¿A quiénes representan los grupos "oficialistas" del FA?
Cuando se realizaron las «elecciones internas» del FA, se eligieron representantes de los grupos políticos (coalición) y representantes de las bases (movimiento), para integrarse a los órganos de dirección (Plenario Nacional, Plenarios Departamentales y Mesa Política).
Los participantes en el acto, como votantes, tuvieron la posibilidad de elegir, poniendo en un mismo sobre de votación, por un lado, a los representantes de los grupos políticos y por otro, a los representantes de las bases, en listas separadas.
Una importante mayoría realizó la doble votación ( o mejor dicho, triple, pues había en los representantes de base, a su vez, la doble opción separada de representantes al Plenario Nacional y a los Plenarios Departamentales). Mas allá del pequeño-gran «detalle» de que muchos (demasiados) «invitados de apuro» por algunos grupos políticos (vulgarmente conocidos como «acarreados»), sólo eligieron dentro del estamento «coalición» no votando delegados de base, una importante cantidad de electores lo hizo por lo dos órdenes: movimiento y coalición.
Ese elector «bivalente» fue, en ambos casos simultáneos de ejercicio de la soberanía, la misma persona. Y por un razonamiento normal, que utilice el menos común de los sentidos, se entiende que tiene un único pensamiento en los temas políticos. No es lógico pensar, por poner un ejemplo grueso, que al votar en un estamento tenga posición sobre un tema, y al elegir por el otro defienda exactamente la posición contraria.
Cuando se celebró recientemente una votación en la Mesa Política del FA sobre el tema relacionado con el TIFA, se produjo un quiebre muy alarmante en el seno de ese organismo. Efectivamente. El 100% de los delegados de base (que son 12 en la M/P), se pronunció por el no apoyo a la firma de un TIFA (9 votos en contra, 3 abstenciones y ninguno a favor). Lo que, junto a otras oposiciones aparecidas en el evento, impidiera una resolución válida del cuerpo (1), (y cuyo resultado provocara el enojo del presidente del FA, que comentó que «se quería ir»).
Contrariamente a esta clara oposición del movimiento, surgida en el momento en que, por primera vez, se informaría al cuerpo del contenido del Tratado, por Astori, y éste se había despachado, al ingresar a la sede del FA, y por lo tanto, antes de informar, y mucho antes de saber cuál sería la posición de sus mandantes (¿o no lo son?), ya había comunicado a la prensa (que le hacía la guardia en la puerta del local del FA), día, hora y lugar donde se firmaría el antecedente inmediato del TLC, los grupos que conforman el «apoyo incondicional» al gobierno (en adelante «oficialistas»), votaron a favor de que se propiciara el tratado mencionado.
Y para quitar toda duda de que este desgarrador episodio, en su acepción más completa, pudiera haber sido casual, en otra reunión, más reciente de la misma MP, al ponerse en discusión la conveniencia o no de la participación de la militancia de la fuerza política en una demostración, exclusivamente anti-bush, pues se pactó especialmente no hacer referencia, en ella, a la inocultable responsabilidad del gobierno en la generación de la nefasta visita, compromiso asumido y cumplido por la convocatoria cuyo mayor exponente era el PIT-CNT, se pudo apreciar la misma demostración de enfrentamiento, aparentemente insuperable entre bases y grupos «oficialistas».
Ante la falta de una propuesta que defendiera la no participación de la militancia en el acto referido, pues los «oficialistas» no se animaron a presentarla, en tanto ya estaban seguros de que no salía (1). Atento a lo cual, fueron las bases de Montevideo las que propusieron, en sentido opuesto, votar a favor del apoyo de la concurrencia de la militancia al acto de repudio al genocida. Y en la votación recogida, hubo, otra vez, una clara mayoría de votos de las bases en favor de exhortar a la militancia a concurrir al acto de repudio ( 5 de 6 en Montevideo, 83% de los delegados; 3 en 6 en interior. O sea 8 en 12, 75%, que se manifestaron en favor de la concurrencia de la militancia al acto). Opuestos a esta decisión y otra vez, en total enfrentamiento, los grupos «oficialistas» votaron en bloque por no autorizar la participación de los militantes en el acto (o, a lo sumo, se abstuvieron). Inclusive, alguno se permitió insinuar que las bases no podían decidir la concurrencia por sí mismas. Y fueron muy claras y contundentes las razones esgrimidas. La del delegado del PS, Cro M. Núñez, al expresar, refiriéndose a la interna de la fuerza política, que «no se puede estar al mismo tiempo a favor y en contra de Bush» .(2) Lo mismo dijo C. Baráibar (AU) en el sentido de que «no se puede estar en la misa y en la procesión»(3). Ambos, claro están a favor de Bush y en contra de la «procesión» por 18.
Ambas situaciones, dadas sin solución de continuidad, en dos reuniones casi inmediatas de la MP, muestran una discordancia profunda entre los dos grandes componentes de la misma, cuya existencia ha sido motivo de orgullo y de diferenciación básica, de la fuerza política FA con los otros partidos.
Pero lo mas grave, con serlo ya esta visión de los hechos, no es ese «tajo» que se aprecia, sino la lógica conclusión que surge, implacable, en el trasfondo de tales hechos.
Si el votante de los delegados de base y de los grupos políticos que forman la coalición es el mismo, y vaya si lo es, se supone que su decisión en los temas políticos es una sola. Y, si los delegados de base la interpretan en un sentido, y los representantes de los grupos políticos en el sentido exactamente opuesto e incompatible, alguno de los dos, que se dicen mandantes del mismo sujeto votante, lo está traicionando.
Lo que queda, pues, por develar es simple y gravemente, quién es el que lo está haciendo.
Yo, que lo veo y vivo desde adentro, no tengo dudas.
Para que salga aprobada una decisión de la Mesa Política se requiere, además de mayoría de votantes, que no tenga un tercio o más de votos en contra. *
Diario El Observador. Brecha 16/3/07 G Wacksman pag 3.
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