Ego sum qui sum

Lo primero que deseamos manifestar es el agradecimiento a los directivos de este diario por permitirnos tener un espacio para dirigirnos a sus lectores.

La integración, particularmente de América Latina, es una necesidad imperiosa e ineludible. Hay quienes levantan la bandera del escepticismo o pesimismo sobre el futuro de esta necesidad, y otros que están convencidos de que la autarquía y el aislamiento no son buenas consejeras, en momentos en la cuales predominan los bloques regionales de integración por doquier.

En América Latina ciertamente existen importantes factores que operan; algunos a favor de los escépticos, y algunos otros a favor de los optimistas, los cuales se encuentran asociados con el comportamiento histórico de esta parte del continente americano.

Entre los factores desfavorables hacia una verdadera integración están: las asimetrías económicas y comerciales entre unos países y otros, tanto por su tamaño como por el nivel de desarrollo; el desarrollo de algunas regiones y otras: regiones adelantadas, regiones atrasadas, que en algunos casos tienden a separarse aun más y la brecha, incluso la tecnológica, se abre en mayor grado; la carencia de costas sobre el mar que aumenta el costo del transporte; asimetría social entre minorías que concentran una parte desproporcionada de la riqueza y del otro lado sectores mayoritarios hundidos en la pobreza y en muchos casos en la indigencia y como uno de los principales factores desfavorables se encuentra la colonización mental de algunas de nuestras élites que, por su formación vivencial en los centros más desarrollados, adoptan, en una forma demasiado acrítica, la psicología y las ideas de esas regiones y pierden el contacto con su propio pueblo.

Entre los factores favorables se encuentran: la costumbre ya establecida de la concertación democrática latinoamericana a través del Grupo de Río; la creciente comunicación espontánea de los latinoamericanos entre ellos, por todos los medios de comunicación existentes cada vez más perfeccionados; el número creciente de vínculos familiares que se establecen entre latinoamericanos de un país y otro (por ejemplo entre uruguayos y venezolanos, donde incluso se habla de una comunidad identificada como uruven) y sobre todo la democracia que se ha venido consolidando en América Latina, con sus limitaciones y problemas.

También, y como elemento de suma importancia, sin los cuales los anteriores serían difíciles de desarrollar, encontramos la presencia en la actualidad, en muchos países de América Latina, de líderes populares de una nueva estirpe, decididos a respetar la voluntad popular de sus pueblos, enfrentando, la mayoría de ellos, las políticas neoliberales y comprometidos con la causa de la Integración Latinoamericana. Luiz Inácio «Lula» Da Silva en Brasil, octava economía del mundo y primera de América Latina; Néstor Kirchner en Argentina, país estratégico en el concierto de nacionales de nuestro subcontinente; Hugo Chávez Frías en Venezuela, ejemplo de la dignidad de nuestros pueblos por su redención social y líder del país con la mayor importancia estratégica, desde el punto de vista energético, del Hemisferio Occidental; Nicanor Duarte, en un pequeño país como Paraguay pero integrante del Mercosur; Tabaré Vázquez en Uruguay, integrante de un gobierno que levanta las banderas históricas de un movimiento político y social de larga trayectoria y compromiso con los que menos tienen, no sólo en este país sino en otras latitudes del mundo; Evo Morales, Presidente de Bolivia, que reivindica los derechos de los indígenas y trabajadores de la patria fundada por Simón Bolívar y el Gran Mariscal de Ayacucho; Rafael Correa en Ecuador, ejemplo de dignidad y constancia, con un Presidente dispuesto a serle fiel a los más desvalidos de su país y un hombre casado con la integración de los pueblos del Sur; Daniel Ortega en la Nicaragua de Sandino y Fonseca, es una garantía de que ahora este país centroamericano arreará a favor de la integración del pueblo y Michelle Bachelet en Chile, con un pasado de lucha y combate contra la peor de las dictaduras de América Latina y marcada por la historia, asegura que la mirada de este importante país será de mayor compromiso con las mayorías latinoamericanas y caribeñas.

Pero también debemos mencionar la lucha que se libra en México, Perú, Colombia, Haití y otros países y pueblos de este espacio del mundo, todas en correspondencia con las exigencias de los tiempos que transcurren.

Estos últimos son todos elementos que en comparación con los que operan en contrario, incluyendo las fuerzas interesadas en el fracaso de la integración, nos hacen ser optimistas sobre el futuro de una integración a imagen y semejanza de nuestras características y condiciones, porque como lo dijera Bertrand Russell: «El optimismo, más que una cuestión de la razón es una cuestión del temperamento».

Por supuesto, no queremos negar que la integración enfrenta grandes dificultades, algunas que exigen una labor titánica para superarlas, pero a su vez, la integración está en marcha con acciones y proyectos que unen desde el Caribe hasta la Patagonia, entre otros, se encuentran el Mercosur, el ALBA, Petrocaribe, Telesur, Operación Milagro, Gasoducto del Sur, el Bono del Sur.

Finalmente, la América Latina de hoy, en su inmensa mayoría, levanta su propia personalidad, tiene un espacio cada vez más autónomo, está prácticamente alcanzando su mayoría de edad y en este sentido podríamos con el auxilio del escritor Umberto Eco en El péndulo de Foucault, utilizando una cita de Alexandre Dumas, decir:

— ¿Quién eres tu?–preguntaron al mismo tiempo trescientas voces mientras veinte espadas resplandecían en manos de los fantasmas que estaban más cerca.

–Ego sum qui sum–dijo.

Esto es, yo soy lo que soy, esa es la América Latina de los tiempos que transcurren. *

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