Politiquería en torno a dramático hecho policial

La sociedad sigue conmocionada por el triste episodio ocurrido en Piriápolis en enero. El trágico desenlace que tuvo la desaparición (o el secuestro) de una joven a la salida de un lugar nocturno, con la aparición del cadáver, enluteció a una familia y a una comarca, produjo la congoja generalizada de la población y generó la alarma entre padres y madres de adolescentes.

Como ya ha sido señalado reiteradamente, la cobertura informativa del infortunado suceso ­realizada fundamentalmente por los medios audiovisuales­ se transformó en un show mediático inescrupuloso que tuvo por efecto la magnificación de la tragedia y la invasión de la privacidad de una familia. La gente pareció olvidar que casos como el de Natalia suceden con relativa frecuencia en medios socioculturales más bajos y no merecen la atención ni el despliegue que los medios brindaron en esta ocasión.

Pero en fin, no obstante esta circunstancia, el hecho desnuda una realidad dolorosa que debe hacernos reflexionar a todos acerca de las características de la juventud, de los peligros que la acechan en este mundo globalizado y de la falta de horizontes que la sociedad actual ofrece a los jóvenes.

Ahora bien, la desaparición y posterior muerte de Natalia Martínez (en circunstancias no aclaradas aún y que la Policía investiga) ha sido explotada con fines espurios por cierta prensa y por algunos actores políticos de la oposición. Se ha pretendido confundir a la opinión pública vinculando el suceso con la sensación de inseguridad que percibe la población y que la derecha magnifica tratando de obtener réditos políticos. Es así que vuelven a arremeter contra el ministro José Díaz ­uno de los blancos predilectos de la oposición­ mezclando el hecho con los robos, asaltos y rapiñas ocurridos en Punta del Este. Nuevamente la jefa de Policía de Maldonado es cuestionada por la supuesta inoperancia policial en la dilucidación del caso, en la prevención de otros delitos y en la ineficiencia represiva de los funcionarios policiales.

Con un empeño digno de mejor causa, «El País» vuelve a editorializar sobre la indefensión que padecen los veraneantes y turistas (sobre todo los extranjeros) en los balnearios de la costa de Maldonado. Claman por mayor presencia policial pero también por resolver el problema de los barrios marginales y asentamientos próximos a los coquetos barrios esteños. Habría que preguntarse si pretenden cercar Punta del Este, amurallarla como una ciudad medieval de modo de impedir el acceso de gentes desarrapadas que no sólo son potenciales delincuentes sino que, además, afean el paisaje humano donde sólo tiene cabida la gente linda.

La derecha, tan alarmada por la delincuencia, olvida que, entre otras razones, el fenómeno se debe a la pauperización de vastos sectores sociales víctimas de una política económica que destruyó el aparato productivo, cerró industrias y llevó a la marginación. El crecimiento exponencial de cantegriles y asentamientos irregulares es una muestra elocuente de la ruptura del entramado social y del fenómeno de la exclusión. La clase conservadora exige mayor rigor punitivo, más cárceles, más años de reclusión, sin advertir que tales medidas no son sino paliativos a un mal de raíces mucho más profundas y que por tanto es inmune a la terapéutica sugerida.

Paralelamente a una mayor vigilancia policial (algo razonable pues propende a priorizar la tarea preventiva), es preciso mejorar las condiciones de reclusión de modo tal que las cárceles cumplan a cabalidad la función que les asigna el artículo 26 de la Constitución. Asimismo, desde el Mides y con la colaboración de organizaciones sociales, se deberá desplegar una gran tarea de inclusión para reinsertar en la sociedad y en el mercado laboral a todos los excluidos.

Será sin dudas un proceso lento que insumirá muchos años. Eso tiene que entenderlo la población y no dejarse llevar por esa prédica incesante y machacona de la derecha y sus medios. Y sobre todo, no dejarse confundir y saber ubicar los fenómenos en su debido ámbito y en su justa dimensión. Por ejemplo, debe comprender que el caso de Piriápolis tiene otras características y responde a otras causas muy diferentes de las que están detrás de los delitos contra la propiedad, aunque todos tengan en común el rasgo violento. *

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