Entre sueños y recuerdos
Eduardo Payssé González *
«Tenemos casi treinta años. Y a esa edad se tienen más sueños que recuerdos. Pero es una buena edad para que los sueños se hagan realidad». (Tabaré Vázquez).
El pasado 7 de octubre se cumplieron treinta años de una fecha significativa en la historia del Frente Amplio. Luego de varias reuniones preliminares adquirió forma aquel día una proclama de ciudadanos independientes, sin militancias partidarias activas, que constituyó el primer llamado colectivo para constituir aquel Frente que hoy es la fuerza política más numerosa y potente del país.
No es momento ni lugar para repasar una historia plagada de hechos venturosos, de alegrías y de lástimas, de dudas, incluso de ásperas luchas en lo interno de la coalición entre los grupos constitutivos del propio Frente. Con todas las dificultades del trayecto recorrido la aventura significó la creación de nuevas estructuras políticas e ideológicas de un Uruguay aferrado al ejercicio de una política decadente y corrupta.
Más allá de las pocas decenas de firmas puestas al pie del manifiesto inicial, pronto el FA tuvo por protagonista a grandes masas populares enfrentadas a una época que comenzaba a regirse por el autoritarismo de gobiernos ejercidos con un rotundo desprecio por las causas del pueblo. A poco andar, del autoritarismo se transitó hacia la dictadura edificada en el poder militar, cruel e incompetente. El Frente Amplio tuvo su prueba de fuego y de ella salió con heridas que lo templaron y fortificaron en una lucha desigual.
Una y otra vez, con el triunfo electoral y político al alcance de la mano, factores internos y externos postergaron la victoria entre estos últimos, los artificios legales y constitucionales, instrumentos burdamente creados para edificar muros contra la legitimidad del voto mayoritario, han demorado la consagración final tan temida por los viejos partidos, vaciados de contenidos ideológicos.
La proclama del 7 de octubre, contenía muy simples propósitos e ideas, dichas con fuerza y convicción. Hoy sus palabras valen, como hace 30 años. Ellas nos decían: «Que estiman indispensable la concertación de un acuerdo sin exclusiones, entre todas las fuerzas políticas del país que se opongan a la conducta antipopular y antinacional del actual gobierno con vistas a establecer un programa destinado a superar la crisis estructural que el país padece, restituirle su destino de nación independiente y reintegrar al pueblo la plenitud del ejercicio de la libertades individuales y sindicales».
Era un lenguaje muy claro, muy preciso y las ideas contenidas en tales palabras tienen el mismo significado conceptual y la misma adhesión que hoy le prestan a ellas todos los votantes y militantes, sean del grupo político frentista que fueren, o los mismos ciudadanos independientes de ayer y de hoy, atados racionalmente, políticamente o sentimentalmente al Frente Amplio. Ellos han constituido el «movimiento» esencial para su amplitud y difusión, no siempre reconocidos en las perversas disputas de una «interna», cuyas contradicciones y rencillas han sido una y otra vez sanadas y superadas, para poder continuar un camino de ascenso irresistible.
Los ciudadanos independientes de entonces consideraron a la declaración del 7 de octubre «…como acto afirmativo de una voluntad unitaria y como apremiante reclamación a los directivos de los partidos de orientación democrática, progresista y antiimperialista, para que plasmen en hechos políticos concretos el deseo de las fuerzas populares de realizar una política de libertad y bienestar, fundada sobre el esfuerzo productivo de todos los habitantes de la República».
El apremiante reclamo fue escuchado también por los dirigentes más lúcidos y honestos de algunas fracciones de los viejos partidos, las de orientación «democrática, progresista y antiimperialista» y desde hace treinta años, a despecho de deserciones e incomprensiones, las fuerzas populares y los ciudadanos independientes dentro del Frente Amplio, han crecido en cantidad y calidad, convirtiéndolo en la primera fuerza política del país.
El reconocimiento por aquellos principios e ideas iniciales, se reafirmaron en las significativas palabras de Tabaré Vázquez: «… Tampoco caemos en la equivocación de confundir actualización con devaluación de las ideas. Porque no es lo mismo una izquierda en constante proceso de actualización ideológica que una izquierda ideológicamente empobrecida; la primera es imprescindible; la segunda no es izquierda, es una vía muerta».
Sólo queda por rendir el homenaje a tantos compañeros de ayer que hoy ya no están entre nosotros; la lista es larga y no es posible ahora completarla. Vayan en apretados recuerdos algunos nombres que no pueden olvidarse desde aquella jornada de hace 30 años: Carlos Quijano, Arturo Baliñas, Oscar Bruschera, Carlos Martínez Moreno, Eugenio Petit Muñoz, Santiago Iruleguy, Enrique Williman Ramírez, Julio Castro, Fernando Miranda, Luis A. Viera, Reina Reyes, Ricardo Capeletti, Washington Fernández, Germán D’Elía, Héctor Rodríguez. Todos ellos y tantos más, pertenecen a la mejor historia del Frente. La memoria es invencible, como lo será el triunfo definitivo.
* Abogado y periodista
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