La violencia no es cosa nueva en EEUU
Lo ocurrido en la Universidad Tecnológica de Virginia impactó al mundo. La locura asesina de un joven coreano terminó con la vida de 32 personas inocentes en ese ámbito universitario, en la masacre mayor de ese tipo que se recuerde en los Estados Unidos.
Sin embargo, más allá de los determinantes sicológicos que pueden haber impulsado al estudiante coreano a ser protagonista de esa infrecuente matanza de seres totalmente ajenos a sus objetivos mediatos, es evidente que debemos plantearnos algunas reflexiones sobre el ámbito donde se produjeron los hechos, un país en el cual no existen controles de ningún tipo para la tenencia de armas de fuego, lo que además está garantizado por la segunda enmienda de la Constitución de los EEUU y refrendada por diversas decisiones de la propia Justicia norteamericana que ha fallado a favor de los que poseen armamento en diversos casos puntuales.
El coreano asesino, un muchacho claramente trastornado, con exhibir tan solo sus documentos de identidad pudo adquirir legalmente una pistola de guerra que fue una de las armas utilizadas para la matanza.
Ese es el panorama doméstico en un país donde, además, se vive una superestructura en que se hace culto de la muerte, a la agresión y tradicionalmente se trata de imponer, con la utilización y la supremacía de las armas, las políticas de los distintos gobiernos que se han sucedido a su frente.
No debemos remontarnos muy atrás para analizar ese fenómeno. Simplemente recordar que EEUU está embarcado hoy en la guerra de Irak, que ha provocado cientos de miles de muertos y sigue ocupando Afganistán, de donde su ejército no se retira, porque piensan sus estrategas que de hacerlo la situación política volvería al punto anterior.
En una sociedad tan singular como la norteamericana, en donde cada familia está armada, los hechos de violencia, como el ocurrido en la Universidad de Virginia, claro que sin revestir esa magnitud, se han sucedido en diversas oportunidades y, si no se toma conciencia de cuáles son los detonantes de esas deflagraciones de violencia individual, la crónica roja se seguirá llenando de noticias luctuosas del mismo tipo.
Esperemos que la futura administración demócrata, que seguramente asumirá el poder luego de la próxima elección, enterrando en el olvido al nefasto George W. Bush, tome con seriedad esta problemática que cada tanto eclosiona en un drama de indescriptibles derivaciones y profundidad. *
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