La derecha a la reconquista del gobierno
El doctor Jorge Batlle sigue en la estación Carnelli; y todavía no se ha puesto de pie para bajar en Central.
Lejos de alejarse de la política, el viejo caudillo colorado no pierde ocasión para opinar, expresar sus puntos de vista siempre polémicos y generar hechos políticos a pesar de su aparente apartamiento de la vida pública.
Nada hay de sorprendente en ello si tenemos en cuenta que se trata de un político de raza, de ilustres antecedentes familiares, perteneciente a una estirpe de hombres que dejaron su impronta indeleble en el Estado y en el ser uruguayo.
Recientemente, el ex presidente fue entrevistado por una emisora radial de Maldonado. Según da cuenta El Observador, el doctor Batlle no es partidario de formar un frente común de blancos y colorados como alternativa a la izquierda, pero sí considera que ambas colectividades tradicionales deben unirse tras un programa básico común que, en caso de balotaje, permita al candidato conservador más votado recibir el apoyo electoral del otro partido histórico, como ocurrió en 1999. Según el dirigente, es preciso que la población tenga la certeza de que «sea quien sea el partido tradicional y el candidato que gane la elección, en caso de que así sea, va a tener el respaldo irrestricto del otro».
Lo interesante del asunto es precisamente ver cuáles son, a juicio del doctor Batlle, los cinco puntos fundamentales de que constaría ese programa común. «1) Insertar definitivamente al Uruguay en el mundo. 2) Eliminar la ley tributaria para desgravar a quienes trabajan. 3) Reforzar la seguridad interna. 4) Aplicar una política que modernice la educación. 5) Resolver el problema de la energía».
Resulta curioso e inexplicable que, después de dos decenios en que ambos partidos históricos ejercieron el gobierno por mandato popular y contaron, entre ambos, con mayorías en el Parlamento, no hayan sido capaces de resolver ninguno de los cinco puntos que inquietan al doctor Batlle. Tres administraciones coloradas (dos de Sanguinetti y una de Batlle) y una nacionalista, en las que ambos partidos cogobernaron y lo reiteramos contaron con las mayorías necesarias, no lograron (¿no supieron, no quisieron?) insertar al país en el mundo, ni adecuar el sistema tributario, ni combatir la inseguridad, ni modernizar la educación, ni resolver el problema de la energía.
La gobernabilidad, el cogobierno y la coalición no fueron suficientes para echar a andar al país, mejorar la calidad de vida de su gente y evitar la marginación, el subempleo y la delincuencia.
Con tales antecedentes, la propuesta conservadora del doctor Batlle resulta poco creíble. No porque no sean ésas sus verdaderas intenciones y sus anhelos más caros, sino porque es legítimo preguntarse por la idoneidad de los partidos conservadores para resolver los problemas que aquejan al país. *
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