Ante la visita de George W. Bush
Hoy llega el presidente de los Estados Unidos, un país con el cual Uruguay tiene buenas relaciones y aspira a mejorar las comerciales. Que sea bienvenido el presidente de ese país.
Pero no es pecar de hipocresía, de tener un doble discurso decir que George W. Bush, el actual mandatario estadounidense, es la cabeza de una camarilla agresora que colocó al mundo bajo la amenaza del terror y de la guerra preventiva con el pretexto de combatir al «terrorismo», provocando decenas de miles de muertes, incluyendo a miles de norteamericanos, al ocupar y destruir Afganistán e Irak, amenazando ahora con hacer lo mismo con Irán, siempre con el mismo pretexto: la supuesta existencia de armas de destrucción masiva, falacia de la «inteligencia» que no pudo ser sostenida en el tiempo y hoy aparece como una mentira histórica.
Debemos reconocer también que en materia de relaciones comerciales Uruguay ha tenido un trato preferencial por parte del país del norte. Es nuestro principal comprador de carne, con una importante cuota que luego de las negociaciones que se realizarán en esta visita, se podrían ampliar. También se habla de otros rubros, como los arándanos, que podrían comenzar a exportarse también con ese destino y de una negociación que iniciaría nuestro gobierno para tratar de interesar al país del norte en la compra de textiles, dándole una solución a una industria con dificultades que nadie desconoce.
Pese a las enormes diferencias de porte, el gobierno uruguayo busca en esta visita de Bush, la negociación de salidas a una situación negativa que vive el país por deficiencias que se verifican en el marco del Mercosur. Recordemos que nuestro país en su comercio con los países mayores del acuerdo regional tiene un déficit comercial de alrededor de mil millones de dólares, una posición negativa que tiende a acentuarse porque las importaciones siguen creciendo como consecuencia de la mayor demanda interna.
Sin embargo y pese a los reiterados planteos realizados, Brasil y especialmente Argentina se encuentran en una posición rígida que, según las apariencias, mantendría estancada la asimétrica situación dentro del marco regional, por lo cual se hace necesaria la ampliación de los mercados existentes y la apertura de otros, para sortear la actual realidad negativa de la balanza comercial. Nuestro país no puede seguir comprando por más dinero que el ingresado por sus ventas al exterior.
Entonces, la batalla hay que darla en dos planos. Uno de ellos es el propio Mercosur, para tratar de encontrar los caminos de entendimiento para que exista real reciprocidad entre los países grandes y pequeños, acompasándose el ingreso de bienes con la salida de otros, de producción nacional, que equilibren la balanza.
¿Está mal que nuestro gobierno trate de buscar soluciones explotando una relación de amistad con la principal potencia del mundo que además es un calificado socio comercial? ¿Qué principios internacionalistas está mancillando nuestro gobierno en esta negociación?
Quienes cuestionan al gobierno por llevar adelante esa política, sin duda, están obnubilados por un nihilismo sin destino que olvida las necesidades perentorias de la gente y en qué elementos se debe basar el desarrollo del país.
En esa gente reapareció la que hemos calificado en otras ocasiones, como «la máquina de impedir», el oponerse a todo, sembrando el odio aunque, en los hechos, quedará demostrado que políticamente nada representan.
Otra cosa muy distinta es manifestar, como debe ocurrir en democracia, contra la presencia del artífice de toda una política militarista y agresiva, que ha bañado a varias regiones del mundo con la sangre de la guerra.
Haciéndole sentir al representante de «los halcones» de Washington cuál es el sentimiento de los uruguayos, un pueblo que quiere la paz reafirmando la democracia y, dentro de ella, la necesaria autodeterminación de los pueblos. *
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