Ahorro de energía, obsesión necesaria

El pasado 20 de febrero el gobierno venezolano llevaba sustituidas 31 millones de bombitas incandescentes por bombitas de bajo consumo, en lo que se denominó Revolución energética y que comenzó el 17 de noviembre del pasado año. Tres mil trescientos brigadistas han visitado 3.203.024 viviendas para colocar bombitas de luz blanca, que reducen en alrededor de 80 por ciento el gasto de energía. El objetivo es alcanzar los 52 millones. Es importante aclarar que se trata de una sustitución gratuita para los consumidores: jóvenes contratados por el gobierno visitan las casas, explican las ventajas, comprueban las necesidades y sustituyen las lámparas.

Se trata de una política medioambiental que comenzó Cuba hace dos años y que también se aplicará en Nicaragua, donde se distribuirán 1,7 millones de bombitas de poca potencia para paliar la crisis energética que padece el país; bombitas que serán importadas de Venezuela por parte del país centroamericano. El objetivo nicaragüense es sustituir todas las bombitas del país en el plazo más corto posible.

Según los expertos, estas medidas no sólo ayudan a disminuir los costes energéticos de los países sino que colaboran de forma importante en la disminución del calentamiento global.

Resulta peculiar que sean países humildes del tercer mundo los que hayan mostrado mayor sensibilidad medioambiental. Obsérvese también que son los países que, según Estados Unidos, desestabilizan la región y rozan el totalitarismo: Cuba, Venezuela y Nicaragua.

En cambio, las únicas regiones en el mundo desarrollado que han abordado iniciativas similares van con mucho más retraso. El gobierno australiano ha expresado su intención de abordar la sustitución de bombitas en 2010 y tampoco ha confirmado que el coste vaya a ser asumido por el Estado; simplemente se ha asegurado de que las bombitas clásicas dejarían de venderse y fabricarse paulatinamente. Por su parte, en el estado de California, Estados Unidos, el Parlamento estudia una normativa para prohibir las bombitas incandescentes en un plazo de cinco años.

Mientras en Estados Unidos ignoran las medidas medioambientales o se abordan mediante prohibiciones, en países como Venezuela, Cuba y Nicaragua el Estado va por las casas y cambia gratuitamente el sistema de iluminación.

Quizás UTE o el Ministerio de Industrias, Energía y Minería, debieran tener en cuenta estas políticas de reducción del consumo de energía que llevadas adelante con decisión y masividad podrían reducir de manera importante el peso del consumo y hacer más accesible la difícil ecuación que tiene que resolver el ente energético. No sólo se trata de buscar, como es necesario hacerlo, nuevos mecanismos de producción, sino también lograr por medios sencillos, como el que se aplica en los países citados, una significativa reducción en el consumo. *

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