Sobre cómo ampliar la libertad y defender la democracia
Ayer nos referíamos a la libertad y cómo hechos ajenos a la realidad misma del país pueden ir coartándola, modificando su contenido, achicando la capacidad de los seres humanos de lograr sus objetivos y en la realización de ellos llegar a metas trascendentes. Porque la libertad es un concepto amplio, que depende de infinidad de elementos no sólo los políticos, porque no es libre el hombre o la mujer que pueden elegir a sus gobernantes, pero no pueden enviar a sus hijos a la escuela por vivir en situaciones de miseria extrema.
La pobreza, por supuesto, es una condicionante pero, tampoco es libre el hombre que tiene demasiado, que la vida le ha brindado los favores extremos de la riqueza y que debe vivir encerrado en sociedades que lo cercan, cuidando lo atesorado que se convierte en un peso en sí mismo.
Pero claro, hay un punto de partida esencial, que es la existencia de las libertades democráticas, las que el pueblo uruguayo logró arrebatarle a la dictadura cívico militar que fue un real calvario de una década, pues actuó en contra todas las libertades. En primer lugar las democráticas, pero también logró empobrecer a la gente, haciendo del país un territorio inhóspito, determinando una diáspora gigantesca e incuatificable de compatriotas que se desperdigaron por todo el mundo. Una tiranía atroz en que no solo se persiguió, se torturó y se asesinó a militantes de la causa democrática, sino que se trató de crear bases insoportables de existencia basadas en la persecución por ideas, clasificándose a la población en tres categorías: los impolutos, los marcados y los excluidos.
Recordar lo vivido en los años negros del oprobio dictatorial sería caer en un tema remanido, pero siempre vigente. Pero lo que hoy nos preocupa es otra cosa, es valorar las acciones de algunos tristes personajes que en foros internacionales, concretamente el de la SIP, trataron de mancillar los logros democráticos de nuestro país, hablando de un tema insólito por el significado falaz del mismo: la acción del gobierno en contra de la libertad de prensa.
¿La libertad de prensa? ¿Qué medio de comunicación fue censurado, clausurado, agredido durante los últimos dos años? ¿Qué periodista sufrió persecución, fue amenazado, se le impidió trabajar en el marco del Poder Ejecutivo dentro del estilo que impone y han impuesto todos los gobiernos que conocemos?
No nos importa quebrar una lanza por nadie, aunque si tuviéramos que hacerlo así lo haríamos, porque ese es nuestro compromiso con la verdad, pero en este caso no es necesario. Lo que sí es necesario es señalar el tono profundamente antidemocrático, desmedido, fuera de lugar, tendiente a menoscabar la realidad uruguaya, empleado por el director del semanario derechista Búsqueda. Un tono que arremete contra la objetividad, contra la verdad de lo que ocurre en este país.
Un país en que existe todavía la pobreza extrema, sin duda, no vive una democracia plena. Hay sectores de la población marginados, golpeados por una realidad que les quitó libertades, las que tiene Claudio Paolillo. Pero a ese tema no se refirió. Lo hizo con la libertad de prensa, olvidando, entre otras cosas, que el fundador del semanario que dirige fue, nada menos, que uno de los responsables de la «Operación Mordaza», engendro dictatorial que determinó la clausura definitiva de decenas de medios de prensa. *
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