Vaticano: "Paz y Justicia"
Reinaldo Gargano
Con el poco de asombro que nos va quedando, en este fin o comienzo de milenio, leímos la noticia de que Michel Camdessus, ex Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, había sido designado miembro de la Comisión de Paz y Justicia del Vaticano. ¿O lo soñamos? Días más tarde, en un reportaje publicado en la prensa nacional el propio Camdessus, presente en el evento del Banco Mundial y el Fondo Monetario en Praga, pero como observador, declara: «Nada más alejado de mí que el neoliberalismo, yo creo en la solidaridad».
Uno no puede negarle a nadie la posibilidad del arrepentimiento, o de cambiar de opinión, pero es imposible apartarse del ejercicio de poder que durante más de una década ejerció este «alto funcionario» de la entidad que, en nombre de los poderosos de la tierra, ejerce el control de las economías, de las políticas sociales, el que sistemáticamente desde mediados de la década de los cincuenta recomienda a los países del mundo dependiente políticas de «ajuste fiscal y restricción del gasto». Políticas que inexorablemente han sido dictadas con el objetivo único de que estos países «paguen la deuda», deuda que los ricos del mundo les hicieron contraer para sacarse de encima el dinero «caliente», y que ha permitido, al menos en América Latina, un saqueo de riquezas incuantificable.
Cuando uno se detiene a examinar las «cartas de intención» que los burócratas del FMI y el Banco Mundial le han hecho firmar a todos nuestros economistas, encontrará reiteradamente recomendaciones del estilo de achicamiento del Estado, venta o privatización de empresas públicas para disponer de recursos para pagar la deuda, apartamiento de la banca pública del mercado para permitir que la banca privada pueda actuar sin restricciones, recortes salariales, privatización de los sistemas de seguridad social, reducción del gasto en salud y educación, «apertura de la economía» en aras del «libre comercio», que traería desarrollo, pleno empleo, riqueza abundante, etc., etc. Igual a lo que el hasta hoy «gurú» rioplatense de la economía recomendaba cuando era Ministro de Economía de la dictadura: «Hay que dar de ganar a los ricos, así ellos luego invertirán, habrá trabajo, buenos salarios y lo que pidáis, como diría castizamente un español».
Bien, las recetas fueron aplicadas sin piedad. Sólo los países de América Latina han pagado 880.000 millones de dólares, ¿o son 900.000 millones de dólares? en veinte años por capital e intereses. Y han conseguido maravillas: 224 millones de pobres sobre 506 millones de habitantes, y ¿cuántos niños muriendo por día de hambre o de enfermedades curables?
Está claro que no todos los males vienen de fuera. Pero esta gente del FMI y el Banco Mundial algo ha tenido que ver. Que Wojtila ahora los nombre para integrar el área de «Paz y Justicia» del Vaticano, puede obedecer a dos criterios: o es un premio a la labor cumplida, lo que revelaría el pensamiento de quien lo da; o al revés se trata de hacerle pasar por las etapas previas al infierno, hacerle andar un poco por el purgatorio, mandándole recorrer el Caribe –pero no en los cruceros– por las aldeas nicaragüenses o guatemaltecas, o Venezuela, o Colombia o visitar los cincuenta millones de pobres de Brasil, o a dialogar con los cocaleros de Bolivia, o los habitantes de los asentamientos chilenos, uruguayos o argentinos.
No creo que Wojtila sea capaz de pensar que debe quemarse en las llamas del infierno. Al fin es un arrepentido.
* Senador del EP-FA
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