A cuatro años de la invasión de Irak
El mundo continúa viviendo momentos de tremenda violencia que, quizás, los uruguayos no dimensionemos en su justa proporción, existiendo la amenaza real de una catástrofe histórica: la guerra a gran escala con su trágica resonancia y su inadmisible traición a todas las formas de vida. Cada día aumenta el número de víctimas de las distintas guerras que en las postrimerías del otoño de 2007 siguen asolando al mundo y, especialmente, el número de víctimas de la guerra de Irak, batalla injusta, inmoral e ilegal, fraguada en la mentira, que ha costado la vida a 650 mil iraquíes en los últimos cuatro años.
¿Continuará silenciando la ONU la vulneración de su Carta, cuando uno de los miembros de su Consejo de Seguridad sigue cometiendo crímenes contra la paz en nombre de una cruzada «contra el terrorismo»? Una cruzada que está segando miles de vidas inocentes y que al pueblo iraquí en persistente agonía desde 1991- le ha causado la muerte a más de un millón de sus hijos.
Si todos no tomamos cartas en el asunto, con una voluntad de paz, sólo nos queda lamentar las pérdidas de vidas humanas, incluidas las de niños y mujeres, que diariamente se vienen produciendo en Irak. Por ello, hemos de oponer al belicoso mensaje de la guerra una repuesta firme, voluntariamente afirmativa de paz.
Hay que tener en cuenta el recrudecimiento de la batalla de Afganistán, en donde las acciones guerrilleras se suceden en contra las tropas invasoras multiplicando las víctimas de uno y otro lado, en acciones que crecen en magnitud y sangrienta eficiencia. ¿Para qué sirvió allí la guerra? Simplemente para producir más guerra, más dolor, más muerte. Como decíamos antes, la justicia guerrera no existe.
Un movimiento llamado «Internautas por la Paz y la Libertad», cuando se cumple el cuarto aniversario de la invasión de Irak, convoca a todos los internautas a unir nuestras voces a todas las voces que se levantan en todos los continentes, y en el mismo corazón del pueblo norteamericano, para enfrentar el desafío histórico de hacer prevalecer la paz sobre la guerra, de preservar la vida y derrotar la muerte, apostando clara y decididamente por la justicia y la paz en Irak y Afganistán.
Por supuesto, el derrotero a recorrer está lleno de escollos, de incomprensiones. Además de los intereses geopolíticas que desencadenaron los conflictos, están los propios mercaderes de la muerte, la industria de la guerra, quienes fabrican armas, cada vez más sofisticadas, que venden al mejor postor, para realimentar la violencia. Ante cada explosión de un coche bomba en una calle de Bagdad, que provoca muchas veces decenas de muertos, estos oscuros personajes en sus oficinas de Wall Street, París, Moscú o Londres, se deben restregar las manos con satisfacción, pues ello es una demostración de que su negocio marcha con viento en popa.
Mientras tanto, la humanidad se desangra y el conflicto se extiende a cada rincón del mundo. Lo ocurrido en Montevideo hace unas horas con la controvertida visita de George W. Bush, quien no se pudo sustraer de despertar manifestaciones que repudiaron la política guerrera de su gobierno, muestra la profundidad de los sentimientos de los pueblos que se oponen al derramamiento de sangre inútil y contagioso.
Porque ninguna guerra es justa, no hay guerra justa, ni justicia guerrera. *
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