Repudio y movilización
Bush arriba a América Latina más debilitado que ningún otro presidente yanqui en toda la historia. Criticado desde el propio Congreso de EEUU por demócratas y republicanos a raíz de sus actitudes hacia un continente al que trata como el último orejón del tarro, aquí, en Uruguay y según la consultora Cifra, apenas 12% de la población aprueba sus políticas. Pero lo mismo ocurre en el resto de los países latinoamericanos. La hegemonía imperial se esfuma -no ya sólo entre los pueblos del «patio trasero»- y únicamente va quedando el expediente del dominio puro y duro, la desnuda apelación a la fuerza bruta y al asesinato de pueblos enteros, cuando no a los selectivos.
Este presidente que no puede siquiera lidiar con su propia pobreza, pretende -y algunos aún le creen (o hacen que le creen)-, venir a traernos soluciones a nosotros. Sépase que «la indigencia satura las calles de EEUU», que «unos 750.000 sin hogar saturan el servicio social». Este no es título de una información de la izquierda, sino del insospechado diario El País de Montevideo del 1 de febrero de 2007. Adiós al sueño americano para ellos y también para los 16 millones de estadounidenses que se encuentran en pobreza extrema, parte de los 37 millones de pobres, el punto más alto en 32 años, mientras varios millones más se asoman al abismo, al tiempo que se amplía la brecha entre ricos y pobres. El análisis de datos del Censo de 2005 revela que el número de estadounidenses severamente pobres ha crecido 26 por ciento entre 2000 y 2005 y que un tercio son menores de 17 años.
Todo está mezclado: pobreza, invasiones, mentiras y corrupción. Sí, porque la otra cara de estas cuestiones es una galopante corrupción. La misma le sigue como la sombra al cuerpo a las guerras e incluso a las catástrofes naturales, como en el caso del huracán Katrina y las cuestionadas operaciones de reconstrucción. Cada día nos trae una sorpresa. Cables de las agencias AP y EFE revelan, por ejemplo, que los programas de reconstrucción han dado más beneficios a las empresas contratadas al efecto que a la población que deberían auxiliar. Si hay dudas, preguntarle a la empresa Halliburton, del vicepresidente Cheney, sobre ese «sombrío panorama de despilfarro, fraude y frustración.».
Igualmente, el «mercado infinito» de los EEUU que nos han querido vender los partidarios del TLC, hace agua por los cuatro costados. Hasta el mismo gurú de los mercados, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, anunció su convencimiento de que EEUU entrará en recesión a fines de este año 2007. Pero si no bastaran las enormes burbujas especulativas y los fabulosos déficits para volvernos desconfiados de las perspectivas de la economía yanqui, ahora tenemos esta debacle en curso de las bolsas mundiales, con la puesta al desnudo de las más desenfrenadas maniobras especulativas y la huida hacia valores que estiman más seguros, dejando una estela de pérdidas en los países dependientes que les permitieron la entrada sin ninguna traba o salvaguarda.
Pero a no descuidarnos. Bush viene con algunas zanahorias. Todavía pretende engatusarnos, o sea, que vendamos nuestra solidaridad continental por un plato de lentejas, como Esaú. Así, Bush anunció hace pocos días un plan de asistencia económica para América Latina. En su gira por cinco países de la región explorará si puede meter alguna cuña entre buenos y malos en la izquierda latinoamericana. A través de acuerdos separados con algunos de los gobiernos, el objetivo es separarnos de cualquier alianza y colaboración potencial con Chávez, Morales, Correa o la Cuba de Fidel. Pero incluso, y si puede, separarnos de Brasil y Argentina, ubicándonos como cabeza de playa o caballo de Troya en el Mercosur, para su debilitamiento y/o destrucción posterior. Viejísima táctica imperial, la del divide y reinarás, receta que nos aplicaron desde las mismas luchas por la independencia aunque no sin apoyos internos, logrando a la postre- la derrota de todos nuestros libertadores (que jamás entendieron su lucha ajena al objetivo de la patria grande latinoamericana).
Entonces, por un lado están los que vienen de buenitos, con zanahorias, pero también están los que hacen de malos, duros e intervencionistas como Negroponte, actual secretario de Estado adjunto, un hombre que en los años 80 ayudó a orquestar la guerra de los «contras» en Nicaragua. No nos engañemos, el verdadero modelo de presidente de los yanquis es alguien como el fraudulento presidente de México, Calderón, un apologista del neoliberalismo, alguien que hace y dice todo lo que la Casa Blanca quiere que haga o diga. Y estos elementos fascistizantes siguen con conspiraciones, con apoyos a los gusanos anticubanos, con ayudas a los contras en Venezuela, sin descartar un golpe o un magnicidio en cuanto Chávez o algún otro presidente en el index se descuiden.
Y esto nos conduce a reflexionar sobre las políticas de dominio descarnado de EEUU, las políticas militares y guerreristas. Al respecto, merece nuestra atención tanto lo establecido como doctrina hasta su despliegue concreto en América Latina. «Somos una fuerza militar sin paralelo, tenemos el derecho de actuar en todo el mundo para imponer la economía de mercado y garantizar la seguridad energética y podemos atacar a quien consideremos una amenaza o a cualquier país que pueda convertirse en una competencia militar». Esta frase es la síntesis más precisa de los puntos básicos del documento «Estrategia de Seguridad de Estados Unidos (ESEU)», firmado el 17 de setiembre de 2002 por el propio Bush. *
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