Primer lunes de marzo

Es muy sano para toda la sociedad y especialmente para los niños y jóvenes que se cumpla una antigua disposición de iniciar el período lectivo en esta fecha. Sé que me indispongo, al decir esto, con muchos de ellos y con algunos papás también. Pero debo decir lo que pienso y entiendo es lo mejor para todos.

Esta disposición legal a la que aludo no siempre se cumplió. Se aducían argumentos, para postergar el inicio de las clases, que nada tenían que ver con la educación. Siempre bregamos por esta sana costumbre, no siempre se nos permitió realizarla. ¡Bienvenida esta buena práctica!

En Uruguay el ciclo escolar prevé 180 días de clase, de 365 que tiene el año. Pensemos que hay niños y adolescentes que sólo están escolarizados cuatro horas al día, por lo que se reduce a la sexta parte su tiempo diario escolarizado. Es decir en un año de doce meses, se dedica a la escuela sólo uno. Muy poco para los tiempos que corren.

Ciertamente que los padres son los responsables de la educación de sus hijos y la familia es la mejor escuela. Sin embargo las modalidades y avatares de la vida contemporánea debilitan estos presupuestos. La escuela entonces, sin sustituir aquella responsabilidad, debe robustecer su acción en acompañar a nuestras generaciones jóvenes en las primeras etapas del camino por la vida. No sólo formando su inteligencia, sino también el físico y fundamentalmente los valores donde se gestan los grandes proyectos. El alma de nuestros alumnos, su interioridad, en definitiva el crecimiento en la libertad que nos hace personas, se constituye en una tarea apasionante.

¿Es posible, entonces, a lo más importante darle el menor tiempo en nuestro reparto de semanas, días y horas? Es muy cierto que la escuela no lo puede todo.

Es muy cierto que la tarea de la familia es insustituible. Hay familias, las menos, que pueden costear la educación de sus hijos eligiendo planes privados de enseñanza para compensar las carencias. Sin embargo no debemos olvidar al resto de las jóvenes generaciones, la mayoría de uruguayos, que no disponen de esa oportunidad. Estamos irrenunciablemente vinculados todos al mismo destino.

Es urgente revisar las políticas educativas para alcanzar una mayor equidad. La propuesta de una educación igualitaria es hoy reforzar la desigualdad. ¡Bienvenidos los planes de mayores cargas horarias y escuelas de verano para los sectores de niños carenciados!

Claro, que esto solo no basta. Se necesita al mismo tiempo concurrir a la capacitación permanente del docente, su perfeccionamiento y la consolidación de su integridad profesional. *

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