Una casa, un barrio, una ciudad, un país
Nunca pensamos en los detalles de construcción de una vivienda y es entonces que aparecen quienes han sido y siguen siendo los auténticos creadores de sus formas, es decir los arquitectos o tal vez los ingenieros, ocasionalmente algún constructor, pero el análisis de las formas requiere el despliegue que cada barrio fue evidenciando en su zona.
Montevideo cuenta con barrios muy peculiares que se fueron desarrollando a lo largo del tiempo. Actualmente renació la preocupación por atender a la Ciudad Vieja, tratando de mantener su imprescindible entorno, la estructura de una zona que si bien no tiene reliquias históricas, cuenta con fachadas, puertas, rejas, llamadores, azulejos, baldosas, que aún se mantienen vivos y sostienen un recuerdo colectivo, como un lazo privilegiado que aplica una mezcla de amor y cariño para la comunidad uruguaya.
Transitando a lo largo del tiempo, vimos cómo la dictadura demolió febrilmente inmuebles que fueron considerados monumentos históricos, que desde 1724, cuando Don Bruno Mauricio armó a la Ciudadela, o la Colonia y luego la joven vida republicana, cuando desde los miradores y azoteas se permitía mirar la bahía y sus barcos, lo que congregó a inmigrantes que construían fachadas y balcones o cornisas de la más variada costumbre europea. Un 12% de la Ciudad Vieja se convirtió en vergonzosos agujeros. Por fortuna en 1980 un grupo de arquitectos y estudiantes prepararon un audiovisual para presentar en un Congreso en Buenos Aires. Ese trabajo, llamado «Una ciudad sin memoria», tuvo increíble resonancia, proyectándose arriesgadamente en la Alianza Francesa, mostrando al público cómo se desgarró esa querida zona, que con imperdonables heridas, escombros, yuyos, restos de azulejos y basurales, confirmaban que la piqueta fatal dictatorial destruyó un símbolo del Uruguay.
En 1981 se detuvieron las demoliciones y los permisos de construcción, y una designada provisoriamente Comisión Especial estudió una nueva normativa en la cual participaron la Sociedad de Arquitectos, el Grupo de Estudios Urbanos y la Comisión del Patrimonio. Luego, a fines de 1982, al crearse la Comisión Especial Permanente de la Ciudad Vieja, se logra un control más cercano sobre la zona.
Luego en 1985 se hace un nuevo audiovisual llamado ahora «A quién la importa la Ciudad», que hizo reflexionar sobre los valores arquitectónicos y, entre la Intendencia Municipal de Montevideo y la Sociedad de Arquitectos, se concreta un plan de relevamiento, casa por casa, en el que participaron más de 60 arquitectos que establecieron un grado de valor de 0 a 4 por cada construcción.
Al pasar el tiempo, la Ciudad Vieja fue mejorando, surge el Paseo de la Matriz en la calle Juan Carlos Gómez que, por iniciativa privada, concreta un estupendo reciclaje que contrasta con la desubicada mole del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, que construyó la dictadura justo frente al recuperado local comercial.
La Comisión Permanente de la Ciudad Vieja se ubicó en la antigua casa del arquitecto Tomás Toribio, en la calle Piedras 528, una maravilla que funciona desde el siglo pasado y que se desarrolla en un terreno con 10 veces más de profundidad que de frente y que contó con el arquitecto Juan A. Crispo, hombre fundamental para encarar una labor que enfrentó infinidad de problemas, que debían solucionarse prácticamente sin medios económicos. Y así se atendieron inquietudes necesarias para el funcionamiento del Mercado del Puerto, luego creando el Paseo de la Matriz, reordenando el Mercado Central o el tremendo drama habitacional que representan las pensiones de la zona.
Actualmente se trabaja intensamente en la rehabilitación de viviendas que pueden ser habitadas, en conjunto con el Ministerio de Vivienda y el Banco Hipotecario, demostrando que los profesionales pretenden recuperar de una vez por todas una zona tan emblemática para Montevideo. *
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