Los vascos y la ETA
Leopoldo Amondarain
Según la «prensa grande» el ombligo del mundo está en lo que sucede entre los malvados vascos y los bondadosos e inocentes españoles. Parece que en Kosovo no han muerto miles de seres humanos, ni Bush con misiles de largo alcance jamás masacró una ciudad abierta como Bagdad buscando bichitos bacteriológicos que nunca se encontraron, tampoco parece gran cosa que el sonriente dúo Clinton-Blair, en aras de la paz mundial, barran con pueblos en conflicto que interfieren en sus sagrados intereses. Tampoco es importante que judíos y palestinos se asesinen cotidianamente desde la creación del Estado de Israel en el año 48, ni recuerdan que el «bueno» de Putin sigue masacrando al heroico pueblo checheno, sin contar la vietnamización «avisada» de Colombia, con la excusa de que los yankis fuman «porros». De todo esto y mucho más pueden pasar semanas en que ni nos enteramos, pero no pasa ni un día en que hasta el más mínimo detalle sobre lo que los vascos hacen, sea informado con profusión. Y así vemos cómo «corajudos» representantes de las fuerzas armadas y policiales españolas «encapuchados» apresan a ciudadanos vascos y vasquitas con sus fauces babeantes de sangre inocente española.
¡Muchachos, vamos a parar la mano! El pueblo vasco no es un pueblo bárbaro, inculto ni salvaje. Es la patria de San Ignacio de Loyola, de Unamuno, de Galíndez, de José Antonio de Aguirre y Lecube, de Pío Baroja, de Iparraguirre, por citar alguno que otro. Es el pueblo, junto con los catalanes, más próspero, culto e industrioso avasallado por España (jamás sometido…), que banca la muy divertida y alegre madre patria. Hace poco tiempo, en el conocido programa televisivo «Los Viajes del 12″, excelentes y objetivas tomas nos mostraron lo que es Euskadi. Sus ciudades, industrias y fábricas, sus universidades y museos, su cultura, su laboriosa y esforzada prosperidad conquistada con el ingenio y sudor de su gente y no a punta de bayoneta como lo hicieron los dos imperios que lo avasallan. Todo demuestra que no se han pasado la vida tocando las castañuelas, zapateando con cara de enojados, sacudiendo pollerones y tomando chatos en los bares de la Gran Vía, sino que lo han hecho trabajando como buenos vascos que son.
No vamos a justificar con esto los excesos cometidos por la ETA, pero debieran mostrar también fotos del cementerio de Guernica, testimonios del genocidio cometido por la Legión Cóndor alemana por orden de los españoles, al igual que los cientos de cadáveres de jóvenes vascos asesinados por la Guardia Civil íbera, el ejército de su Majestad Imperial y los GAL (grupo de asesinos profesionales organizados por el gobierno español para matar vascos), por querer una Euskadi libre y soberana. Los crímenes de ETA, con todos los agravantes, no pasan de peteneras o menudencias comparado con los cometidos por España y Francia a lo largo de sus historias, de los que nadie comenta o se escandaliza. Remitámonos a lo hecho en América por los «godos», los genocidios tanto del pueblo azteca como del inca para llevarse el oro americano a Madrid, o el empalamiento de Caupolicán en la plaza chilena por Almagro, sin olvidarnos los realizados por Marotto, Espartero, Cánovas del Castillo, el general Primo de Rivera, Francisco Franco, o los GAL de hoy, contra el pueblo vasco. Piénsese en el ridículo de comparar las fuerzas en pugna. Euskadi es un pequeño país de escasos 3 millones de habitantes en un territorio cuya superficie no es mucho mayor que nuestro Tacuarembó, enfrentado con potencias militares, económicas y políticas como España y Francia. Lo mismo que si Uruguay mañana entrara en conflicto bélico con Argentina y Brasil juntos. ¿Quiénes tienen más razones para ser libres y soberanos, los milenarios vascos que ya lo fueron desde el Cromagnon o nuestras jóvenes repúblicas americanas incluyendo nuestro Uruguay, que apenas tenemos 170 años de soberanía? Si a esto le sumamos que los vascos nada tienen que ver ni racial ni social, ni idiomática, ni culturalmente con ninguna nación de Europa y mucho menos con España y Francia, la situación empieza a tener otra explicación.
El actual Lendakari Iberretxe, hace pocos meses propuso una idea que no es nueva por cierto, que si se quiere terminar con el conflicto o contencioso vasco-español se realice un plebiscito vigilado por las Naciones Unidas, donde los vascos y sólo los vascos decidan si quieren ser españoles o libres y soberanos. España siempre se negó, por supuesto, a esta solución democrática y justa al extremo. Pero bueno es agregar que todas las propuestas de paz siempre partieron de parte de los vascos. La única solución que admite España es el imperial sometimiento servil del orgulloso pueblo vasco. O sea la razón de las bestias, la fuerza. Por ende, los vascos, con su noble y terco amor a la libertad siguen la lucha. En las cuatro centurias de enfrentamientos y en los cuarenta años que lleva ésta, son miles los vascos caídos o que terminaron sus días en las infamantes mazmorras españolas por querer ser libres.
Hace unas semanas apresaron otros soldados de la libertad de esa nación, alguno de los cuales tuvimos el privilegio y honor de conocerlos en nuestro Uruguay. Ninguno es asesino. En su trato, camaradería, comportamiento en nuestro país y demostrada laboriosidad propia de la raza, reflejaron no sólo que no eran delincuentes sino que eran gente que había abandonado familias, trabajos, comodidades, seguridad, profesiones, etc., para luchar por la libertad de su pueblo.
No pretendían ministerios, entes autónomos, embajaditas o puestos públicos como nuestros políticos nos tienen acostumbrados. Luchan y hasta mueren por su patria y por su pueblo. A estos los respeto. A los nuestros no.
Vaya entonces, en la lejanía que nos depara un océano, nuestro reconocido saludo haciendo votos para que algún día cristalicen sus viejos sueños de ver flamear en los picos pirenaicos una ikurriña libre y soberana limbada por el tradicional grito libertario de ese heroico y valiente pueblo: ¡GORA EUSKEDI ASKATUTA! (VIVA EUSKADI LIBRE!).
* Convencional del Partido Nacional
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