Mensaje presidencial: derecho a la sonrisa
Me impactó la anécdota del Presidente referida a una uruguaya que no tenía prácticamente dientes y por tanto no podía reír. El Plan de Emergencia le otorgó las prótesis que necesitaba y recuperó una enorme sonrisa blanca en su boca. Sólo por esto vale la pena llevar adelante estas políticas sociales, agregó Tabaré Vázquez.
Mi memoria me llevó a la noche del 31 de octubre de 2002 en la rambla de Río de Janeiro.
Festejábamos el triunfo de Lula. Allí me enteré que una mujer había vendido el bono que las autoridades le habían entregado para paliar su grave situación de hambre e indigencia. Se le preguntó qué había hecho con el dinero, contestando: «Me compré una dentadura. Quería recuperar el derecho a la sonrisa.» Si tendrá razón el presidente cuando expresa que sólo por esto vale la pena llevar adelante políticas sociales.
Abundan ejemplos de personas enfrentadas a dramáticas situaciones de pobreza, desesperanza, desarraigo y exclusión social, que realizan en la vida diaria, en cada minuto, en cada situación concreta al borde de la tragedia, sus opciones de supervivencia, cuando pueden.
No hay que pedirle nada a la imaginación. Basta con ver la realidad que nos rodea. ¿Quién tiene derecho a sentenciar acerca de ello?
«Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal y no sólo su expresión literaria la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca. Que no es de papel y a la cual poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida.
Este es, amigo el nudo y tamaño de nuestra soledad». Palabras de García Márquez cuando le otorgaron el Premio Nobel en 1982. ¡Qué admirable síntesis!
Una vez más, recuerdo aquella idea repetida años atrás, «gano más recogiendo basura que con los trabajos que me ofrecen». De ahí la importancia del convenio que firmaron en diciembre de 2006 el Ministerio de Educación y Cultura y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, acerca de la trascendencia del trabajo decente como elemento central y dignificante en cualquier sociedad.
Existiendo los abominables defensores del neoliberalismo, «tecnócratas cortesanos del poder», sistema que originó terribles consecuencias que todavía soportamos, que sembraron la desconfianza, desilusión y resignación como valores sociales para la mejor defensa de sus antipopulares intereses, estos ejemplos aleccionantes deben rescatarse.
Todos quienes trabajamos en estos temas, empresarios, trabajadores y gobierno, estamos obligados a emprender acciones comunes. Hay que armar propuestas de fondo que sirvan a los auténticos intereses del país y que no arrimen agua al molino de los especuladores, que los hay y muchos, para quienes la mejor sociedad es la que no existe, colectivamente hablando, dando rienda suelta a sus intereses individuales y corporativos.
Tengo claro que el derecho a soñar, a la utopía, la muy esquiva, que nos indigna, ya que cuando creemos tenerla en nuestras manos se nos escapa, reconozcamos que sin embargo es la que más nos ayuda a caminar, por lo cual sigue intacta, insumisa pero a nuestro alcance.
Rescatamos del mensaje presidencial la tantas veces repetida frase «Vamos bien ¿qué podríamos ir mejor? Sí. Pero, ¿quién está en condiciones de demostrarlo?» Entre todos lo vamos a hacer, fue la frase final del Presidente. *
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