Atando cabos sueltos
Uruguay: escenario de un ¿nuevo? enfrentamiento geopolítico en Latinoamérica. Por un lado Brasil, para mantener un liderazgo hoy cuestionado, y de otro el eje Bs. Aires Caracas que, con un fuerte discurso de afirmación de soberanías nacionales, por ende de contenido antiimperialista, gana espacios en la región.
Que tengamos claro la actual disputa por el liderazgo regional y cómo éste se manifiesta, ayudaría a entender muchas de las acciones que Brasil, o sus empresas de 1ª línea, emprenden en el ámbito regional.
Tampoco se nos escapa que Pdvsa es bandera y punta de lanza en las políticas de Venezuela hacia la región. El conflicto por el liderazgo entre países pasa al terreno del conflicto entre empresas, especialmente en el escenario conformado por aquellos países en disputa.
Esto puede ejemplificarse con el actual caso de los planteos de Camargo Correa, – multinacional brasileña, con un fuerte desarrollo en áreas como cemento (12 plantas en la región, que compró Loma Negra, de Amalita Fortabat y «asociada» con Ancap) construcción, textiles (vestimenta y calzado), cadenas de supermercados, entre otros negocios..
Antes de seguir con el ejemplo debemos tener en cuenta que las «piezas» que cada contendiente mueve en este tablero tienen distintas estrategias y apuntan a distintos objetivos.
En el caso de Brasil, sus piezas son verdaderas multinacionales y actúan como tales, además de tener vínculos directos con Itamaratí, ejemplificando el clásico capitalismo de Estado. Petrobras es una multinacional que cotiza en la Bolsa de Nueva York, y si bien es una compañía de «Bandera», en el sentido de que hay representación accionaria del Estado brasileño en su casa matriz, ha ido expandiéndose cual un verdadero pulpo en 5 continentes en asociaciones con capitales privados, y mismo dentro de Brasil desde años que está en la misma senda.
Pdvsa privilegia exclusivamente asociaciones o alianzas con otras empresas estatales, en especial petroleras, pero llegado el caso oficia de nexo, financia, y promociona acciones que al Estado venezolano le interesa llevar adelante en razón de su visión política, involucrando en esto empresas de sectores distintos, siempre estatales.
En concreto: el primer preacuerdo de estudio de factibilidad entre Pdvsa y Ancap para desarrollar una planta de cemento con las calizas del Queguay data de setiembre de 2005. Tres meses para estudiar la viabilidad; como es usual, antes de los tres meses se firma un segundo preacuerdo (diciembre 2005), y luego un tercero (diciembre 2006), que amplía considerablemente el volumen del negocio. Incorpora un intercambio de cemento por carbón (para los hornos de la planta, lo que abarata sensiblemente el costo de producción del cemento, poniéndolo a tiro y aún más barato que los precios regionales), garantiza la compra de al menos 500.000 tn. de clinker por Venezuela, y financia todo el negocio el banco Bandes, pagándolo Ancap con el cemento exportado a Venezuela.
La planta cementera queda en propiedad de Ancap, explota yacimientos de Ancap, con gestión de Ancap. Como yapa, el negocio nos permitiría abrir una línea de navegación con carga completa ida y vuelta, y de aquí no sólo llevaría cemento, sino lácteos, cubiertas, etc.
Para nosotros, es ejemplo de lo que debe ser el desarrollo, y de las relaciones entre países solidarios. También concreta esas benditas palabras que a veces parecen tener un contenido hueco: País Productivo con Justicia Social.
Pero el diablo metió la cola; léase Camargo Correa. Su propuesta es una cementera con los mismos yacimientos. Totalmente inferior en cuanto a ventajas para Uruguay. Se apoya en el viaje de Lula a Uruguay, febrero de 2007. Alcanza para frenar, distorsionar, hacer lobby, «Es Brasil, no se le puede ningunear», se puede escuchar aguzando el oído en algún pasillo de determinado ministerio. «La propuesta va a ser mejorada«, «no son excluyentes», se puede escuchar en algún otro pasillo.
Camargo Correa ve claro que el convenio con Pdvsa coloca a Ancap como fuerte competidor regional en el sector cementero, con tecnologías de última generación y combustible barato, lo que no desea. Aumenta su preocupación si le sumamos la ampliación y reforma de la refinería de La Teja, y la participación con Pdvsa y Enarsa en la exploración y posterior explotación de crudos extrapesados en la faja del Orinoco.
Para nuestros objetivos de soberanía, valorización de nuestros recursos naturales, defensa de nuestras empresas públicas y de país productivo con justicia social, no hay dudas: la propuesta de Camargo Correa ni debería considerarse. Pero debemos estar atentos de que no prevalezcan intereses ideológico-políticos con fuerte incidencia de Brasil e, indirectamente de EEUU, con objetivos opuestos a los mencionados. *
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