba: «Los pueblos son el alma y el músculo de cualquier esfuerzo serio de integración».
7. La nueva integración latinoamericana y caribeña tiene que ser complementaria, esto es, el acercamiento de las economías de América del Sur debe lograrse sobre la base de la complementariedad de las economías por encima de las competencias.
8. La nueva integración de América latina y el Caribe debe ser solidaria, lo cual significa que las relaciones entre los países de América Latina debe hacerse sobre bases solidarias y de ayuda mutua, como el ejemplo de la Alternativa Bolivariana para Las Américas (ALBA), iniciativa de integración entre Venezuela, Cuba, Bolivia, ahora Nicaragua y algunos países del Caribe, la cual pone el énfasis en temas que son sensibles a la mayoría de los habitantes de este subcontinente como los referidos al campo político, educativo, la salud, la calidad de vida, aspectos dejados de lado por los acuerdos comerciales típicos.
9. La nueva integración debe contemplar los principios del comercio internacional de la reciprocidad y los de la gradualidad que significa respetar y reconocer los niveles de desarrollo y sus disparidades y, por supuesto, debe siempre existir el respeto mutuo, que no es otra cosa que el respeto a la toma de decisiones en forma autónoma y soberana. Como diría Noam Chomsky: «La integración es un prerrequisito para una independencia genuina» (Ultimas Noticias, domingo, 7 de enero de 2007, 33).
10) El escritor italiano Humberto Eco, en su novela La misteriosa llama de la reina Loana, comienza con una pregunta: ¿Y usted cómo se llama?, y a partir de allí todo se desarrolla en búsqueda de la identidad de Giambattista Bodoni, Yambo para los amigos, hombre de sesenta años, quien al despertarse una mañana en una cama de un hospital es incapaz de recordar a su mujer y a sus hijos, su profesión, ni dónde vive y cuáles son sus gustos a la hora de comer y de beber. Toda la novela es precisamente la reconstrucción del pasado de Yambo para llegar a saber finalmente quién es, en otras palabras, es la búsqueda de su identidad.
En definitiva, no estamos con Yambo, buscando identidad, la tenemos muy arraigada y debemos mostrársela al mundo.
Y dentro de esa identidad, encontramos hoy voluntad política de muchos de los gobernantes de nuestra América, como diría José Martí. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad