Cómo me hice frugonista
Hace 17 años solamente era un votante del socialismo. Nunca había sabido los problemas internos que dentro del partido habían ocurrido. A raíz de una investigación parlamentaria conocí a los entonces diputados Eduardo Jaurena y Jorge Andrade Ambrosoni. Quedé deslumbrado frente a tanta inteligencia. Con el tiempo supe que esa investigación fue la única en el período posdictadura que logró obtener todos los objetivos que había denunciado, y favoreció a luchadores sociales destituidos y torturados y logró sanear una empresa que hoy es ejemplo en el mercado comercial uruguayo.
A la muerte de Andrade, comencé a frecuentar el domicilio del doctor Francisco Firpo en la calle Navarra y descubrí a una de las personas más maravillosas que la vida me regaló. Era una persona mayor, médico, alto, de ojos azules y una bondad infinita. Supe que era afiliado al socialismo desde 1922 y que había sido el médico personal de Frugoni hasta el día en que éste falleció. Jamás vi persona más pura. Continué asistiendo a su casa y aprendí en largas tertulias sobre la historia del socialismo. Los que asistían eran del Movimiento Socialista y se les querían quedar con el lema. Allí conocí al salteño Ovidio Cocco, a su hermano Víctor, al maestro Carlos Crespi, a Hugo Giudice, a Angel Valdés, a Américo Cáceres, a Walter Melera y otros nombres que se me escapan. Trabé gran amistad con el más joven de todos, Gerardo Giudice, verdadero hermano hasta el día de hoy.
Los temas fundamentales giraban sobre política y la figura de la que se hablaba era de Emilio Frugoni. Escuché de su sólida formación, de su ética incomparable, que lo hizo renunciar a todo pudiendo tenerlo todo. Que donó sueldos al Estado, que donó sueldos a la Facultad de Derecho. Que devolvió 11.000 dólares a la Cancillería y que le correspondían a él, cuando volvió de la Unión Soviética, que subastó su biblioteca para financiar su última campaña electoral. Lo comencé a querer sin conocerlo hasta terminar admirándolo. Me sugirieron que leyera sus libros y me los devoré. Creo que no existió persona más culta ni más buena, como decía el doctor Firpo. Su prosa me deslumbró y sus escritos políticos me convencieron.
Pedí mi adhesión al grupo y actué junto a ellos en momentos difíciles en que les quisieron robar su identidad. Todos habían fundado el Movimiento Socialista y todos lo sabían. Actué frente a la Corte Electoral y firmé escritos jugándome con ellos. No les correspondieron bien, pero ninguno dejó de ser frugonista. Desde aquellos momentos hubo uno más. Y una cosa aprendí. Frugoni fue tan grande, que fue más grande que el socialismo, porque he conocido y conozco gente que sin ser socialista es frugonista. Y son miles. *
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