Insólita agresión
¿A qué se debe la acción del gobierno argentino tratando de lesionar a Uruguay ante los organismos financieros mundiales? Dilucidar el asunto es de real importancia, porque la estrategia futura del país tiene que estar vinculada a esa nueva realidad que explica tangencialmente también la política del gobierno del presidente, Néstor Kirchner, en torno a los piquetes que bloquean los accesos por tierra a nuestro país.
La nueva acción de la Argentina está vinculada a una estrategia global destinada a torpedear a Uruguay, su pequeño vecino, que en el pasado solamente tenía una acción económica complementaria en la región y ahora ha pasado a ser un competidor serio en la captación de la inversión externa directa. ¿Cómo aceptar que el «enano llorón», calificación endilgada a Uruguay por los países mayores del Mercosur, pase a ser un competidor en los mercados mundiales de capital en un pie de igualdad con los países mayores?
Además, particularmente para el gobierno de Kirchner, como digerir que Tabaré Vázquez sea apuntalado en su gestión por el presidente de Brasil, Inácio Lula Da Silva, que llega mañana a Uruguay, con un portafolio lleno de propuestas, buenas intenciones y un afán de solucionar las controversias con nuestro país, sumado ello a que una semana después, también visita al país el presidente de la mayor potencial, mundial, George W. Bush que, en Montevideo firmará seguramente algunos acuerdos que pondrán nuevamente al país en el centro de la atención de los inversores existiendo la posibilidad que el propio gobierno de EEUU amplíe el cupo para permitir la exportación uruguaya de textiles y cítricos.
La denuncia hecha a instancia de la ministra de Economía, Felisa Miceli, tiene el claro objetivo de torpedear el prestigio de nuestro país en los mercados financieros especialmente se dice ante la inminencia de la nueva colocación de una millonaria serie de bonos que, seguramente con las emisiones anteriores, se venderían como «pan caliente»
Nuevamente y no porque sea más agresiva que otros miembros del Ejecutivo de su país, la ministra de Economía y Desarrollo argentina Felicia Miceli ha generado un hecho grave. ¿Se puede denominar de otra manera esas operaciones que intentan dañar el prestigio y abortar las operaciones financieras de un país con el nivel de deuda pública que aún tiene Uruguay luego de haber honrado todos sus compromisos?
Lo malo es que Miceli tiene la boca demasiado floja y no tiene en cuenta que Uruguay está terminando con la permisiva legislación que permitía la implantación de las Safis, que caducarán a partir del 2008. Organizaciones creadas para actuar como captadoras de capitales en los países limítrofes y que le servían, además de a quienes escapaban de las legislaciones tributarias, a quienes realizaban operaciones de lavado de activos provenientes de distintas vertientes. Estas SAFIS prácticamente no le servían para nada a Uruguay, puesto que ni siquiera aportaban al fisco de manera acorde al volumen de sus negocios, que no era posible detectar. Lo hacía, de acuerdo a lo establecido, en un 3 por mil de su capital, lo que era imposible de medir, porque se encontraban en el exterior.
Con la asunción del gobierno progresista la sentencia de muerte de las SAFIS estuvo dada y el proceso para su liquidación se hizo palpable. Sin embargo a Miceli, que no debe leer ni siquiera la prensa diaria, impulsó la insólita acción contra el país
Estas acusaciones infundadas están animadas en una lógica malsana y, aceptémoslo o no, tiene su impacto en los mercados que daña, o lo intenta, esa diferenciación natural con la cual Uruguay, a diferencia de sus vecinos, está logrando consolidar saldos netos positivos. Eso importa y compensa en el juego regional los abultados saldos negativos del comercio exterior que Uruguay padece en la región.
Naturalmente, la confrontación con Argentina no se arregla con soluciones ambientales o adhesiones solidarias a los pactos comerciales que tiene ese país con Brasil. Argentina pretende que aquí se claudique en esa diferenciación con la cual Uruguay procesa su modernización desde una apertura audaz al mundo.
Y volver atrás en ese camino es imposible. *
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