La contravisita presidencial en Buenos Aires
El gobierno de Argentina habilitó que el presidente de Venezuela encabezara un acto en pleno Buenos Aires, en una acción que comprometió sin duda la postura exterior de la Argentina. Se anunció como una acción de rechazo a la visita del presidente Bush, que por esas horas estaba en el Uruguay.
La alternativa fue clara… o el presidente argentino estuvo de acuerdo con lo que sucede y apaña las acciones del locuaz mandatario venezolano, o de lo contrario su gobierno no puede evitar que su petroacreedor use su territorio como catapulta de los agravios que infirió a diestra y siniestra, como es ya su más que conocida costumbre.
Este modo de acción por omisión se asemeja a lo actuado por el gobierno de Argentina respecto de la acción de los piquetes que bloquean porfiadamente al Uruguay.
O el gobierno Argentino está de acuerdo en este agravio sostenido por meses y meses ante total pasividad y violación de responsabilidades básicas de un estado de derecho en cualquier parte del mundo asegurando el derecho a la libre circulación de las personas, o de lo contrario no se siente capaz de aplicar la ley en su territorio y opta por evitar conflictos internos dejando hacer lo que les plazca a los bloqueadores de puentes internacionales, como ahora parece hacerlo con la presentación de Chávez para agredir al mundo desde un estadio bonaerense.
Dos casos del mismo corte, de igual interrogación y duda, pero en ambos el mismo denominador. Cuesta mucho entender qué se está buscando con todo esto.
Será que es una forma de acercarse a Chávez ganándose su confianza. Toda vez que la visita de Bush a Brasil de algún modo afectará en grado indeterminable la relación de confianza entre Lula y Chávez, hace imprescindible el fortalecimiento de la confianza entre los presidentes de Venezuela y Argentina como alternativa de interlocución con quien por otra parte prácticamente es su principal acreedor externo por estas horas, comprando cuanto papel de deuda emita la Argentina hasta rondar los cinco mil millones de dólares.
Siempre son imprescindibles los interlocutores, y cuanta más confianza tengan entre ellos y más pruebas de alianza frente al enemigo diabólico de uno de ellos demuestren, mejor será. Poco importan los miles de barriles de petróleo diario que Venezuela le vende al país del presidente Bush, el mismo que en un formidable doble discurso Chávez propone rociar azufre por donde pisa, como se dio el grotesco lujo de decir ante el mundo, en plena Asamblea de las Naciones Unidas.
De todos modos para el Presidente de Uruguay, como hemos dicho antes, estos dislates fortalecen su mérito y postura ante el poderoso visitante, porque después de todo le permite demostrar su determinación al recibirlo a pesar de todo y de tantos que se opusieron de afuera y adentro del país y su gobierno.
Lo que más preocupa, es que el sur del sur de nuestra formidable América parece inmerso en un sopor que le entretiene entre reelecciones y petrodólares, discursos agotadores y retrospectivas permanentes, pero siempre con una enorme carencia de planificación efectiva y coordinada complementaria del futuro, desde nuestras irrenunciables soberanías nacionales.
La reciente crisis en la Bolsa China puso en evidencia la fragilidad de la región, sensibilidad peligrosa que más que nada se reflejó en la sacudida a bolsa de Buenos Aires. Aunque más no fuera por ese alerta, todos debieran moverse con más delicadeza y planificación de sus acciones, más allá de discrepancias y rechazos.
Mientras el resto del mundo se mueve en bloques concertados, por estos lares todos están contra todos, llenos de desconfianzas y murmullos por lo bajo, inmersos en microalianzas coyunturales y macrodesconfianzas bien regadas de tan absurdas como inmorales carreras armamentistas, sin capacidad de acordar cosas elementales en beneficio de la región, mientras la realidad como una ola nos pasa por arriba.
Por definición todo gobierno es definitivamente transitorio.
El problema es el mientras tanto, las oportunidades perdidas y las secuelas que deja cada acción para el futuro próximo.
Pero lo que es claro a nuestro juicio, es que este contraacto en Ferro, que encabezó el presidente en ejercicio de otro país, en pleno corazón de Buenos Aires, parece una chabacanería poco digna de nuestras historias nacionales compartidas, que nos lleva a hipotecar aún más ante el mundo internacional organizado el prestigio y la seriedad de la región. Una rápidamente acordada contravisita a la gira que realiza el presidente norteamericano por la zona, que esta vez no va a la Argentina, pero en la que ya estuvo poco antes.
Resulta increíble tanta acumulación de errores inadmisibles, simultáneos y en estéreo. Salvo que se trate de la hipótesis más compleja de sutilismo político internacional con filigrana, que dejaría el tema en la órbita del más puro y complejo maquiavelismo de política internacional.
Que pena, todo esto en un momento en el cual la región debería estar organizada y coordinando esfuerzos para aprovechar la mejor coyuntura comercial de los por lo menos últimos cincuenta años. En cambio estamos en medio de esta farsa, adornada y condimentada además por una pastosa guerra de botones.
Ojalá despertemos pronto de tanta barbaridad acumulada y comencemos juntos a aprovechar lo que aún pueda quedar después de tanta oportunidad perdida. *
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