Seguridad Social: condiciones para el debate

Aquel día del mes de abril de 1992 ingresamos a la sala de actos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, José D’Elía, el entrañable Pepe y yo, como representantes del PIT-CNT. El ministro Carlos Cat nos dio la cordial bienvenida. Sólo me divisó a mí, y a medias, detrás de una columna, lo que le llevó a agregar: «Lástima que la columna nos separa». Fue cuando se sintió el vozarrón del Pepe: «¡Mucho más que una columna nos separa, señor ministro»! De inmediato vino el abrazo entre ambos.

Se analizaba una posible reforma a la Seguridad Social, instancia de la que habían sido excluidos los empresarios y trabajadores, lo que motivó que el Frente Amplio planteara la necesidad de convocarlos, siendo ello aceptado. Hacia fines de ese año se sancionó la reforma, luego anulada por el plebiscito de 1994.

Así era el Pepe. Igual comportamiento tuvo en los tiempos inmediatamente previos a la dictadura, cuando más allá de las evidentes discrepancias, se reunía con Héctor Rodríguez, Jorge Sapelli, Aquiles Lanza, Maneco Flores Mora o Alba Roballo, tratando de evitar lo que a esa altura era inevitable: los bárbaros ya no retrocederían.

En 1996 se discutía en el Victoria Plaza otra reforma que culminaría con la ley conocida como de las AFAP. Se origina una fortísima discusión entre uno de los delegados del gobierno, Dr. Solari, y quienes representábamos al Frente Amplio: el Dr. Hugo de los Campos, figura relevante en el tema, y yo. Me retrotraje tres años atrás, cuando en tránsito por Miami hacia México, se demora el vuelo, y por carecer de visa me separan junto a mi esposa del resto de los pasajeros, a los que habían ubicado en otro vuelo. Ante la preocupación por la inseguridad de nuestro retorno, apareció Solari, a quien no conocía, presentando enérgicamente su pasaporte oficial y expresando a viva voz: son ciudadanos uruguayos y viajan junto a los demás. Así sucedió. Le recordé el episodio en medio de la discusión. Se paró y vino el perdón y el abrazo. Y conste: tuve, tengo y tendré radicales discrepancias con Cat y Solari.

Ambos episodios reflejan algo muy uruguayo: discrepancias y calenturas no impiden el diálogo político social. Aquel ejemplo, ya mencionado en nota anterior, de Maneco Flores Mora visitando asiduamente a su rival Ferreira Aldunate, siendo recibido por un perro ladrador al que el dirigente colorado, antes del abrazo con Wilson, le gritaba: ¡salí de aquí perro blanco, asqueroso!, es otro a mencionar.

El debate sobre Seguridad Social planteará discrepancias, calenturas, etc. Pero con convicción creemos que involucrará a toda la sociedad. Así fue en 1989 cuando la ciudadanía decidió, plebiscito mediante, el tema del reajuste de las pasividades. Lo mismo sucedió en 1994 cuando se anuló la ley de Rendición de Cuentas, aquella que se discutió durante el Ministerio de Carlos Cat. En 1996, si bien hubo alguna participación del sector político en la discusión sobre la reforma, no sucedió lo mismo con los sectores sociales, los que prácticamente no opinaron.

En 2007, el Poder Ejecutivo siguiendo la línea de lo que pasó con Defensa, Educación, Salud y Reforma Tributaria, plantea un amplio debate político sobre Seguridad Social, con participación de la sociedad. El ministro Bonomi lo anunció en la Mesa Política, la que con buen criterio decidió prepararse para el mismo, nombrando una comisión que obviamente deberá coordinar con la Unidad Temática del Frente Amplio existente desde muchos años. Nada de soberbias ni de iluminismos. Se trata de recibir modestamente los aportes que la sociedad esté dispuesta a realizar. La democracia así lo exige. A prepararse entonces. *

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