Frugoni: el Martí uruguayo
Cuando me hice ciudadano uruguayo, me preocupé por conocer la historia de mi nueva tierra. Como cubano, siempre me sentí un latinoamericano. Lo que nunca imaginé era que iba a encontrar tanta similitud entre el coraje y la inteligencia de los cubanos y los uruguayos. No sabía que en la figura de Artigas se entroncaban el saber de Camilo Cienfuegos y el coraje de los hermanos Maceo. No conocía el difícil proceso de independencia oriental que debió luchar contra españoles, portugueses, porteños, y al final hasta entrerrianos como se repite ahora. Creía que las dificultades cubanas eran únicas, al pelear contra españoles y norteamericanos para poder obtener la libertad.
Con educación socialista y solidaria pregunté por los socialistas uruguayos y me enteré de que en mi nueva patria, los socialistas lucharon siempre dentro del margen de la ley que el sistema les permitía. Que eran enemigos irreconciliables de la pobreza y de la explotación de los pobres por los ricos y que el Partido Socialista era el más antiguo de toda la izquierda. Que del Partido Socialista surgió el Partido Comunista. Pero el primero era marxista y no leninista.
Traté de enterarme de los orígenes. Supe que el Uruguay tenía una larga tradición democrática. Que los colorados tenían a José Batlle, que los blancos a Aparicio Saravia y a Carlos Roxlo. Que todos pensando distinto habían construido un país modelo, que recién entraría en crisis cuando se acercaban los años sesenta. Justo cuando en Cuba empezaba a cambiar la Historia. Pero me costó saber a quiénes tenían los socialistas. Si no era Batlle, si no era Saravia ¿quién era el primero? Emilio Frugoni, me dijeron. Fundó el socialismo entre 1905 y 1910. Fue el primer diputado socialista del Uruguay. Fue de todos el que más supo. El que más estudió. El que más luchó. Casi solo, mucho tiempo.
Escribió sobre marxismo y filosofía, sobre literatura, sobre derecho, hizo poesías. Y cuando tuvo que enfrentarse a los dictadores hasta se compró un arma y en el Parlamento se enfrentó a la Policía. Me dije entonces, Uruguay es Cuba, y Cuba es Uruguay. En Cuba está José Martí. Escribió filosofía, escribió la más preciosa poesía, combatió a los invasores.
Peleaba con su inteligencia. Un amigo. Maceo le reprochó que no iba al campo de batalla. También tomó un revólver. Se puso su traje blanco y fue a pelear mano a mano. En la batalla lo mataron, pero nunca se murió. A Frugoni, me dijeron, lo quisieron matar de tristeza, pero tampoco murió. Los dos siguen cabalgando muy juntos, libres por el horizonte, peleando por los pueblos oprimidos. *
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